Entrevista |
Jaime Mayor Oreja, presidente de la fundación Neos y exministro: "Hoy lo importante es construir una alternativa a Sánchez y lograr su expulsión democrática del poder; está en juego poner fin a un proyecto de ruptura"
"El humanismo cristiano, junto con la filosofía griega y el Derecho romano, ha sido un pilar esencial del avance social. Progresar no significa abrazar el mal, ni el egoísmo, ni el materialismo vacío de espiritualidad. Ese es otro relato, que a veces se convierte en dominante, pero que no representa un avance, sino un retroceso social"

Jaime Mayor Oreja. / LNE
Jaime Mayor Oreja, (San Sebastián, 1951), presidente de la Fundación Neos, exministro del Interior y ex eurodiputado por el Partido Popular, entre otros cargos, traza en su nuevo libro "Una verdad incómoda", un diagnóstico contundente sobre la memoria del terrorismo y el rumbo político actual en España. El exministro cuestiona lo que considera una construcción interesada del relato sobre las víctimas de ETA, denunciando la consolidación de una “mentira” que habría desplazado a la verdad. También critica el “falso empate” entre terrorismo y Estado de derecho y rechaza la idea de una derrota de ETA, que interpreta como resultado de un proceso de negociación. Mayor Oreja reflexiona sobre el papel del nacionalismo durante la Transición y defiende una política antiterrorista basada exclusivamente en la ley. A la vez, advierte de una deriva política que, a su juicio, ha favorecido a los herederos del entorno etarra, al tiempo que señala la necesidad de una alternativa en el espacio del centro-derecha. Su discurso se amplía hacia la defensa de fundamentos culturales y espirituales de Europa, proponiendo una regeneración del proyecto comunitario. Mayor Oreja hablará de su libro este miércoles, 6 de mayo, a las 19.00 horas, en el Club LA NUEVA ESPAÑA, con la periodista Isabel San Sebastián y Jesús Sanz, Arzobispo de Oviedo.
Sostiene que hubo una “macabra mentira” en torno a las víctimas del terrorismo en el País Vasco. ¿Quiénes fueron, a su juicio, los principales responsables de que esa narrativa calase socialmente?
Los principales responsables fueron quienes se pusieron de acuerdo para que una mentira sustituyera al crimen. A esa mentira se le permitió acompañar y, con el tiempo, reemplazar la verdad de lo ocurrido. Un ejemplo claro fueron expresiones como “algo habrán hecho” al referirse a las víctimas, que contribuían a justificar o diluir la gravedad de lo sucedido. Después llegó ese falso empate infinito entre ETA y el Estado, que confundía responsabilidades y desdibujaba la realidad. Más adelante se impuso un tercer relato: el de la derrota de ETA. Quienes han sido responsables de construir y difundir estas mentiras son también responsables de ese relato. Lo que ha ocurrido, en definitiva, es que se asoció el crimen determinante del pasado reciente con la mentira que, con el tiempo, ha terminado por sustituirlo y reemplazarlo. Esos son los verdaderos responsables.
Denuncia un “falso empate” entre ETA y el Estado de derecho. ¿Cree que ese relato sigue vigente hoy en la política española o ha mutado en otras formas?
Hoy, el falso empate entre ETA y el Estado de Derecho ha sido sustituido por otro relato: el de la supuesta derrota de ETA. Pero eso también es una mentira. A ETA no se la ha derrotado; se ha pactado con ella. Se ha pactado un “proceso de paz”, un mal llamado “proceso de paz” que responde en realidad a una lógica de resolución de conflictos en la que la ecuación siempre es la misma: “paz para la sociedad y poder para los terroristas”. Hoy ya no hay empate. Lo que hay hoy es un proyecto que ha permitido a ETA y a su entorno acceder al poder a la luz del día.
Afirma que el nacionalismo “jugó con las cartas marcadas” durante la transición. ¿Está cuestionando la legitimidad de algunos consensos clave de la Transición española?
Lo que quiero subrayar es que la violencia terrorista dopó al nacionalismo vasco. No se trata de legitimar determinados consensos por el hecho de que eso ocurriera, pero sí de reconocer una realidad evidente: el uso del terrorismo como método para obtener ventaja política frente a otros. La violencia terrorista expulsó, exilió, a 200.000 vascos. Mientras unos sacudían el árbol, otros recogían las nueces. Eso fue lo que sucedió durante la Transición democrática en el País Vasco. Nada de esto resta valor a la enorme importancia histórica de la Transición como proceso de reconciliación entre españoles. Pero en el País Vasco la Transición se caracterizó por el uso —un mal uso— de ese “dopaje” que el terrorismo ejerció sobre el nacionalismo, del que los nacionalistas fueron los grandes beneficiarios.
Defiende que la política antiterrorista debía basarse “en la ley, nada más que en la ley, pero en toda la ley”. ¿Considera que los gobiernos posteriores traicionaron ese principio? ¿En qué decisiones concretas?
Es evidente que los gobiernos posteriores siguieron la política contraria a la que habíamos llevado a efecto desde el Gobierno del PP a partir de 1996: “la ley, solo la ley y nada más que la ley”. Porque, en el fondo, solo existen dos formas de afrontar el terrorismo: una basada en el cumplimiento estricto de la ley, y otra que hace del diálogo, de la negociación del “proceso de paz” lo que se llama un proyecto de “resolución de conflictos”. Y lo que ocurrió es claro: se optó exactamente por la política contraria a la del Gobierno del que formé parte. No por una alternativa distinta, sino la opuesta. Esa decisión tiene una enorme gravedad histórica, porque ese cambio de rumbo, en lugar de conducir a la derrota de ETA va a darle el poder a ETA.
Habla de un “nuevo frente popular” actual. ¿Ese término podría contribuir a la polarización en lugar de al entendimiento?
La polarización que vivimos en España no nace de quienes la denuncian. No se puede decir que por denunciar el Frente Popular se está polarizando. Decir la verdad nunca es polarizar; lo que hacemos es constatar que hay un frente que ha ido avanzando hasta convertirse en gobierno. Denunciarlo no genera polarización; lo que la genera es haberlo construido. La polarización surge cuando se toman decisiones como pactar con ETA. En el caso del Partido Socialista, esto resulta especialmente significativo: hablamos de un partido que durante años se enfrentó a ETA y que también sufrió sus víctimas. Ese cambio supone una transformación profunda, una metamorfosis que lo radicaliza y lo polariza. Esa es la causa de la polarización, no su denuncia. No podemos caer en juegos de lenguaje que confunden la realidad. Quienes han polarizado son quienes han impulsado un proceso en el que el crimen termina asociado a la mentira.
Desde su posición en Fundación Neos, insiste en la defensa de valores tradicionales. ¿Cómo responde a quienes ven en ese discurso un intento de frenar avances sociales?
No me gusta hablar de “valores”; es un término demasiado denostado. Prefiero hablar de fundamentos, de virtudes y de mandamientos. A veces fallan los fundamentos, otras las virtudes y otras los mandamientos. Pero eso no significa, en absoluto, que quien defiende unos fundamentos sea un fundamentalista, como a menudo se intenta presentar. El verdadero progreso consiste en saber discernir entre lo nuevo que es bueno y lo nuevo que es malo. Y lo que nosotros defendemos son esos fundamentos, esas virtudes y esos mandamientos que han configurado nuestra civilización. El humanismo cristiano, junto con la filosofía griega y el Derecho romano, ha sido un pilar esencial del avance social. Progresar no significa abrazar el mal, ni el egoísmo, ni el materialismo vacío de espiritualidad. Ese es otro relato, que a veces se convierte en dominante, pero que no representa un avance, sino un retroceso social.
Pide un entendimiento entre fuerzas de centro-derecha y derecha. ¿Qué errores concretos han impedido esa unidad hasta ahora y quién debería dar el primer paso?
Las opciones políticas de centro derecha deben ser fieles a lo que les han pedido sus votantes. Y los electores han hablado con claridad en comunidades como Extremadura, Aragón o Castilla y León. Por eso, los acuerdos que se alcancen deben responder a ese mandato. Hoy lo verdaderamente importante es construir una alternativa a Sánchez y lograr su expulsión democrática del poder. Porque lo que está en juego es poner fin a un proyecto de ruptura que ha sustituido al espíritu de reforma. Esta no es una cuestión nueva. Ya en su momento, Fraga habló de la “mayoría natural” entre el centro y la derecha. Sin embargo, esa unidad no se materializó entonces, y hubo que esperar años para que el Partido Popular llegara al Gobierno. El problema del centro derecha ha sido, muchas veces, que la comodidad prevalece sobre la verdad. Mientras tanto, en la izquierda ocurre algo distinto: es el rencor —la lógica de la confrontación— lo que actúa como elemento de cohesión. Eso explica, en parte, por qué la unidad resulta más sencilla en ese espacio político. El PSOE ha mantenido una continuidad notable desde la Transición, mientras que el ámbito del centro derecha está en permanente refundación. A veces necesita separarse y otras converger pero creo que es la propia naturaleza de nuestro espacio lo que nos lleva a esas dudas, fundamentalmente porque la izquierda tiende a cohesionarse en torno al odio, la vendetta… la venganza prevalece sobre la verdad.
Se cumplen 40 años de la adhesión de España a la Unión Europea. Desde su amplia experiencia europeísta, ¿Está cumpliendo la actual UE ese objetivo de defender los valores europeos?
La Unión Europea necesita una regeneración, refundación. Es necesario repensar Europa. Nuestro objetivo es, en un plazo breve, celebrar en 2027 un gran congreso que reúna a intelectuales, pensadores, ciudadanos, fundaciones y asociaciones con una meta común: repensar, regenerar y refundar Europa, aprovechando el 70 aniversario del Tratado de Roma. Hoy, Europa es un cuerpo sin alma. Hace 70 años ocurría lo contrario: había alma, pero faltaba cuerpo. La verdadera cohesión solo puede surgir de unos fundamentos compartidos. Si esos fundamentos se debilitan, la economía por sí sola no basta para mantener unido el proyecto. Por eso, la Unión Europea necesita reconstruirse, regenerarse y reformularse. Pero también es imprescindible: quien no entienda su necesidad, no comprende el mundo complejo al que nos enfrentamos.
El libro se presenta como un “testimonio contra el silencio y la mentira”. ¿Qué verdad incómoda cree que la sociedad española aún no está preparada para asumir?
La mentira, igual que el crimen, anestesia. Cuando hay mucho crimen, la sociedad queda anestesiada; cuando hay muchas mentiras y escándalos, ocurre algo parecido: se genera un ruido que también acaba adormeciendo. Ese es el riesgo que tenemos: que las nuevas generaciones no lleguen a comprender el verdadero significado del proceso que, a nuestro juicio, está gobernando —o mal gobernando— España en estos años. No podemos ignorar, además, una realidad incómoda: este proceso puede llevar, en un plazo relativamente corto, a que ETA alcance el poder en el País Vasco y en Navarra. Esa es una verdad muy incómoda para todos nosotros. A ello se suman dinámicas que ya estamos viendo: cesiones, blanqueamiento del historial de los terroristas, como si no hubiesen hecho nada. Todo esto contribuye a una desfiguración de la memoria. Por eso resulta especialmente duro pensar que en poco tiempo vamos a ver una España en la que ETA obtenga el premio del Gobierno.
¿Volvería a la primera línea de la política?
Yo siempre he pensado que en política hay primeras partes, como en los partidos de fútbol, pero no hay segundas. En este momento, el papel que me corresponde es otro: pensar, reflexionar y contribuir a que surja una minoría creativa sobre fundamentos cristianos. Creo que uno de los grandes errores de estos años ha sido apartar a Dios. Eso no significa, en ningún caso, un deseo de imponer la fe —la fe no se impone, se propone—, pero tampoco se esconde. Hemos perdido una serie de equilibrios importantes, y la crisis de Europa es, esencialmente, una crisis espiritual. Esa es la tarea en la que estamos empeñados un grupo de personas desde la Fundación NEOS y otras instituciones. La política partidaria es necesaria, sin duda, pero yo creo que es para jóvenes, para otros, que tienen que tener un cierto reconocimiento por la dificultad de la tarea que están llevando a la práctica. NEOS no va a ser un partido político nuevo, no es su vocación: nosotros estamos para articular minorías creativas. Nosotros necesitamos nuestro pequeño calvario o Gólgota para demostrar la autenticidad de lo que defendemos, para demostrar que no buscamos el poder sino regenerar, refundar, repensar, hacer reconocible España y Europa, que hoy no lo son.
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