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Sheila Guitián, la maestra asturiana que acabó siendo camionera: "Hago 150.000 kilómetros al año, son muchas horas y con dos hijos es duro"

“Una vez una chica me aplaudió cuando bajé del camión; me quedé un poco desconcertada, porque para mí es un trabajo normal”, cuenta la ovetense, de 47 años, que lleva casi la mitad de su vida en la carretera

"Lo que me gusta es la independencia que tienes, vas a tu aire, conduciendo", cuenta la mujer, que se sacó el carné para acompañar a su marido en rutas de larga distancia

Sheila Guitián junto a su camión

Sheila Guitián junto a su camión / Adrián Doncel

Adrián Doncel

Sheila Guitián (Oviedo, 47 años) lleva más de dos décadas al volante de un camión, un oficio al que llegó para ayudar a su marido y en el que ha acabado construyendo su vida. Lo que empezó como una forma de acompañar a su marido en viajes muy largos terminó convirtiéndose en su profesión, marcada por jornadas de hasta quince horas y miles de kilómetros al año. "Lo que más me gusta es que voy a mi aire, en la cabina, sin estar cara al público", explica. Aunque reconoce que el trabajo también tiene un coste personal: "Son muchas horas y eso se nota mucho en la familia".

La transportista ovetense estudió Educación Primaria, pero su trayectoria dio un giro a los 24 años, cuando decidió sacarse el carné de camión para acompañar a su marido en rutas de larga distancia. "Al principio iba con él para ayudarle en los viajes", recuerda. La situación cambió cuando su marido enfermó y tuvo que asumir ella sola la conducción. Con el tiempo, y tras su recuperación, ambos decidieron ampliar el negocio familiar y adquirieron un segundo camión, pasando a trabajar de forma independiente como autónomos.

Madre de dos hijos

A lo largo de estos años, Sheila Guitián ha recorrido unos 150.000 kilómetros anuales, con jornadas que oscilan entre las 12 y las 15 horas. "Es un trabajo exigente, sobre todo cuando tienes familia", explica. Madre de dos hijos, recuerda con claridad la etapa en la que eran pequeños: "Tenía que apoyarme en mi familia. Mi hermano se quedaba con ellos muchas veces porque yo no podía".

Pese a las dificultades, hay algo que sigue haciendo que merezca la pena. "Me gusta la independencia que tienes. Vas a tu aire, conduciendo, sin tener que tratar con gente", señala. Una forma de trabajar que contrasta con otros empleos más expuestos al público y que, en su caso, ha sido uno de los principales atractivos del oficio.

Sin embargo, en el día a día, también hay cosas mejorables. "Las áreas de servicio muchas veces no están preparadas para nuestras necesidades", apunta, en referencia a las condiciones que se encuentran las transportistas en ruta.

Cada vez hay más mujeres

Sobre su experiencia como mujer en el sector, Sheila asegura no haberse sentido discriminada dentro del ámbito profesional. "He trabajado en empresas como Asturmovil o Panero y siempre me han tratado de igual a igual. Me han ayudado cuando lo he necesitado y yo también lo he hecho", afirma. Donde sí ha notado cierta sorpresa es fuera del entorno laboral. “Una vez una chica me aplaudió cuando bajé del camión. Me quedé un poco desconcertada, porque para mí es un trabajo normal”.

Esa percepción contrasta con la evolución del propio sector. “Cada vez hay más mujeres. Antes éramos muchas menos, pero ahora se nota el cambio”, asegura.

Desde su experiencia, lanza también un mensaje claro a quienes estén pensando en dedicarse al transporte: “Tienen que saber que son muchas horas. Si tienes familia, lo vas a notar mucho”.

En un sector donde conviven conductores asalariados y autónomos, también establece diferencias: “El autónomo trabaja más porque cuanto más hace, más gana. El chofer, en general, se acomoda más”.

Tras 23 años en la carretera, su visión del oficio es directa y sin artificios. Para Sheila Guitián, conducir un camión no es algo excepcional, sino simplemente su trabajo. Un trabajo duro, exigente y muchas veces invisible, que sostiene buena parte del día a día fuera de la cabina.

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