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Lo que dice la psicología de las personas que hacen fotos de los platos antes de comer: "Ahora eso es la bendición de la mesa"

Marino Pérez, catedrático de Psicología Evolutiva de la Universidad de Oviedo, advierte que hay un nuevo TOC: el de los selfis, hasta el punto de llegar a jugarnos la vida

Una persona hace una foto a su comida

Una persona hace una foto a su comida / Magnific

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Pablo Inés Soto

A lo largo de la vida, son innumerables las acciones que se realizan por costumbre y que están normalizadas en el día a día. Más allá de por rutina, en ocasiones la justificación reside en la búsqueda de una mayor seguridad o porque simplemente existen preferencias a la hora de llevar a cabo ciertas actividades. Aunque de algunas de ellas se tiene una total consciencia, otras tantas llegan a resultar tan automáticas que pasan desapercibidas. La mayor parte de la población ha desarrollado en algún momento de su infancia o vida adulta determinadas manías o rituales, unas más usuales que otras y dependientes de la etapa evolutiva o entorno de la persona. Llevar a cabo este tipo de conductas está dentro de la normalidad del género humano. Por ejemplo, en la niñez pueden tener relación con el juego al no querer pisar las rayas del suelo o tener los juguetes ordenados de una cierta manera.

No obstante, conviene separar lo normal de lo problemático. Es necesario si las manías comienzan a interferir en la vida de la persona y en su bienestar llegando a causar un considerable nivel de agobio y sufrimiento. En la actualidad, donde todo testimonio compartido es capaz de viralizarse en cuestión de minutos, muchos tienden a opinar que las manías, propias como ajenas, son obsesiones que forman parte de un TOC cuando en realidad pueden distar mucho de serlo. El Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) es un trastorno psicológico complejo que ocasiona un intenso malestar en quien lo padece y en el cual las compulsiones (que no manías) son únicamente "la punta del iceberg". Se da el caso inverso, sin embargo, de subestimar estas conductas en perjuicio de las complicaciones que pueden acarrear en el futuro verse inmerso en un círculo vicioso.

En el ámbito digital, como están presentes las ventajas que ofrece lo está su cara negativa al generar la adicción por la atención y validación de los demás. El ser humano es un ser social y por puro instinto de supervivencia se relaciona con su entorno. El inconveniente llega cuando para encontrarse bien con uno mismo, se necesita de manera constante la aceptación ajena. La normalización en la publicación de contenido de todo tipo en un sinfín de plataformas sociales las ha convertido en una especie de cadena sujeta a la muñeca de la que es tarea complicada desprenderse. Es tanto el espacio que se les otorga que el autoestima de algunas personas llega a depender en gran medida de un puñado de likes. Esta infatigable búsqueda de validación puede originar estrés, ansiedad y síntomas depresivos, existiendo por tanto una gran correlación entre el abuso de las redes sociales y el deterioro de la salud mental.

Uno de los trastornos más comunes

Son incuestionables los beneficios del acto de debitar para el desarrollo del conocimiento y el impulso de la creatividad. Ahora bien, en la otra cara de la moneda, la duda obsesiva compulsiva es una patología mental que se inicia en forma de la sensación de confusión mediante la necesidad constante de la comprobación, convirtiéndose en el motor principal de este trastorno obsesivo. Dejarse el coche abierto o el gas encendido son motivos de pánico para quienes lo sufren. La actriz Jessica Alba ha sido uno de los rostros más populares que abiertamente han confesado padecer este tipo de trastornos, manifestado de manera más intensa tras el nacimiento de su primer hijo. Experimentaba una necesidad abrumadora de asegurarse que todo en su entorno estuviera perfectamente ordenado y controlado, así como de desconectar todos sus electrodomésticos durante la noche. "Trabajar con profesionales de la salud mental y aprender a manejar mi ansiedad fueron pasos cruciales para normalizar mi vida", declaró.

El psicólogo Especialista en Psicología Clínica y Catedrático de Psicología de la Universidad de Oviedo, Marino Pérez Álvarez, afirma que "sin duda, existe un estilo de personalidad obsesivo-compulsivo caracterizado por el perfeccionismo, el orden tiquismiquis y la escrupulosidad en relación con la limpieza, la contaminación y la moralidad, como también hay un estilo depresivo o estilo ansioso. De hecho, hablar de estilo, aunque sea para decir estilo neurótico, sería menos estigmatizante que hablar de TOC, depresión o ansiedad como si fueran cosas que tiene alguien no se sabe dónde".

Lo que sea por un like

¿Contabilizas cada me gusta que reciben tus publicaciones? Agradar a los demás es un placer que toda persona anhela, de manera que muchos usuarios se afanan en buscar situaciones o retos llamativos con el único fin de ver crecer su cifra de likes y sentirse parte importante del gran universo social de las redes, sobresaliendo de su círculo más estrecho. Estas prácticas pueden llevar a asumir riesgos físicos si el fin va a justificar los medios. Los efectos más perjudiciales recaen sobre todo en el sector más vulnerable de la sociedad, los adolescentes, pues el tipo de relaciones que se establecen a lo largo de ese periodo incide directamente en su nivel de autoestima. Fomentar las conversaciones cara a cara, trabajar en su personalidad y supervisar el contenido publicado son tan solo algunas de las acciones que pueden contribuir a remitir esta dependencia. En 2025, la serie de Netflix más vista en los últimos tiempos, "Adolescencia", abordó el impacto de las redes sociales sobre la realidad de los menores.

¿A qué se debe esta fiebre por el impacto social? En palabras de Marino Pérez, "esta dependencia responde a la disponibilidad de una tecnología que permite recabar la atención de los demás, desde cualquier sitio y en cualquier momento. Un selfi, un vídeo que subimos y nos pone en modo expectante a ver la repercusión que tiene. Antes de que el móvil existiera, nadie tenía esta necesidad. La existencia de la tecnología crea la necesidad que ella misma satisface. Se trata de un narcisismo social y cultural, no ya solo normal sino normativo. Ahora, la bendición de la mesa antes de comer consiste en hacer una foto y enviarla. Las tecnologías que usamos y nos usan a nosotros fomenta cierto estilo TOC como por ejemplo la selfitis consistente en la manía de hacer selfis y buscar el más perfecto y extremo hasta el punto de que haya más muertes por hacer un selfi que por ataques de tiburones".

Entre amuletos y talismanes

Fuera de las pantallas, en el escenario más terrenal, los llamados talismanes y amuletos de la suerte para conjurar los malos espíritus han actuado durante siglos contra las numerosas supersticiones que se extienden a lo largo y ancho del planeta. En 2017, una encuesta elaborada por una compañía de viajes determinó que los españoles son los europeos más supersticiosos, reconociéndose como tal al menos un 60% de la población. Estas creencias son argumentos superficiales que permiten a las personas sentir que tienen el control de lo que les rodea en una manera de leer la realidad que les genera seguridad.

Por ejemplo, resulta mucho más sencillo pensar que el día no ha ido del todo bien a causa de levantarse con el pie izquierdo que analizar detenidamente las causas verdaderas. Los expertos sitúan en proximidad a la superstición las fobias y los TOC, aunque no por ello esta ha de suponerse como germen, pues pueden ser algo divertido que es parte de la cultura social. Por convicción o por apego a un familiar, son muchas las cerebritis que lucen distintos talismanes.

"Existe una necesidad profundamente humana de encontrar sentido y ejercer algún tipo de control -aunque sea simbólico o mágico- frente a la incertidumbre, la ansiedad y la sensación de vulnerabilidad de la vida contemporánea", declara el Catedrático, quien señala que aunque las generaciones más jóvenes no se muestran tan cercanas a los valores y creencias tradicionales, "no han dejado atrás las relacionadas con la suerte, la superstición o lo paranormal. Estas han reaparecido bajo nuevas formas asociadas a la cultura digital y la búsqueda de identidad en un contexto social percibido como incierto e inestable".

Sin ir más lejos, la actriz e influencer asturiana Paula Echevarría viaja siempre acompañada de un atrapasueños que cuelga siempre de su retrovisor, elemento protector con el que la protagonista de "Velvet" busca alejar las malas energías de su coche.

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