Del "Oviedo no suena" al "Siente Xixón", 23 años para conseguir que tocar una guitarra en un bar en Asturias no sea ilegal: todo lo que contempla y no contempla la nueva norma
Los músicos celebran el cambio de la Ley de Espectáculos aprobado esta semana en la Junta con el apoyo de todos los grupos salvo Vox, que permite actividades de "pequeño formato" en todo tipo de locales, algo que la normativa vigente no contemplaba

Jerónimo Granda sale con su guitarra de un bar del Oviedo Antiguo tras ver cancelado su concierto por una denuncia en 2022. / Luisma Murias
En octubre de 2003 la Santa Sebe reunió miles de firmas a favor de la música en directo en los bares después de que una denuncia de una asociación vecinal les obligara a cancelar toda la programación. Al año siguiente se inició un movimiento llamado "Oviedo no suena" que cargaba contra la persecución en la ciudad a los conciertos de pequeño formato, que siguió creciendo en forma de asambleas y con el que se llegó por primera vez a la conclusión de que el problema de aquellas prohibiciones no estaba tanto en los Ayuntamientos, cuyas policías locales se encargaban de hacer valer la normativa, como de una ley regional, la de espectáculos, en la que no estaba previsto que en un bar pudiera haber un concierto. Ese mismo vacío estuvo detrás de las denuncias de otro colectivo, hosteleros en este caso, Asturias de noche, para tumbar el programa de Divertia "Siente Xixón" de conciertos en pequeños locales, o de la reciente cancelación en Oviedo de las actividades del Burlesque, que incluían, junto a conciertos, recitales, o de la presentación con guitarra española del último disco de Jerónimo Granda que el cantautor tuvo que suspender en 2022. La paradoja denunciada durante 23 años de que un músico, en Asturias puede hacer que su disco suene en un bar con licencia de música amplificada a través del equipo de sonido pero no puede defenderlo, incluso a menor volumen, con una guitarra, acaba de llegar a su fin esta semana con la aprobación en la Junta de una modificación de la Ley de espectáculos, que añade un nuevo artículo, el 8 bis, para amparar actividades de pequeño formato en cualquier local con solo una declaración responsable y siempre que no impliquen modificaciones sustanciales en el espacio, como añadir un escenario o unos camerinos.
Los músicos asturianos celebran ahora esa modificación como el reconocimiento legal a un hecho y un mundo ligado que sienten en la raíz de su actividad: "Todos empezamos en un bar, los bares son muy importantes, porque en ellos también está el acceso a la cultura para todo el mundo, también en los barrios, también en la zona rural", razona el cantante y guitarrista gijonés Kike Suárez, portavoz de la asociación "Unidos por la cultura en Asturias" que ha propiciado este cambio legislativo.
No es la primera vez que los músicos luchan por esta modificación de la Ley de Espectáculos, pero esta sí ha sido la definitiva. La última vez que estuvo a punto de lograrse revertir la ilegalidad de los conciertos en los bares fue hace diez años. La fórmula de lograrlo entonces, explica Jorge Otero, cantante y guitarrista de "Stormy Mondays" e impulsor de aquella otra iniciativa, eran "solo tres palabras". No se trataba de generar un nuevo artículo que amparara la actividad de pequeño formato como añadir en el apartado de bares con licencia de música amplificada "y en directo". Aquello hubiera podido resultar más efectivo, para que la música en los pequeños recintos no fuera denunciada, pero la modificación desarrollada ahora es más específica y extiende un campo mucho mayor que el de la música.
El problema de partida está en una ley con un catálogo asociado en el que solo estaba previsto que pudiera haber actuaciones musicales en los café-conciertos, tablados de flamenco y discotecas. Sin tener muy claro qué tipo de licencia podría ser la de los dos primeros casos, en la práctica solamente las salas que habían logrado o heredado la licencia de sala de fiestas podían tener música en directo. Por lo demás, el vacío legal afectaba a cualquier tipo de espectáculo. Es decir, como tampoco estaba previsto que una residencia de ancianos tuviera bailes o que en un café se recitaran poemas o que en una librería se presentara un libro o actuara un mimo, todos esos supuestos podían ser denunciados, eran actividades potencialmente ilegales. "Por eso insistimos en el grupo de trabajo que se montó en el Principado", explica Kike Suárez, "que no solo se trataba de hostelería, que pensábamos también en las librerías, en un micro abierto, en el microteatro, en hacer cosas en lugares como el hogar del pensionista, y por eso insistimos mucho en la declaración responsable".
La declaración responsable que permite acoger ese tipo de actividades consiste en que el dueño del negocio comunica el tipo de actividad que va a desarrollar, cumpliendo con las normas que rigen su local. Porque el cambio no significa ni que se pueda hace ruido a horas donde antes no se podía ni que se puedan superar los decibelios permitidos. En síntesis es tan sencillo como que cualquier local, sea bar o librería, por ejemplo, puede hacer actividades que no superen el límite de ruido que su licencia actual le permita dentro de los horarios en los que pueda estar abierto. Y no siempre, porque ese nuevo artículo restringe esos espectáculos de baja intensidad a una franja entre las 10:00 y las 23:00 horas, salvo para los locales insonorizados de música amplificada, que pueden aplicar su horario habitual.
Cuando Jorge Otero estuvo detrás de aquel otro intento se hablaba principalmente de conciertos, y el músico recuerda bien que el entonces Director General de Justicia e Interior, Rafael Abril Manso, reticente en principio a impulsar un cambio legislativo, les dio la razón después de escuchar sus motivos y revisar la norma con una frase que sigue resonando en su cabeza: “Todo lo que el derecho no prohíbe entender que está permitido”. Pero Abril cesó antes de rematar el cambio de las tres palabras que estaba en marcha y su sucesora en el cargo, Concepción Iglesias, no retomó la modificación.
Del cambio que trataron impulsar entonces al que se ha logrado operar ahora hubo otra diferencia sustancial. Si hace diez años los músicos hicieron la guerra por su cuenta y se encontraron, entre otras cosas, con el rechazo de la hostelería, ahora el grupo de trabajo del Principado incluyó desde el principio a OTEA, que participó en la redacción del texto. Ese consenso se extiende, además, a todos los grupos políticos, que figuran como proponentes del cambio, con la excepción de Vox.
La aprobación en la Junta no es todavía el final definitivo. Aparte de recursos como el que ya ha anunciado la asociación de empresarios de salas de fiesta, baile y discotecas, queda que el Gobierno del Principado modifique ahora, en el plazo de nueve meses, el decreto que regula el "catálogo de los espectáculos públicos, actividades recreativas y los establecimientos, locales e instalaciones públicas". Ahí tendrán que establecerse de forma definitiva las condiciones que determinen la calificación de «escasa incidencia o entidad» de los espectáculos públicos y actividades recreativas a que se refiere el nuevo artículo 8 bis, denominación oficial del nuevo "pequeño formato".
Pero de momento, para que el cambio sea ya un hecho en el día a día de Asturias, donde, precisa Kike Suárez, cualquier viernes o sábado hay 50 conciertos en pequeños locales, se ha aprobado una disposición transitoria que ya regula con el citado horario este tipo de actividad. Y presenta una primera definición: "Los espectáculos desarrollados en el interior de espacios fijos, cerrados y cubiertos que no requieran escenario ni camerinos para quienes los ejecuten y cuyo desarrollo no suponga una modificación de las condiciones técnicas y de aislamiento acústico generales del establecimiento, ni sean susceptibles de producir una alteración de la seguridad y condiciones de evacuación, un aumento del aforo máximo permitido, ni impliquen la instalación de estructuras eventuales para su desarrollo". Además, también se incluyen las terrazas al aire libre, si están a al menos 40 metros de distancia de edificios residenciales.
Feliz de ver cómo acaba esa "ilegalidad como de risa", Kike Suárez insiste en que esas actividades de baja intensidad son motor económico también y un elemento de revolución y progreso social: "Yo siempre pongo el ejemplo de la Taberna Narciso, en Teverga, que ha transformado con su programación un pueblo que era un páramo cultural, el pequeño formato tiene una importancia tremenda y también es economía".
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