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Alicia, la estudiante asturiana de 17 años que se convirtió en astronauta por un día: "Es muy difícil describirlo porque es una experiencia única"

Treinta alumnos seleccionados por la Agencia Espacial Española probaron un vuelo a gravedad cero, entre ellos la joven ovetense: "No tienes control sobre nada, pero al mismo tiempo sientes una gran paz y, en mi caso, muchísima alegría".

Alicia Fernández junto al astronauta Pablo Álvarez.

Alicia Fernández junto al astronauta Pablo Álvarez. / LNE

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Sara Bernardo

Sara Bernardo

A sus 17 años, Alicia Fernández tiene claro hacia dónde quiere dirigir su futuro. Es estudiante de Segundo de Bachillerato tecnológico en el IES Doctor Fleming de Oviedo y su vocación apunta alto: "Me gustaría estudiar ingeniería aeroespacial", afirma con seguridad. Pero antes incluso de pisar una universidad, la joven ya ha vivido una experiencia que muchos solo imaginan: flotar en gravedad cero.

Fernández fue una de las seleccionadas por la Agencia Espacial Española para participar en el proyecto educativo "Astronauta por un día", impulsado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Un programa pionero que ha permitido a 30 estudiantes experimentar condiciones similares a las del espacio gracias a un vuelo parabólico que tuvo lugar este miércoles en la Base Aérea de San Javier (Murcia). "Fue maravilloso. Es muy difícil describirlo porque es una experiencia única", resume.

Esta iniciativa tuvo como objetivos fomentar las vocaciones científicas y tecnológicas entre los jóvenes, promover el interés por las ciencias y tecnologías del espacio, y acercar la experiencia espacial a la sociedad. Aunque Fernández lo tuvo claro desde pequeña. "Siempre quise ser astronauta, que es lo típico que dicen los niños, pero en mi caso cumplí el sueño", sonríe.

Un proceso exigente

El camino hasta ese vuelo no fue fácil. "Me enteré de que estaban ofertando el proyecto por una charla que tuvimos en el instituto", recuerda la joven. "Envié mi expediente académico junto con una solicitud y un cuestionario inicial", explica.

Superada esa fase, (en la que todos los solicitantes continuaron, ya que no se alcanzó el límite de 500 plazas) llegó el verdadero filtro: un vídeo hablando sobre ella. "Tenías que explicar quién eras, qué te gustaba, por qué querías participar... Hablar un poco del espacio y de ti mismo", asegura. De los 480 vídeos enviados, solo 40 estudiantes fueron seleccionados.

Tras ello, les hicieron una prueba médica de la que finalmente salieron 25 bachilleres y 5 universitarios. "Esos fuimos los que hicimos el vuelo", celebra. La experiencia tuvo lugar en un avión adaptado, capaz de generar periodos de microgravedad mediante maniobras parabólicas. "Por fuera es como un avión normal, pero por dentro es un pasillo enorme, acolchado, con redes y barras", describe.

El momento álgido llega cuando la aeronave cambia bruscamente de trayectoria. "Pasas de estar a 2G y doblar tu peso a de repente estar en 0G y empezar a flotar", asegura. Lejos de resultar aterrador, Fernández lo vivió con ilusión: "Más que miedo te sientes como un niño pequeño. No tienes control sobre nada, pero al mismo tiempo sientes una gran paz y, en mi caso, muchísima alegría".

El grupo participante dentro del avión.

El grupo participante dentro del avión. / LNE

La maniobra dura apenas 20 segundos, pero el tiempo parece estirarse: "Aunque parezca mentira podías hacer un montón de cosas como dar volteretas, cruzar la cabina o jugar con burbujas de agua". Una de las imágenes que más le impactó fue precisamente la del agua. "Se quedaba flotando en forma de esfera perfecta y podías separar gotitas y beberlas... Era rarísimo", se ríe.

Programa educativo

El programa no se limitó al vuelo. Durante tres días, los participantes convivieron con expertos del sector, incluyendo astronautas. Entre ellos, el veterano francés Jean-François Clervoy, que ha viajado tres veces al espacio. "Dijo que el vuelo era exactamente lo que se sentía en un viaje real", asegura, eufórica.

La experiencia la compartió, también, con la ministra Diana Morant, que estaba en el mismo grupo que Fernández. "Yo no me esperaba tanta repercusión", sonríe. Pero lo que más ilusión le hizo fue conocer a Pablo Álvarez y Sara García, los dos astronautas españoles. "Me gustó mucho conocer a Pablo porque además él estudió la ingeniería que a mí me gusta y en la Universidad de León, que es a la que quiero ir yo", explica.

Aunque Fernández mantiene los pies en la tierra. "Ser astronauta me encantaría, pero es muy complicado. En la última convocatoria seleccionaron a 12 personas de 25.000", lamenta. Por eso, contempla otras vías dentro del sector: "Me gustaría diseñar cohetes, satélites o aviones".

Una experiencia difícil de olvidar que, más allá de la anécdota, deja huella en quien la vive. Alicia Fernández ya ha probado, aunque sea por unos segundos, lo que significa desafiar a la gravedad. Ahora, de vuelta a las aulas, sigue construyendo paso a paso el camino que la acerque, algún día, a ese mismo cielo que ya ha empezado a explorar.

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