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"Hay chicos que tienen dependencia, hacen que su corazón vaya a mil", consenso social para la prohibición de bebidas energéticas

El anteproyecto de Ley sobre la prohibición de las bebidas energéticas a menores de 16 años responde a una necesidad que viene de lejos. Los consumidores van en grupo, suelen ser chicos y coleccionan las latas que compran

Alejandro Barbosa abriendo la nevera de bebidas energéticas de su establecimiento.

Alejandro Barbosa abriendo la nevera de bebidas energéticas de su establecimiento. / Nacho Blanco

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El anuncio de este martes del anteproyecto de Ley que prohibe el consumo y distribución de bebidas energéticas a menos de 16 años responde a una preocupación social cada vez más extendida. La norma se prevé que estará operativa para 2026, y tendrá sanciones de hasta 100.000 euros, equiparables en sus primeros dos tramos a las aplicadas a infracciones relacionadas con alcohol y tabaco.

La conciencia sobre este tema va creciendo, pero esto no evita que las fachadas de los establecimientos que las venden sigan anunciando sus docenas de variedades, con colores llamativos y celebridades que invitan a comprar las latas. Muchos de estos pósters, de marcas como Red Bull, Monster, Eneryeti o Burn, recubren el escaparate de la tienda Locutorio Nightmarket. Allí, Alejandro Barbosa, nos explica como cada vez que hay una bebida nueva, muchos chicos van a comprarla, "para ver a qué sabe". Aunque en su mayoría vende a mayores de edad que necesitan un chute de energía antes o después de trabajar, ha visto a muchos chicos que tienen dependencia, "les altera, hace que su corazón vaya a mil".

Graciela Burés, propietaria de la marca Caramelo que tiene varias tiendas repartidas por Oviedo, recalca que está «totalmente de acuerdo con la medida». Pero avisa, "si no lo vendo yo pero lo vende el de al lado, no vale para nada, así que va a ser complicado". Burés ha visto a personas muy enganchadas, que "incluso vienen con la mano temblando", aunque reconoce aliviada que "son los menos". Y apunta, "cada vez hay más gente concienciada, se sigue vendiendo mucho pero empiezas a oír conversaciones frenándose entre ellos".

En relación a esto, Burés ha decidido solo vender las latas más clásicas, evitando toda las nuevas variedades que sacan las compañías cada año. Este problema también lo comenta Romina López, de Chuchelandia, que menciona que "ahora todas las marcas sacan latas con colores llamativos y con sabor a fruta, que apelan a un público más joven". Además, también tienen máquinas expendedoras, y ante la necesidad de colocar un sistema de reconocimiento de edad, prefieren retirar las bebidas energéticas de su circulación.

Coleccionistas y en grupo

El perfil del consumidor joven suele ser siempre el mismo. Suelen ir en grupos de siete u ocho chavales, en busca del nuevo sabor o la nueva lata patrocinada por su personalidad favorita. Muchos vienen movidos por tendencias que ven en redes sociales como Tiktok, en dónde se promocionan mucho este tipo de bebidas.

Según los vendedores, cada integrante del grupo suele comprar una variedad distinta en su particular "tour" por la tienda. Son mayoritariamente chicos y nunca vienen acompañados de mayores. Además, es común que adquieran estos productos al salir del colegio, en los recreos cuando son autorizados a dejar el recinto o como complemento a actividades deportivas.

Algunos como Ismael Panizo, Laia García, Daria Matviiets y África Guibert, no necesitan todas las campañas de concienciación y sensibilización que prevé el Principado. Ellos tienen entre dieciséis y diecisiete años, y están muy a favor del proyecto. "Vemos a mucha gente al frente del colegio con bebidas energéticas que sacan de una máquina expendedora". Ellos entienden el consumo esporádico de las mismas en época de exámenes, cuando la presión y la ansiedad hacen mella, pero las preocupa la normalidad que han cogido este tipo de refrescos: "Ver a niños de doce o trece años bebiendo una lata de Monster en el parque no me parece normal".

Lo mismo piensa Andrés Martín, que añade que "ya podrán tomar decisiones más conscientes cuando sean mayores de dieciséis años, es como tomarse cinco o seis cafés al día, y para un chaval de esa edad es demasiado".

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