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La "desesperación" de una madre que reclama la incorporación de su hijo al centro de integración de Mieres: "Es muy sociable, y esto le afecta"

El joven lleva más de un año sin el apoyo tras un episodio de nerviosismo y agresividad que obligó a intervenir a la Guardia Civil

La Consejería de Derechos Sociales ha dado la opción a la familia de cambiar de sede para favorecer su "estabilidad y evolución"

Alba María Fidalgo con su hijo y su marido en un viaje.

Alba María Fidalgo con su hijo y su marido en un viaje. / LNE

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Oviedo

Alba María Fidalgo está “desesperada”. Su hijo tiene una discapacidad reconocida del 75%, pero lleva más de un año sin acudir al Centro de Apoyo a la Integración de Cardeo, en Mieres, tras un episodio de nerviosismo y agresividad. Una situación que la mierense ha intentado revertir sin éxito a lo largo de estos meses, enviando varios escritos a la Consejería de Derechos Sociales. No tuvo respuesta hasta hace solo unos días, después de que este periódico se interesase por el caso: le han planteado la posibilidad de que el joven acuda a otro centro, cuestión que está valorando.

Todo saltó por los aires el 29 de noviembre de 2024. Ese día, Jorge, el hijo de Fidalgo sufrió un episodio de agresividad que obligó a intervenir a la Guardia Civil (por protocolo, pues "no llegaron a actuar en ningún momento", asegura) y acabó con una de las trabajadoras interponiendo una demanda contra el joven. Además, provocó que las relaciones entre la familia y la dirección del centro se tensasen. Tanto es así que la directora les comunicó que “no se hacía responsable de lo que pudiera ocurrir dentro de las instalaciones”.

Ese episodio lo cambió todo, pero no fue el primero. Jorge comenzó a acudir al centro de Cardeo en septiembre en horario de 10.00 a 16.30 horas. Poco tiempo después este fue reducido al considerar la dirección que "la jornada se hacía muy larga" para el joven y que esto "podría provocar brotes de nerviosismo o agresividad", como los que había tenido en alguna ocasión. Además, se le pidió a Fidalgo que no acudiera en el autobús. "Lo aceptamos todo", cuenta la madre.

Cuando se produjo la expulsión, a Fidalgo se le comunicó en un primer momento que se pondría en contacto con ella una trabajadora del Ayuntamiento de Mieres, algo que nunca llegó a ocurrir. "En este año y medio nadie se ha puesto en contacto conmigo, no me han hecho ni caso", asegura.

Traslado a Oviedo

Pocos días después, recibieron la llamada de la Consejería planteando cambiarlo a un centro para personas con enfermedades mentales ubicado en Oviedo. Solución que Fidalgo rechazó: "Mi hijo no tiene ninguna enfermedad mental".

La directora de Cardeo, cuenta la madre, dice que su hijo tiene "autismo", pero "no existe ningún diagnóstico psiquiátrico que así lo establezca". No obstante, la mierense acudió por su recomendación a la Asociación Adansi, que sí determinó que el joven tenía "trastorno de espectro autista con un nivel 3 de aceptación", pero "todos los profesionales que trataron a Jorge estos años dicen que no es así".

"La directora solo me llamó cuando supo el diagnóstico de Adansi, no antes para preocuparse con él", lamenta Fidalgo, quien dice que, aparte de con la directora y con la trabajadora que interpuso la denuncia contra su hijo, "contra el resto del personal del centro no hay nada malo que decir". E insiste: "Mi hijo tiene una discapacidad a causa de la epilepsia, que le pongan el nombre que quieran. Me da igual, yo lo que quiero es que esté bien".

La segunda razón para rechazar el centro de Oviedo fue, precisamente esa, la epilepsia. La familia vive cerca de Cardeo, lo que le permite poder acudir en pocos minutos si su hijo necesita su presencia o se vuelve a dar una situación complicada.

Su único objetivo es encontrar la solución más adecuada y devolver a su hijo, Jorge, los cuidados especializados que tanto necesita, pues repercuten directamente en su autonomía personal y en su salud. "Esta situación está causando un grave problema a mi hijo, al cual se le está aislando y privando de la atención que necesita. Él es muy sociable y esta situación le está afectando mucho", insiste.

Llamada inesperada

Tras meses de espera, varios escritos y plantearse, incluso, iniciar un procedimiento judicial, Fidalgo recibió hace unos días la esperada respuesta de la Consejería de Derechos Sociales ofreciéndole, “tras una valoración individualizada de la situación”, plaza en otro centro, donde el joven pueda trabajar en un entorno diferente “que favorezca su estabilidad y evolución”.

Eso no implica, afirman en el Principado, “una desvinculación definitiva” del centro de Cardeo, “sino que responde a una medida de carácter temporal y terapéutico, orientada a mejorar su situación”. De hecho, se mantiene la posibilidad de que pueda regresar a su centro de origen una vez que se produzca una evolución favorable.

“Las decisiones se adoptan siguiendo criterios técnicos, priorizando el interés de la persona, su seguridad, y la del conjunto de usuarios y profesionales, así como la calidad de la intervención”, aseguran en la Consejería y defienden que su objetivo es “garantizar la mejor atención y bienestar a las personas”.

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