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El día a día de Florencia en una escuela con 18 niños de 2 a 3 años: "operaciones pañal", cambios de ropa y... "no tenemos manos"

La jornada laboral se ve desbordada por la acumulación de tareas básicas y burocráticas con casi una veintena de niños por educadora

Florencia Manduci.

Florencia Manduci. / LNE

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Sara Bernardo

Sara Bernardo

"La base de nuestro problema son las ratios", lamenta la educadora Florencia Manduci que trabaja en la Escuela Infantil de La Toba, en Avilés. Trabaja en el aula de 2 a 3 años en el que hay 18 bebés para dos personas. En su caso, cuenta con una compañera en el aula aunque no en todas las escuelinas ocurre. La bajada de niños por clase y la obligatoriedad de dos educadores por aula, son algunas de las reivindicaciones de CCOO, que este jueves ha vuelto a convocar una jornada de huelga y una manifestación que partió desde la estación de Renfe, en Oviedo, hasta la Consejería de Educación. Pero la reivindicación no se entiende del todo sin mirar dentro de un aula cualquiera, un día cualquiera.

El de Manduci empieza a las 9.00 horas, aunque muchas veces llega antes para preparar el espacio. Poco a poco van entrando los niños. Dieciocho. Dieciocho realidades distintas en una etapa, la de los 2 a 3 años, marcada por la adquisición de autonomía, pero también por una "enorme dependencia del adulto". "Hacen cosas por sí mismos, pero siempre bajo nuestra supervisión y con nuestra ayuda", afirma.

La mañana arranca con una pequeña asamblea en la que interactúan, hablan y cantan. Pero hacia las 10:00 llega uno de los momentos clave del día: el primer cambio de pañal o salida al baño. En su grupo conviven niños que ya usan el inodoro, otros que aún llevan pañal y algunos que están en pleno proceso de dejarlo. Cada uno necesita tiempos, atención y acompañamiento distintos.

"Nos repartimos como podemos", asegura Manduci. Cambian a los pequeños, los acompañan al baño, ayudan a subirse y bajarse la ropa y limpian. Esa secuencia no ocurre una sola vez sino que se repite hasta cuatro veces a lo largo de la jornada. Y entre medias, lo imprevisible: escapes, accidentes, llantos. Cuando eso ocurre (algo habitual a esas edades) una de las dos educadoras tiene que salir con el niño al aseo. La otra se queda sola en el aula con los 17 restantes.

Ahí es donde, según explica, la ratio deja de ser un número y se convierte en "tensión constante". No se trata solo de atender necesidades básicas, sino de hacerlo sin perder de vista al grupo, evitando conflictos, caídas o situaciones de riesgo. "No tenemos manos", resume.

Para ella, el momento más complejo llega antes de la comida. Preparar a 18 niños de dos y tres años para bajar al comedor es una coreografía milimétrica: los llevan otra vez al baño a lavarse las manos, vuelven al aula, colocan baberos, organizan filas y se aseguran de que nadie se queda atrás ni se mueve. "Y mientras vistes a uno tienes que estar controlando al resto", señala.

Es en esa acumulación de pequeñas tareas (todas necesarias y urgentes) donde las educadoras sitúan el origen del problema. "Son demasiados niños, demasiado pequeños y en algunos centros para una única persona", lamenta.

Después de la comida, llega la siesta. "Ese tiempo nos lo repartimos para poder comer", explica. Y entre ese sinfín de cuidados, las tareas burocráticos que la administración exige. "Es completamente imposible hacerlo dentro de la jornada laboral", expone Manduci tras relatar en orden cronológico su día a día.

CCOO es el único sindicato que continúa con las movilizaciones después de que UGT, USIPA y CSIF llegasen a un acuerdo con la Consejería en noviembre. En él se prometía una hora para tareas administrativas "siempre y cuando la atención a los niños lo permitiese". "Es imposible salir una hora del aula sabiendo que vas a dejar a tu compañera sola con los 18 bebés", se queja.

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