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Amadeo Bernabé, el minero de 48 años fallecido en Cerredo que pensaba jubilarse en dos años: habla por primera vez su familia

Los parientes más próximos a los fallecidos en el accidente minero rompen con LA NUEVA ESPAÑA un silencio de un año y un mes de desgarro "Vamos a pelear con uñas y dientes, y quien tenga que pagar, que pague"

Expresan la sensación de abandono y desamparo, lamentan la falta de ayudas ante la perspectiva de un largo periodo sin ninguna indemnización pero, sobre todo, cuentan su dolor y su rabia

Amadeo Bernabé

Amadeo Bernabé

Vicente Montes

Vicente Montes

Viernes, Primero de Mayo, Día del Trabajo. 12.30 de la mañana. Diez personas se sientan en círculo ante una mesa, al sol, en el exterior de un pequeño restaurante rural de Robles de Laciana, en León. La primavera se envalentona por momentos. Es un encuentro extraño: una cita con la memoria, el dolor y la rabia. Un año y un mes después del accidente minero de Cerredo, en el que fallecieron cinco trabajadores, las familias de cuatro de ellos se reúnen por primera vez para hablar juntas, con calma, y aceptan hacerlo ante LA NUEVA ESPAÑA. Solo ponen dos condiciones: no quieren fotografías y tampoco aparecer más allá de sus nombres.

Por David Álvarez Núñez, de 33 años, están sus padres, Roberto y María Jesús, y su hermano Roberto, acompañado de su esposa, Marta. También asiste Cristina, pareja durante casi treinta años de Rubén Souto Robla, de 49 años. Están Tomás y Ana, padres de Jorge Carro André, de 33 años, junto a Jenny, su pareja y madre del hijo de ambos, de tres años. Y acuden también Joane, esposa de Amadeo Bernabé Castelao, de 48 años, y su hermana Dora.

El dolor de las familias ha estado en el centro del debate político, pero nunca se las había escuchado. De hecho lamentan que nadie haya querido hacerlo. Esto no es una entrevista ni una suma de declaraciones. Es un diálogo coral: una acumulación de recuerdos, reproches, desgarros y heridas. Y, sobre todo, un lamento que termina sonando como una sola voz. Su nombre se ha invocado muchas veces. Ahora hablan ellas. Y lo hacen para rescatar las promesas que se les hicieron. Sus hijos, sus maridos, trabajaban para una empresa que les ocultó que carecía de licencias y permisos, y que incumplía las medidas de seguridad. Tampoco tenía seguros adecuados. Las perspectivas de cobrar indemnizaciones son de años. En una familia se cobra solo una pensión de orfandad; en otra ni siquiera se reconce la viudedad. El proceso judicial que afrontan implica gastos sin haber recibido ninguna compensación económica. El Principado ha prometido ayudas después de que la diputada Covadonga Tomé, presidenta de la comisión de investigación, haya planteado adelantar indemnizaciones.

Entre los fallecidos estaba Amadeo Bernabé. Natural de Villaseca de Laciana, residía en Caboalles de Arriba desde que se casó con Joane, su mujer. Su vida laboral siempre estuvo vinculada a la mina, pasando por varias explotaciones leonesas, pero en el exterior. Hace cuatro años comenzó a trabajar en el interior, primero en la explotación de Tormaleo (Ibias) y luego en Cerredo. Aficionado a los caballos, solía pasear con ellos. Confiaba en jubilarse en poco más de dos años. Había sufrido un accidente laboral que le mantuvo de baja, pero regresó al tajo en Cerredo diez días antes de la brutal explosión de grisú que acabó con su vida. No tenía hijos. Joane se ha quedado sola: «Lo peor es ese momento en el que cierras la puerta de casa y quedas allí, y él no está». Puedes leer la conversación completa pinchando sobre estas líneas.

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