Rebeca Alonso, especialista del servicio de Inmunología del HUCA: "El sistema inmunitario se equivoca, dando lugar a enfermedades frecuente que a menudo no identificamos"
La facultativa explica cómo funciona la compleja red de células, tejidos y órganos que defienden nuestro organismo frente a los patógenos

Ilustración del sistema inmunitario y en el círculo, Rebeca Alonso. / LNE
Rebeca Alonso Arias
Nuestro sistema inmunitario es el resultado de un largo proceso evolutivo que ha dado lugar a un delicado equilibrio entre proteger al organismo frente al daño y evitar respuestas frente a sustancias inofensivas. Pero ese equilibrio, precisamente por su complejidad, no es perfecto. Cuando el sistema inmunitario se equivoca, lo hace de muchas formas, dando lugar a enfermedades frecuentes que a menudo no identificamos como el resultado de alteraciones en su funcionamiento. En España, millones de personas experimentan a diario las consecuencias de estos errores. Más de seis millones sufren alergia al polen cada primavera, y se estima que entre un 5% y un 10% de la población padece alguna enfermedad autoinmune.
Ataque a órganos sanos
Una de las equivocaciones más frecuentes que comete el sistema inmunitario es el ataque directo contra órganos o tejidos sanos como si se tratasen de un agente infeccioso o una célula tumoral que hay que eliminar. Para ser capaz de defendernos de los patógenos, el sistema inmunitario tiene que aprender a distinguir entre lo que forma parte de nuestro cuerpo y lo que es extraño a él. El mecanismo más específico para lograrlo es el modo en el que se generan los linfocitos B y T, células altamente especializadas en la defensa. En la médula ósea se producen al azar millones de estos linfocitos, capaces de reconocer un gran número de estructuras diferentes y de defendernos de cualquier invasor que consiga entrar a nuestro organismo.
Antes de salir a realizar su función de vigilancia hay que asegurarse de que saben lo que tiene que atacar. Para ello, los linfocitos B, en la propia médula ósea, sufren un proceso de selección, de forma que aquellos que reconocen estructuras propias sufren modificaciones genéticas para dejar de ser autorreactivos. Los linfocitos T son enviados a un pequeño y poco conocido órgano denominado timo, que se encuentra localizado en el pecho, justo delante del corazón. Mediante un curioso proceso, mediado por la proteína AIRE, se producen en el timo proteínas específicas de todos los tejidos del cuerpo para mostrárselas a los linfocitos T y conseguir que aprendan a identificarlas. De este modo, el timo actúa como una especie de colegio para los linfocitos T, donde aprenden a distinguir lo propio de lo extraño, y solo aquellos que superan este proceso de selección pasan a formar parte del sistema inmunitario funcional.
El papel de los linfocitos T
Los linfocitos T que reconozcan proteínas propias serán eliminados y solo sobrevivirán los que reconozcan proteínas que no pertenecen al organismo. Este sofisticado sistema comete algunos errores y algunos linfocitos T autorreactivos se escaparán de esta selección tímica. Para evitar que nos ataquen, hay otros sistemas de control como los llamados linfocitos T reguladores que se encargan de inhibir, ya en los tejidos, a los linfocitos T autoreactivos. A pesar de este doble filtro, en ocasiones, se desarrollan respuestas dirigidas a estructuras concretas del propio organismo. De este modo, se puede producir el daño a tejidos u órganos como sucede en la diabetes tipo I en la que el sistema inmune ataca a las células beta de los islotes pancreáticos, donde se produce la insulina, haciendo que esta molécula deje de sintetizarse. También sucede algo semejante en el caso del ataque de la membrana de las articulaciones en la artritis reumatoide o de la vaina de mielina que recubre las fibras nerviosas en la esclerosis múltiple.
Todavía no se sabe qué mecanismos de tolerancia fracasan en las enfermedades autoinmunes humanas, y esto continúa siendo un desafío importante para entender la autoinmunidad. Lo que sí parece estar claro es que no dependen solo de los errores en el reconocimiento de los linfocitos T. También hay una importante base genética que hace que algunos individuos tengan una mayor susceptibilidad a desarrollarlos, aunque, salvo excepciones, no se trata de enfermedades monogénicas sino que parecen estar implicados varios genes. También se cree que la mayoría de las enfermedades autoinmunes requieren la intervención de un desencadenante ambiental, aunque generalmente no es identificable. En ocasiones puede tratarse de una infección por un patógeno que activa el sistema inmune e indirectamente provoca una alteración de la tolerancia. En otros, los patógenos tienen estructuras semejantes a algunas de nuestro cuerpo y esto provoca el error.
Errores de interpretación
El sistema inmunitario también comete errores de interpretación. En estos casos identifica factores externos inofensivos y los ataca como si fuesen una amenaza grave. Las zonas del cuerpo más expuestas al contacto con el exterior son las que resultan más amenazadas, y por este motivo existen mecanismos que reducen la potencia de las respuestas inmunes en estas localizaciones. La supresión del sistema inmunitario asociado al intestino, por ejemplo, busca evitar las respuestas a las bacterias comensales que colonizan la luz intestinal, así como a componentes de la alimentación, pero conservando la respuesta a las bacterias patógenas. Mecanismos similares actúan en otros lugares del cuerpo, como la piel, el pulmón y el aparato genitourinario, que están expuestos constantemente al ambiente.
Se postula que la ruptura de la tolerancia frente a las bacterias de la microbiota tiene un papel relevante en la inducción y mantenimiento de los procesos inflamatorios que dañan la mucosa intestinal en la enfermedad inflamatoria intestinal. En condiciones normales, el sistema inmunitario tolera la presencia de la microbiota intestinal y convivimos con ella sin problemas, pero cuando esa tolerancia se rompe se desencadena una respuesta inflamatoria persistente que termina afectando al propio intestino.
La enfermedad celiaca
En este contexto, el problema no es la presencia de bacterias, sino la pérdida de la capacidad de convivir con ellas. Otras veces son los alimentos los que suponen el problema. En el caso de la enfermedad celíaca, la respuesta inmune se produce por la identificación errónea de algunas proteínas del gluten como peligrosas para el organismo, y es la respuesta frente a ellas la que indirectamente provoca el daño intestinal. Aunque presenta características propias de las enfermedades autoinmunes, su evolución depende de la exposición continua al gluten, de forma que cuando este se elimina de la dieta, en la mayoría de los casos, desaparece la inflamación y el tejido intestinal puede recuperarse.
Alergias
En las reacciones de hipersensibilidad, como es el caso de las alergias, el proceso es más directo. El sistema inmune reconoce correctamente un estímulo externo, pero lo interpreta como una amenaza desproporcionada y activa mecanismos defensivos que, por su intensidad, resultan dañinos. Estos procesos son frecuentes a nivel respiratorio, ya que la inhalación del aire expone la mucosa respiratoria a una amplia variedad de sustancias extrañas, como pólenes de plantas, partículas de polvo y otras moléculas ambientales diversos. En las alergias respiratorias, como la fiebre del heno (rinitis alérgica) o el asma, el sistema inmune produce un tipo especial de anticuerpos llamados IgE frente a estas sustancias presentes en el aire (como el polen o los ácaros). Estos anticuerpos se adhieren a unas células llamadas mastocitos, que se encuentran en gran cantidad justo debajo de la superficie de las vías respiratorias. Cuando la persona vuelve a entrar en contacto con esas sustancias, las IgE previamente formadas reconocen el alérgeno y activan a los mastocitos, que liberan compuestos inflamatorios. Son estos compuestos los que provocan los síntomas típicos de la alergia, como el picor, los estornudos o la dificultad para respirar.
Todas estas enfermedades ponen de manifiesto que el sistema inmunitario no es un mecanismo perfecto, sino un sistema complejo que aprende, interpreta y decide en cada momento. Cuando se equivoca, lo hace de muchas formas confundiendo lo propio con lo extraño, reaccionando con exceso o perdiendo la capacidad de convivir con lo que forma parte de nuestro cuerpo. Entender esos errores permite comprender que la respuesta inmune no es simplemente un mecanismo de defensa, sino el resultado de un equilibrio delicado, imprescindible para mantener la salud, y que como todo equilibrio puede romperse.
Suscríbete para seguir leyendo
- Adiós a las vacaciones escolares de toda la vida: los alumnos tendrán casi tantos días de descanso en Todos los Santos que en Semana Santa
- Un camión de la Vuelta Ciclista se queda suspendido en el aire en el Angliru y deja atrapados a otros transportistas de la prueba
- Caen los 'Whiteboys', la organización juvenil de ultraderecha más violenta de Asturias: hay 19 detenidos, cuatro de ellos menores
- Cada día cierra un comercio en Asturias y en una céntrica calle de Oviedo tres históricos se sumarán a la lista: 'No se gana para todos los gastos
- ¿Cuándo va a dejar de llover en Asturias? La Aemet responde y cuidado si has hecho planes para los próximos días (vuelve la nieve)
- El último censo de osos lo confirma: hay más ejemplares en la Cordillera Cantábrica y mayor conexión entre las subpoblaciones oriental y occidental
- La fibromialgia frenó a Javier Tejedor, histórico vigilante del Tartiere: 'Me han llamado de todo; vago, esquizofrénico, bipolar, borracho, drogado… Y ahora se me agota el paro y no me dejan trabajar
- Los grandes proyectos previstos por Adif en Asturias (entre los que está la obra clave que permitiría reducir los tiempos de viaje del AVE)