Jaime de los Santos, vicesecretario de Igualdad del PP e historiador del Arte: "La verdad es un bien superior que ni en época de Caravaggio se asumía como imprescindible, y que hoy sigue sin valorarse"
"En cuestión de igualdad y violencia, hay que dejar de amparar o justificar a quienes tienen actitudes indeseables; lo que estamos sabiendo últimamente de personajes como el exministro Ábalos es sencillamente repugnante"

Jaime de los Santos. / LNE
Jaime de los Santos González (Madrid, 6 de agosto de 1978), vicesecretario de Educación e Igualdad del PP, historiador del arte y escritor, se adentra en la figura de Caravaggio para construir mucho más que una novela histórica: un alegato contra la mentira y la simplificación de los seres incómodos. En "El Evangelio según Caravaggio", rescata al pintor italiano de siglos de tópicos para devolverle su dimensión más humana y revolucionaria. A través de un diálogo fascinante con la mirada de Pier Paolo Pasolini, De los Santos reflexiona sobre el arte como provocación, sobre los márgenes convertidos en centro y sobre la necesidad de seguir defendiendo la verdad en tiempos de ruido y polarización. En esta conversación, habla de literatura, política, igualdad, memoria y también de Asturias y "La Regenta", la novela de Clarín por la que confiesa su fascinación. Jaime de los Santos estará en el Club LA NUEVA ESPAÑA este viernes, 15 de mayo, a las 19.00 horas.
¿Cuándo nace su fascinación por Caravaggio y en qué momento siente que su vida debía convertirse en novela?
Hay obsesiones que, muchas veces sin darnos cuenta, nos acompañan desde siempre. Mi amor por Caravaggio ha estado ahí toda la vida. Arranca de pequeño en el Museo Del Prado, con mis padres y hermanas. Se multiplica en las clases de Historia del Arte del instituto. Y alcanza su máximo en la Universidad Complutense. Una “relación” de idas y venidas, sí, pero siempre bajo la más absoluta de las fascinaciones. Quizá por mi proximidad al teatro —¿no es teatro casi todo lo que ocurre en sus lienzos?—. Quizá por mi defensa absoluta del valor de la verdad.
Su libro huye de la caricatura del artista violento para mostrar a un hombre profundamente humano. ¿Cree que tendemos a simplificar a los personajes complejos hasta convertirlos en mitos cómodos o demonios útiles?
Lo que defiende mi Evangelio es el derecho que todos tenemos a ser lo que queramos. Y un canto a la verdad como bien superior que ni en época de Caravaggio se asumía como imprescindible y que hoy se sigue sin valorar. Una verdad que, además, se le debía al pintor; del que se han dicho y dicen muchas mentiras. Por eso la huida hacia adelante. Hacia la verdad de su vida y su obra. De Caravaggio, casi todo lo que creemos saber es falso. Y toda la panoplia de mentiras que se han acumulado a lo largo de los siglos responden a una búsqueda denodada por destruir al genio, y al desconocimiento de la historia que sigue caracterizando tristemente a una gran parte de nuestra sociedad.
Caravaggio llevó a los pobres, prostitutas, cuerpos imperfectos y almas heridas, al centro de la pintura. ¿Sigue siendo incómodo hoy un arte que obliga a mirar aquello que preferimos ignorar?
El arte debe ser incómodo o… o no estará cumpliendo su función. Tiene que ser revulsivo y valiente y ofrecer respuestas a la vez que no deja de hacer nuevas preguntas; moleste a quien moleste. El arte nos debe interpelar a todos, y en el caso de Caravaggio lo hace desde diferentes prismas: a los poderosos para recordarles que el mundo era mucho más que sus palacios y privilegios; a los que menos tenían para convencerles de que también ellos formaban parte de un “todo” del que Dios no se olvidaba. Hoy, aún, seguimos siendo todos un poco como Dorian Gray y preferimos que nuestros defectos queden ocultos en un retrato que casi siempre está bajo mil llaves. Por eso Caravaggio sigue siendo tan necesario.
Uno de los ejes más originales del libro es el diálogo entre Caravaggio y Pier Paolo Pasolini. ¿Qué comparten ambos sobre la mirada hacia los excluidos y la relación entre belleza, verdad y poder?
Del mismo modo que Caravaggio elegía a sus modelos en los márgenes, entre los más desfavorecidos y olvidados, Pier Paolo Pasolini convierte en protagonistas absolutos de todas sus cintas a hombres y mujeres de los barrios más depauperados de la Roma posterior a la II Guerra Mundial, sin preparación actoral pero llenos de realidad. Para mostrarle al mundo, los dos, que esa es la única verdad que merece ser ensalzada. Y si el primero lo que buscaba era ser fiel a las Santas Escrituras cuando escogía a simples peregrinos para convertirlos en los discípulos de Jesús, a Pasolini lo que le va a interesar es sacar de la oscuridad burguesa a todos aquellos que nadie quería mirar. Y es que cuando te sientes parte de esos márgenes… todo lo entiendes mejor. Porque empatizas con quienes, como tú, sufren o han sufrido y porque, al menos en su caso, te sientes descubierto y en la obligación de actuar y dar respuestas. Y mira que le costó caro…
Usted combina la escritura y la historia del arte con la política activa. ¿Ha aprendido más sobre la condición humana en los museos o en las instituciones?
Sobre lo que somos, sobre quiénes somos, donde más he aprendido ha sido en mi casa, con mis padres, que nos han obligado, a mis cuatro hermanas y a mi, a mirar a todo el mundo por igual. Después, gracias a la política, he tenido la oportunidad de conocer los problemas reales de tantas y tantas personas a las que quienes nos dedicamos a lo público tenemos la obligación de ayudar. La política, lo mismo que la cultura, cuando se hace bien y de verdad tiene una función parecida: cambiar las cosas. Y a eso siempre he estado dispuesto. Y le aseguro que no voy a dejar de estarlo.
Como vicesecretario de Igualdad del PP, ¿cree que España está fracasando en la lucha contra la violencia de género, especialmente cuando las cifras de asesinatos y agresiones siguen siendo insoportablemente altas?
Es un clamor que las medidas que se han tomado en los últimos 8 años no son suficientes. Por mucho que seamos uno de los países más igualitarios del planeta, sigue habiendo mujeres que sufren la lacra de la violencia machista, y eso es algo que debería interpelar a toda la sociedad. No es suficiente con eslóganes vacíos y banderas ya estériles. Hay que trabajar y educar y multiplicar las penas a quienes no respetan a las mujeres. Hay que dotar de más efectivos a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y asegurarnos de que las herramientas de las que disponen los magistrados para proteger a las mujeres funcionan de verdad. Hay que combatir sin titubeos una situación que es dolorosísima para todos. Y hay que dejar de amparar o justificar a quienes tienen actitudes indeseables —lo que estamos sabiendo últimamente de personajes como el exministro Ábalos es sencillamente repugnante—.
¿Qué autocrítica debería hacer hoy la política —también su propio partido— respecto a las estrategias de igualdad y protección de las mujeres?
Mientras que haya una sola mujer asesinada ninguno estaremos cumpliendo con nuestra obligación. Ni los políticos ni la sociedad en su conjunto. Todos debemos estar alerta. Todos debemos educar a nuestros hijos en una igualdad real. Y quienes tenemos responsabilidades públicas no podemos dejar de luchar para conseguir la erradicación de un tipo de violencia que, sí, a quien afecta es a las mujeres por el simple hecho de serlo; digan lo que digan algunos. De ahí la importancia del Pacto de Estado que diseñó Dolors Montserrat, porque nos puso más cerca de la solución. Pero no ha sido suficiente. Y, casi una década después, tenemos que seguir diseñando políticas efectivas —especialmente educativas— para que el origen del problema, la mirada muchas veces superior del hombre sobre la mujer, desaparezca.
En un contexto de polarización creciente, ¿le preocupa que cuestiones como el feminismo, los derechos LGTBI o la violencia machista hayan dejado de tratarse como consensos éticos para convertirse en armas partidistas?
Hay quienes sin duda las utilizan en esa dirección —a la vez que cuentan entre los “suyos” con los más puteros, machistas y lgtbifóbicos—. A mí, por ejemplo, cada año, quienes dicen defender los derechos del colectivo bajo unas siglas concretas, me intentan arrinconar en la manifestación estatal que atraviesa la ciudad de Madrid desde hace décadas en defensa de los derechos LGTBI, por el hecho de ser del PP. Como si a mí no me hubiera impactado toda la desigualdad de siglos que ahora, casi y entre todos, ha sido borrada. Como si yo no tuviera los mismos derechos que un gay con otra ideología. Son siempre los mismos, muy pocos, esos que dicen luchar por la igualdad pero siempre desde la exclusión de quienes no pensamos como ellos. Unos cuantos sectarios que parecen no aceptar que ya se ha andado una parte enorme del camino y que en vez de preocuparse por que se den pasos atrás y que lo poco que queda por alcanzar se alcance, prefieren seguir vociferando para sentirse útiles y parte de algo que, ni mucho menos, debería ser excluyente.
Caravaggio y Pasolini fueron figuras perseguidas o incomprendidas por desafiar las normas de su tiempo. ¿Seguimos castigando socialmente a quienes cuestionan determinados relatos dominantes?
A Pasolini, al que intentaron incluso excomulgar, le debemos la película más bella y fiel al Evangelio sobre la vida de Jesús de la historia: “El evangelio según San Mateo”. Y no lo digo yo, o no sólo; el propio Papa Francisco se decantó por esa cinta maravillosa y por “La vocación de san Mateo” de Caravaggio como la pintura más bella de cuantas él había podido ver —casi como si se adelantara a mi novela—. Y si la Iglesia se puso en contra de ambos fue, sobre todo, porque tanta verdad les achicaba su espacio. Si, con Caravaggio, con sus lienzos, la relación entre el hombre y Dios necesitaba poco de intermediarios, su poder se veía comprometido. Si con las historias de Pasolini lo que se evidenciaba muchas veces eran las injusticias de una sociedad que se decía tan católica como abandonada, la institución quedaba en entredicho. Dicho esto, no obstante, ambos parecen atraídos por vivir siempre al límite, a su manera, anteponiendo su mirada a las normas establecidas y casi siempre castrantes.
¿Le hace ilusión venir a Asturias?
Mucha. Muchísima. Me encanta esta tierra. Aquí tengo grandes amigos —Mercedes Fernández, Álvaro Queipo—. Y me fascina vuestro arte. El prerrománico asturiano es una de las manifestaciones arquitectónicas que más me emociona. Y se lo confieso: uno de los libros que más veces he leído es La Regenta.
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