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El "salto fundamental" que ultima TSK para tener un futuro "más verde y digital"

"Tenemos una gran capacidad de adaptación, algo fundamental en periodos de incertidumbre,", asegura el CEO de la compañía de ingeniería, que ya ha asegurado la colocación de 150 millones para su salida bursátil del próximo miércoles

Sede de TSK, en el Parque Tecnológico de Gijón.

Sede de TSK, en el Parque Tecnológico de Gijón.

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Yago González

Yago González

Oviedo

En 1986, España ingresó en la entonces llamada Comunidad Económica Europea, Felipe González revalidó por primera vez su mandato tras llegar a la Moncloa cuatro años antes y estalló la alarma social por la epidemia del sida. En Asturias, Mario Vargas Llosa y Luis García Berlanga destacaron entre los galardonados de los Premios Príncipe de Asturias y los gijoneses contuvieron la respiración cuando el carguero español "Castillo de Salas", lleno de carbón, naufragó frente a la ciudad. Fue también ese año cuando Sabino García Vallina, ingeniero técnico industrial de 39 años, fundó en Gijón la empresa de ingeniería TSK. Cuatro décadas después, la compañía está a punto de realizar uno de sus hitos más importantes con su salida a Bolsa el próximo miércoles.

El acontecimiento es muy importante para una firma que, a pesar de haber atravesado momentos difíciles en los últimos años, sigue consolidada como una referencia en el sector de los proyectos llave en mano, como se conoce en el ámbito de la ingeniería a aquellos en los que todas las fases del proceso para construir una determinada instalación (desde el diseño hasta la edificación final) las realiza una misma empresa.

TSK cuenta hoy con 1.500 trabajadores, desarrolla proyectos en los cinco continentes y el año pasado obtuvo unos ingresos de 1.035 millones de euros y un beneficio de 32 millones. Pero la compañía no se conforma y quiere reforzarse en actividades que considera esenciales para el futuro. Maneja una cartera de proyectos estimada en 1.300 millones de euros, y para financiarlos requiere de una ampliación de capital en la que ya ha asegurado al menos 150 millones por parte de gestoras de fondos extranjeros y españoles que suscribirán entre 30 y 33,7 millones de acciones. El precio de los títulos se concretará mañana.

No obstante, se espera que ningún inversor individual tenga más de un 3% del capital, y la familia García Vallina aspira a seguir manteniendo el control.

"La salida a Bolsa es un salto importante, fundamental para la compañía en su estrategia de crecimiento, focalizada en sectores claves de futuro como la transición energética, la digitalización y el manejo y almacenamiento de minerales críticos", asegura el consejero delegado, Joaquín García Rico, hijo de Sabino García Vallina, quien sigue ejerciendo de presidente.

"Sigo aprendiendo de mi padre, de él y de todo el equipo de profesionales que hacen posible que TSK sea la empresa que es, el aprendizaje nunca termina", asegura García Rico. "Liderar desde la preparación exhaustiva, la responsabilidad y la disciplina fue quizás mi primera enseñanza. La importancia del esfuerzo, la visión a largo plazo y la resiliencia son valores presentes en TSK, valores que ponen de manifiesto que la empresa está por encima de las personas y de la propia familia", destaca el CEO.

Cuando su padre constituyó la compañía en 1986, no partió de cero. La empresa surgió como suma de las capacidades de la división de ingeniería eléctrica de la empresa gijonesa Erpo y del área de montajes eléctricos de su filial Ertank. Entonces tenía un centenar de empleados. En su primer año facturó el equivalente en pesetas a 4,8 millones de euros. Tras la adquisición de Erpo, el intenso crecimiento de la compañía se produjo tanto por vía orgánica como inorgánica, esto es, mediante la compra de otras empresas, lo que le permitió extender sus operaciones a otras actividades de ingeniería. La primera anexión la hizo en 1995, con la compra de la alemana PHB Weserhütte.

Expansión y dificultades

En los doce años siguientes, su desarrollo fue endógeno: en 1999 inició la actividad en medioambiente (plantas de tratamiento de agua), en el 2000 se abrió al mercado internacional; tres años después constituyó sus primeras filiales en el extranjero y en 2005 se adentró en la energía solar.

Durante los siguientes años, TSK prosiguió en la adquisición de ingenierías, el establecimiento en más países y el desembarco en nuevos segmentos de negocio. Entre sus recientes obras más notables en España destacó la del sistema que permite recoger de forma automática el césped del estadio Santiago Bernabéu del Real Madrid.

El sector de la ingeniería lleva una década en dificultades, agravadas por la pandemia de covid y la guerra de Ucrania. Adversidades a las que TSK no ha sido ajena, pero García Rico explica cómo las está afrontando: "Reenfocamos nuestra estrategia centrándonos en la descarbonización y digitalización, siendo selectivos en los proyectos y aprovechando una de nuestras fortalezas: las alianzas preferenciales con grandes clientes y proveedores tecnológicos internacionales atesorados durante tantos años de actividad" .

Y añade: "Somos una compañía flexible, con una gran capacidad de adaptación, algo fundamental en periodos de incertidumbre, porque cambios habrá siempre y cada vez serán más rápidos".    

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