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"Tengo miedo de quedarme ciega": la angustia de una asturiana que lleva más de un año esperando por una operación

El HUCA estuvo tres años sin llamar a la paciente, que además es diabética y cuida a su marido, que padece ELA: "Es frustrante"

Raúl Prado y Belén Pereiro, en las inmediaciones de Gijón

Raúl Prado y Belén Pereiro, en las inmediaciones de Gijón

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Xuan Fernández

Xuan Fernández

Tengo una visión muy reducida en uno de los ojos. Si pierdo el otro, me quedo ciega”. Es el lamento de Belén Pereiro, una ovetense de 71 años que vive un auténtico suplicio marcado por el miedo a perder la visión debido a un problema derivado de las listas de espera del servicio de Oftalmología de la sanidad asturiana: lleva más de un año esperando por una operación.

A la situación de Belén se suma, además, un complicado contexto familiar. Su marido, Raúl Prado, padece un ELA avanzado y necesita cuidados prácticamente las 24 horas del día, ya que depende de respirador y de un asistente para toser.

La angustia acompaña a Pereiro desde hace ya dos años. “Vengo de una familia en la que muchos miembros padecían glaucoma”, explica sobre esta enfermedad ocular crónica que daña el nervio óptico y puede provocar ceguera. “Durante mucho tiempo estuve bien porque me hacían revisiones periódicas en el centro de salud de La Lila, en Oviedo, pero el oculista se jubiló hace cuatro o cinco años y entonces me derivaron al HUCA”, cuenta.

Mientras era atendida en el centro de salud, asegura que el seguimiento era constante y que la llamaban cada año para revisión. Todo cambió con la derivación al hospital. “En el HUCA estuvieron tres años sin llamarme. Cuando por fin me vieron, me operaron de uno de los ojos, de glaucoma y cataratas, el cual tengo ya casi perdido. Ahora tengo mal el otro y necesito operarme para no perderlo, pero me dicen que no saben cuándo será”, relata.

Pereiro fue operada de uno de los ojos tras acudir hace año y medio a Urgencias al sufrir una queratitis (inflamación de la córnea), que le provocó un intenso dolor. Si no llega a tener ese problema, asegura que lo más probable es que nadie del Hospital le hubiese llamado. Pasados unos meses, los médicos determinaron que debía ser operada del otro, pero todavía no tiene fecha.

Su caso dio todavía otra vuelta de tuerca el pasado febrero. Entonces llegó incluso a someterse al preoperatorio de la intervención, pero este terminó caducando sin que la operación llegara a realizarse. “El anestesista me dijo que no me preocupara, que el preoperatorio duraría entre 30 y 60 días, pero pasó el tiempo. Cuando llamé, una responsable de Oftalmología me dijo que no sabía por qué hacían preoperatorios si todos caducaban”, denuncia.

Desesperada, Pereiro buscó alternativas en la sanidad privada y pidió presupuesto en una clínica. La operación superaba los 5.000 euros, una cantidad que considera “inasumible”, especialmente por los gastos médicos y de cuidados que ya afronta la familia debido a la enfermedad de su marido. “Es frustrante, no sé bien qué hacer”, lamenta.

La ovetense, que además padece diabetes, asegura haber llamado en numerosas ocasiones al servicio de Oftalmología y critica algunas de las respuestas recibidas. “Una vez pregunté cuándo me operarían y me dijeron que eso no era una carnicería, donde sacas número y tienes orden de cola. Otra vez me dijeron que delante de mí había 2.700 pacientes. Es deprimente”, sostiene.

“El tiempo es esencial”

Belén también denuncia que, durante una consulta, llegaron a reprocharle haber tardado demasiado en acudir pese a su problema de visión. “Me dijeron que cómo había esperado tanto, cuando son ellos los que tienen que llamarme. El glaucoma es una enfermedad sin síntomas. Yo les respondí: ‘Oiga, yo no lo dejé correr; lo dejaron ustedes, que no me llamaron’”. Según afirma, también le trasladaron que solo se realizan operaciones dos días al mes, circunstancia que explicaría la extensa lista de espera.

Ante esta situación, Pereiro ha presentado una queja oficial en el registro dirigida al servicio de Oftalmología. En ella reclama una solución urgente. “Si ustedes no tienen capacidad para atender a los enfermos, sería de gran ayuda que me derivaran a otro lugar donde sí pudieran asumir la cirugía que necesito, porque el tiempo es esencial, en mi caso, para no perder la visión del otro ojo”.

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