Concha Rivero, la maestra asturiana que dejó su puesto en un colegio para dedicarse a la educación emocional: "Hacemos mucho énfasis en la faceta intelectual, pero es necesario educar para la vida"
"A la gran mayoría nos educaron mucho la cabeza, pero el corazón muy poquito", asegura la profesora maliayesa de Educación Especial e Infantil, que imparte talleres por centro de toda Asturias
"A veces, los alumnos eligen lo que van a estudiar por lo que da más dinero o lo que tiene más prestigio; es clave llevarlos a que vean los dones que tienen dentro y que se propongan ponerlos al servicio de la sociedad", explica

Concha Rivero / Fernando Rodríguez

Concha Rivero Cambert (Villaviciosa, 1973) es maestra de Educación Especial y de Educación Infantil. Tras 23 años en el colegio Santa Teresa de Jesús (Teresianas), de Oviedo, decidió hacer realidad un proyecto que llevaba años tomando forma en su cabeza y en su currículum formativo: lo denominó "Emocionando", y hoy acumula cinco años de andadura, con numerosos programas y talleres colectivos y de acompañamiento personal que versan sobre un mismo asunto: la educación de las emociones. "Es un proyecto pedagógico, no médico ni psicológico", puntualiza. Esta segunda vida profesional ha permitido a Concha Rivero conocer una porción muy amplia de la red educativa asturiana –pública, concertada y privada, urbana y rural– y constatar que "el catálogo de dificultades, desafíos y posibles soluciones es muy similar en todas las comunidades educativas".
¿Puede resumir su itinerario?
Nací en Villaviciosa y estudié en uno de los colegios de la villa, el de las Carmelitas de Bedruna, a las que guardo un gran cariño. Pienso que ahí está la semilla de mi trayectoria posterior. Era una orden religiosa muy adelantada y que daba mucha importancia al estudio de la persona, a acompañar a las personas. Participé en unos grupos juveniles en los que aprendí a conocerme y a conocer a los demás.
¿Cómo se conoce a los demás?
Siempre me ha gustado mucho estar con personas, escuchar, acompañar. Y nunca me ha gustado dar consejos, sino hacer preguntas que puedan llevar a la persona más allá y acompañarla en ese recorrido. Soy maestra por vocación, amo profundamente esta vocación. Desde bien pequeña, cuando me preguntaban, respondía que era lo que quería ser, maestra.
¿Y qué sucedió?
Que ese sueño se realizó. Vine a Oviedo, estudié Magisterio por Educación Especial, porque siempre he tenido una sensibilidad especial hacia eso, hacia los niños con necesidades. Y luego también hice Educación Infantil. Realicé mis prácticas en el colegio de las Teresianas, de Oviedo, y me quedé a trabajar 23 años de los que estoy profundamente agradecida. Fueron años de aprendizaje y de mucho acompañamiento a las familias, a mis alumnos… Estuve 17 años en Infantil y el resto en Primaria.
¿Qué tipo de maestra ha sido?
En el aula siempre aposté por la educación emocional. Aposté, lo viví y vi que funcionaba. Y llegó un momento de mi vida, con casi 50 años, en el que entendí que ya se había acabado mi misión en aquel proyecto y que era el momento de impulsar la idea que tenía en la cabeza. Por una parte, no quería hacerle caso, era como que "estoy muy a gusto aquí, no quiero salir de mi zona de confort", como se dice hoy. Pero había una fuerza interior, una inquietud que me hizo un buen día sentarme delante del director del colegio y decirle que me iba, que iba a pedir una excedencia y a intentar crear un proyecto al que tenía claro que llamaría "Emocionando".
En gerundio…
Sí, en gerundio, porque significa poner en movimiento, que es lo que busca. Se trata, sobre todo, de tocar corazones, de despertar conciencias... El proyecto está hecho para educar no sólo cabezas, sino también corazones y relaciones. Todo eso es clave.
¿Por qué lo ve tan importante?
Lo viví en mis clases. Siempre hemos hecho mucho énfasis en la faceta intelectual, que está muy bien: conocimientos, un currículum que hay que cumplir… Pero es necesario educar para la vida, educar corazones, educar en cómo nos vamos a relacionar de una manera saludable.
¿Observa un déficit considerable en la educación emocional?
A la gran mayoría nos educaron mucho la cabeza, pero el corazón muy poquito. Partimos de que todo profesor, padre o madre, con su comportamiento, está educando emocionalmente o a sus hijos o a sus alumnos.
Educando no sólo con sus palabras…
Sin duda. La educación emocional es puramente experiencial. Los talleres formativos para profesores o familias son eminentemente prácticos. La gente a veces va a por recetas. Y la receta está en el interior de cada uno. Porque la educación emocional es un mirarte a ti mismo. Mirar hacia adentro, conocerte… Éste es el pilar fundamental, el conocerte, el ver esas cualidades, esos defectos que tienes, que los tenemos porque no somos perfectos. Trabajar en ellos. Descubrir esas cualidades y ese potencial que podemos llevar a otros…
Las prioridades son muy variadas…
A veces, los alumnos eligen lo que van a estudiar por lo que da más dinero o lo que tiene más prestigio. Es clave llevar al alumno a que vea los dones que tiene dentro y que se proponga ponerlos al servicio de la sociedad.

Concha Rivero / Fernando Rodríguez
Su programa hace hincapié en la mirada…
Es muy importante educar en la mirada al otro. Vivimos en un mundo en el que nos miramos bastante al ombligo, y así nos va. Vivimos en piloto automático, generalmente. Y el proyecto es toda una invitación a vivir en modo consciente. Aquí y ahora, en este momento. ¿Qué estoy sintiendo? ¿Qué me está pasando? Ésa es la primera competencia de la educación emocional: la conciencia emocional. ¿Cómo voy a regular las emociones si no tengo conciencia de las emociones que tengo? Conciencia de las emociones de los que te rodean y conciencia de las tuyas…
¿Qué hace falta para mejorar las competencias emocionales?
Existen herramientas y lo mejor es que son muy baratas. Las tenemos con nosotros mismos. En los talleres y acompañamientos hay dos que siempre se trabajan. Una es la respiración. Y la otra es una herramienta muy novedosa y que utilizan cada vez más colegios en Asturias y estoy muy contenta por ello: es una herramienta de regulación emocional que se llama tapping. Deletreado: T-A-P-P-I-N-G.
¿Qué significa eso?
Es algo así como la acupuntura de las emociones, pero sin agujas. Sirve para regular nuestras emociones y también para relajarnos. Para regular emociones como el enfado, la tristeza…
¿En qué consiste?
Son una serie de toquecitos que nos damos en los puntos de la acupuntura china, en los puntos de inicio y final, y llevan al niño, a los padres o a los profesores a relajarse. A través de un cuento, se les plantea que tienen ese superpoder. Esta herramienta la aprendí de una gran maestra, Elena Mendoza, a la que conocí en la UNIR cuando hice el curso de Experto en Educación Emocional. Después, me formé con ella en Madrid. La utilizo también en mi día a día. Hoy, por ejemplo, antes de venir a esta entrevista, porque no estoy acostumbrada a este tipo de escenarios y estaba un poco nerviosa o insegura. Antes de venir, me hice unas rondas de tapping y ahora estoy tranquila y a gusto. No voy a llevar a nadie algo que no haya probado o vivido yo.
En sus sesiones también incide en la autonomía emocional…
Tras la conciencia emocional y la regulación emocional va la autonomía emocional. Es la capacidad que tengo para gestionarme a mí mismo. Aquí entra todo el ámbito de la autoestima, de la automotivación, de una actitud positiva ante la vida. Ojo, que no significa esto que se piensa hoy de vivir permanentemente feliz, alegre y contento. No. En el proyecto se insiste mucho en educar para los momentos desagradables. A menudo, se evita presentar a los hijos ciertas realidades duras, cuando lo cierto es que van a aparecer más tarde o más temprano. Hay que educar desde pequeños en que esa realidad existe. Y dotarlos de herramientas para que, cuando lleguen a su edad adulta, puedan afrontar esas realidades. Y vamos a por el cuarto epígrafe, que es la competencia social…
¿En qué se incide?
En educar en la comunicación, la escucha, la empatía… En ponerme en tu lugar... Esa capacidad de mantener buenas relaciones con los demás. ¡Cuánta competencia social necesitamos! El asumir que tú y yo somos diferentes. Pero que en esa diferencia somos capaces de caminar juntos.
Son aprendizajes que no tienen fecha de caducidad…
La educación emocional empieza en la familia desde que eres pequeño; sigue a lo largo de la educación formal, de ahí la importancia de esa formación para el profesorado; y luego a lo largo de toda la vida, hasta que nos muramos. Vivimos en un constante cambio. Yo no soy la misma de hace cinco años, cuando salí de las Teresianas. Ahora llevo nuevas experiencias, he conocido a muchas personas... Eso, de alguna manera, influye en mí. La educación emocional se extiende a lo largo de una vida entera. Este proyecto acompaña también a abuelos. Por ejemplo, una experiencia preciosa que tuve en la asociación Galbán con unos talleres dirigidos a abuelos de chicos fallecidos por cáncer… También hubo talleres para adolescentes, que también trabajan con la psicóloga de modo individual, y fue muy buena esa experiencia. Me gustan los talleres con gente muy diversa, intergeneracionales, en los que todos nos podemos escuchar… También los talleres con matrimonios y parejas jóvenes son importantes. Generalmente, la gente se sorprende un poco. Cuesta, porque no estamos educados en esto, llegar y de repente mostrar ante los demás lo que estás sintiendo… Es un poco como los espaguetis. Al principio, el espagueti está rígido y duro, pero en el proceso de cocinado se va ablandando, y la sensación al final de un taller es que ya estamos blanditos y a gusto… La experiencia cuando la gente sale del taller es como que esa mochila que todos llevamos pesa menos. Compartir vida con otros es liberador. El quinto punto del programa es, precisamente, el bienestar emocional…
¿Tienes la impresión, cuando tiene talleres con críos pequeños, de que allí tendrían que estar también los padres?
Siempre. Los grandes destinatarios de Emocionando son las familias y el profesorado. De hecho, los colegios que apuestan durante un curso escolar entero por este aprendizaje en todas sus etapas y en toda su comunidad educativa ven los resultados. El taller empieza por cuidarte a ti: ves cómo estás, descubres tus emociones, cómo las gestionas; ves si necesitas regular algunas más que otras; aprendes a quererte más y mejor. Y, desde ahí, llega la segunda parte: ese ser capaz de querer mejor a tu familia, a tus compañeros, a tus alumnos… Si yo me quiero a mí mismo, voy a querer mejor a los demás. Si no me quiero, es difícil que quiera bien al otro.
¿Y cómo no pasarse en quererse a uno mismo?
Ya estaríamos hablando del ego. Abandonar el ego es algo muy difícil. Cuesta muchísimo porque la sociedad de hoy está muy inclinada al ego. Somos como exposición continua y nos gusta que se nos vea como pluscuamperfectos cuando, en realidad, no lo somos. De ahí la importancia de lo que decíamos antes, del conocimiento personal, de ver que tengo unas cualidades, pero también unos defectos, y que ni soy perfecta ni voy a serlo, y no tengo por qué sentirme mal por ello. Es la condición humana.
¿Cómo asumir los defectos y los fallos, y una voluntad de mejora, sin caer en excesivas torturas?
Ése es el objetivo: aceptar a tu persona, aceptarte como eres. Eso requiere un trabajo. Muchas veces, la gente llega a un taller o a un acompañamiento personal con mucha prisa para las soluciones: "Quiero estar mejor ya, quiero quererme ya". Y no: esto es un proceso de desarrollo personal que dura un tiempo. No se puede pasar en pocos días de llevar una vida en piloto automático a vivir en modo consciente. Para que se noten los efectos, ha de pasar un tiempo. Como cuando vamos al gimnasio: el primer mes no lo notamos, casi. A medio plazo, sí…
¿Dónde piensa que está el origen de los déficits de equilibrio emocional de las nuevas generaciones? Puede parecer que lo tienen todo…
Precisamente ahí está la cosa: en que lo tienen todo. Realmente, ese déficit también lo observan en los adultos, que somos sus referentes emocionales y no vivimos, o nos cuesta vivir, en ese equilibrio. Por eso importa actuar sobre los referentes, porque todos, con nuestra manera de ser y de actuar, estamos educando: con tu tranquilidad cuando entras en el aula, cuando no entras a gritos, cuando te das un par de respiraciones profundas y no gritas, cuando eres agradecido... No podemos olvidar que todas estas habilidades no se improvisan: o las entrenamos o de repente no las tenemos. Yo animaría a entrenar duro, porque los resultados merecen la pena.
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