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Cada vez más cerca del último salmón asturiano: los expertos alertan de que la población del rey del río está "colapsada"

"El pez está en crisis desde la temporada 2020/2021", asegura Alfredo Ojanguren, biólogo de la Universidad de Oviedo, sobre la falta de ejemplares, que está acabando con la tradición pescadora en Asturias

El Principado, que aplica ya medidas restrictivas, no descarta vedar la especie

En la foto superior, un pescador, a la altura del puente de Láneo (Salas). A la derecha, arriba, Antonio Mediante pescando en el coto La Volta, del Eo. Debajo, Pablo  Pedregal en el Narcea. |  Miki López / T. C. / S. A.

En la foto superior, un pescador, a la altura del puente de Láneo (Salas). A la derecha, arriba, Antonio Mediante pescando en el coto La Volta, del Eo. Debajo, Pablo Pedregal en el Narcea. | Miki López / T. C. / S. A.

M. T. Nicieza

En tiempos en los que lograr unanimidad parece una hazaña, hay un asunto que en Asturias pone a todo el mundo de acuerdo: el salmón está en crisis. Es un hecho. Hay un dato inconsteable: cada vez llegan menos ejemplares a los ríos de la región. Lo que durante generaciones fue en Asturias más un ritual que una captura —la del campanu, el primer salmón de la temporada— es hoy un mar de dudas.

No es una percepción. Es un diagnóstico técnico. "La población ha colapsado, eso es innegable", afirma el biólogo Alfredo Ojanguren, profesor titular del Departamento de Biología de Organismos y Sistemas del área de Zoología de la Universidad de Oviedo y además aficionado a la pesca del salmón por vinculación familiar. "El salmón está en crisis desde la temporada 20/21. Se considera que una especie está en colapso cuando se pesca menos del diez por ciento de su máximo, y esa cifra es de 7.000 salmones. Estamos muy por debajo de ese umbral", asegura. En conjunto, la situación es límite. "En los últimos treinta años, en España, el salmón se extinguió en la mitad de los ríos. E, históricamente, ha desaparecido en torno al 70 por ciento de su área de presencia". Y no hay visos de que el panorama mejore. El salmón atlántico que se pesca en Asturias depende de un equilibrio extremadamente delicado. Nace en el río, crece, migra al mar durante años y regresa para reproducirse. Es justo en ese último momento cuando se pesca.

"Se capturan los ejemplares que han conseguido completar todo el ciclo", explica Ojanguren. "Cada salmón que se pesca es uno que está a punto de reproducirse. La pesca es especialmente dañina para la especie, porque corta directamente la posibilidad de reproducción", destaca.

Por qué están desapareciendo

La gran pregunta es qué está pasando para que, tras generaciones de abundancia, los salmones estén desapareciendo. Es ahí donde emergen diferencias en el diagnóstico. Ojanguren habla con los datos sobre la mesa: "Tenemos una concatenación de factores. Por un lado, la fragmentación de los ríos por presas, que limita el movimiento. Por otro, la contaminación, que provoca daños. Y, por último, un factor esencial: el cambio climático".

Cada vez más cerca del último salmón asturiano

Cada vez más cerca del último salmón asturiano

Esta explicación requiere un apunte geográfico. Para los salmones, el límite sur es el mar Cantábrico, y según los estudios la temperatura de este mar marca el límite de tolerancia de la especie. "Si el agua sube de temperatura, que es lo que está ocurriendo, las condiciones para la reproducción empeoran", señala. El biólogo apunta además a otras prácticas. "En Asturias, las repoblaciones se han hecho sin control científico suficiente. Es posible que, con la mejor intención, estén perjudicando a la población".

Parte del problema puede estar lejos de Asturias. Un estudio publicado en la revista Nature señala que los salmones dependen de zonas muy concretas del Atlántico para alimentarse. El calentamiento del océano está desplazando esas áreas hacia el norte, lo que obliga a los ejemplares del sur a recorrer mayores distancias y reduce sus probabilidades de supervivencia. Las poblaciones más meridionales, como las del Cantábrico, serían las más afectadas.

¿Hay que dejar de pescar?

Ante este panorama surge otra gran pregunta: qué hacer para evitar la desaparición del salmón. Ojanguren es claro: "Entiendo las ganas de pescar, pero es inviable seguir haciéndolo con los datos en la mano. Debería dejarse de hacerlo".

Desde asociaciones ambientales como Saxífraga ya se ha solicitado al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico la inclusión del salmón atlántico (Salmo salar) en el Catálogo Español de Especies Amenazadas (CEEA) en la categoría "En peligro de extinción", lo que implicaría la prohibición de su pesca.

El Principado, que tiene las competencias, tampoco lo descarta. "Está claro que hay que adoptar medidas más restrictivas y no somos ajenos a los debates abiertos, pero de cara a la veda también habría que estudiar si es efectiva y si ha funcionado en otros territorios", asegura Marcos da Rocha, director general de Planificación Agraria. La Consejería de Medio Rural concedió esta temporada 3.793 licencias para la pesca del salmón en las cuencas fluviales habilitadas (Nalón-Narcea, Sella-Piloña, Cares-Deva, Esva y Eo). Todos los ríos tienen un cupo máximo permitido. El año pasado se registraron 130 capturas: fue la peor campaña de la historia.

Cada vez más cerca del último salmón asturiano

Cada vez más cerca del último salmón asturiano

Por ello, las condiciones son cada vez más restrictivas, pero no parece suficiente. La regulación vigente reduce en un 75% las capturas de salmón y las limita a un ejemplar con muerte por pescador y año, frente a los dos de 2025. Los estudios técnicos reflejan una disminución de salmones adultos, una mejora en el reclutamiento de juveniles, que mantiene una tendencia positiva, y una reducción significativa en las capturas, apuntan en la Consejería.

La normativa, además, reduce el cupo anual individual, que será de dos salmones, de los cuales solo uno podrá ser con muerte: podrán pescarse uno con muerte y otro sin muerte o dos sin muerte. Una vez alcanzado el cupo anual por río, los adjudicatarios de los cotos podrán seguir practicando únicamente capturas sin muerte. Esta práctica, la pesca sin muerte, no parece ninguna solución para los expertos. "Los salmones sufren daños y muchos acaban muriendo", apunta el biólogo Ojanguren. Las normas no acaban ahí. En esta temporada hay una hora menos de pesca cada jornada y el inicio de la misma se retrasó, debido a la entrada más tardía de los ejemplares. También hay mayor incidencia en los cotos. En el principal tramo salmonero del río Narcea, por ejemplo, se pescará únicamente en zonas protegidas a partir del 1 de junio. Las zonas vedadas se amplían y todas las áreas altas de los ríos quedarán cerradas a la pesca desde el 15 del mismo mes con el fin de crear refugios naturales para los salmones en su fase de remonte.

Voces del río

En el Narcea, el pescador Pablo Pedregal —vinculado a la sociedad "Las Mestas del Narcea"— admite el colapso. "Creo que hemos llegado a un límite. Es un cúmulo de factores: caudal, depredadores, presión humana…". Pedregal lleva más de una década practicando pesca sin muerte o donando capturas a proyectos de repoblación, y defiende un cambio de enfoque: "No deberíamos matar salmones si entran pocos. Es darle la puntilla a los que quedan. No quiero ser el que pesque el último salmón en Asturias", cuenta.

También en cuencas occidentales, el ribereño Antonio Martínez señala cambios visibles en el río. Apunta al aumento del cormorán como "denominador común" en las últimas décadas, pero también a la degradación del medio. "Los fertilizantes, los sulfatos… todo eso acaba en el río. Los salmones necesitan mucho oxígeno". A ello suma la subida de temperatura y la caída del caudal: "El agua está más caliente y hay menos nivel. Eso lo vemos todos los días".

En el Eo, en San Tirso de Abres, el joven pescador Antonio Mediante ha vivido directamente el cambio generacional del río. Empezó de niño y apenas ha conocido épocas de abundancia. "Cuando empecé a defenderme en la pesca, llegaron los malos tiempos", resume. Recuerda temporadas recientes sin capturas en el lado asturiano y señala nuevos factores, como la presencia de lubinas tras la eliminación de azudes. "Se comen las crías", advierte. También critica la falta de mantenimiento: "Las orillas están cerradas; antes se limpiaban".

En el Sella, en la zona de Cangas de Onís, el diagnóstico es más pesimista. Guillermo Rodríguez considera que la situación es irreversible: "Ya no hay solución, es tarde". Critica que las medidas se centren en prohibiciones a los pescadores mientras no se abordan otros problemas como "la pesca en el mar, las especies invasoras o el calentamiento del agua".

En el mismo río, Manuel Granda, con cuatro décadas de experiencia, coincide en la gravedad del momento: "Hace años que hay muy pocos salmones". Señala el aumento de depredadores y la presión sobre los alevines: "Antes había alguna nutria; ahora hay muchas especies que no dejan crecer a los peces". Pepe Vallejo, presidente del club de pesca La Socala (Valdés), da otro diagnóstico: "Salmones se ven, pero se capturan muy pocos. Es la pescadilla que se muerde la cola: hay pocos peces, vienen menos pescadores y se pescan menos. Antes venían de toda España; ahora, al no haber salmón, han dejado de venir". Todos están de acuerdo en algo: el salmón está en crisis. Y a la vez que la especie, su pesca.

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