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Preocupante radiografía de la infancia y adolescencia en Asturias: más de 300 menores recibieron ayuda el año pasado por depresión, ansiedad o pensamientos suicidas

Un estudio de la Fundación Anar encargado por el Principado revela que más de la mitad de los jóvenes atendidos el año pasado sufrían algún tipo de violencia

La directora general de Infancia y Familias, Clara Sierra; Marta del Arco; y el director técnico de la Fundación Anar, Benjamín Ballesteros.

La directora general de Infancia y Familias, Clara Sierra; Marta del Arco; y el director técnico de la Fundación Anar, Benjamín Ballesteros. / PdA

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Oviedo

La infancia y la adolescencia presenta una radiografía preocupante en Asturias. Un estudio de la Fundación Anar revela que más de la mitad de las peticiones de ayudas que recibieron en la región el año pasado presentaban algún tipo de violencia. No solo eso, sino que los casos que atendieron van acompañados a su vez de problemas de salud mental y, en muchos casos, situaciones persistentes en el tiempo.

El estudio, encargado por la Consejería de Derechos Sociales y Bienestar dentro de la Estrategia Asturiana para la Promoción de los Derechos y la Erradicación de la Violencia contra la Infancia y la Adolescencia 2024-2030, analiza las 4.709 peticiones de ayuda registradas en 2025 por la fundación, una media de 392 al mes.

Estas consultas permitieron intervenir en 316 casos de niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad, riesgo o desamparo, un 4,6% más que el año anterior. La diferencia entre el número de peticiones y los casos atendidos se explica porque muchas comunicaciones se refieren a una misma situación o corresponden a demandas de orientación que no requieren intervención directa. De estos casos, 174 corresponden a víctimas de violencia.

El análisis refleja que las situaciones atendidas presentan una elevada complejidad, puesto que los menores presentaban varios problemas asociados. En total, los 316 niños y adolescentes acumularon 1.517 problemas, lo que supone una media de 4,8 problemáticas por menor. En los casos vinculados específicamente a la violencia, los 174 afectados padecieron 665 problemas, una media de 3,8 por víctima.

La violencia representa el 55,1% del total de casos atendidos. El informe distingue, no obstante, diferencias relevantes según quién realiza la consulta. Cuando llaman directamente los menores, el principal motivo es la salud mental, que concentra el 48,9% de sus demandas, mientras que la violencia supone el 35,3%. En cambio, cuando quienes contactan son adultos del entorno familiar o escolar, la violencia asciende hasta el 70,6% de los casos. La fundación interpreta esta diferencia como una muestra de que "los adultos suelen identificar el origen del problema, mientras que los niños y adolescentes expresan con más frecuencia sus consecuencias emocionales".

Depresión e intentos suicidas

El perfil mayoritario de las víctimas de violencia atendidas por Anar en Asturias es el de una menor mujer. Las niñas y adolescentes representan el 59,2% de los casos, frente al 39,7% de varones. Por edades, aunque los adolescentes concentran una parte importante de las situaciones, el informe destaca la vulnerabilidad de los más pequeños: el 22,4% de las víctimas tenía entre 0 y 7 años.

Uno de los aspectos más relevantes del estudio es la relación entre violencia y salud mental. Entre los menores que sufrieron algún tipo de violencia manifestaron depresión, tristeza, fobia, miedo o ansiedad. Además, un nueve por ciento tuvo intentos suicidas y el mismo porcentaje, autolesiones.

Asimismo, se constata que las tecnologías están presentes en el 67,1% de los casos de violencia, lo que evidencia el creciente peso del maltrato digital

La consejera de Derechos Sociales, Marta del Arco, afirmó que el informe “permite avanzar en el conocimiento de una realidad que a menudo permanece oculta” y subrayó que contar con estos datos “resulta fundamental para reforzar la prevención, mejorar la detección temprana y ajustar la respuesta de los servicios públicos”.

“La protección de la infancia y la adolescencia requiere una intervención sostenida y coordinada entre todos los sistemas implicados”, insistió, porque “la detección tardía de los casos obliga a reforzar los mecanismos de alerta y la capacidad de intervención de los sistemas públicos”.

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