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María Calvo

María Calvo

Presidenta de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE)

Corredor Atlántico: competitividad, no compensación

El verdadero debate no debería centrarse únicamente en cuándo llegará un eje capital, sino en qué coste tiene no culminarlo plenamente

Corredor Atlántico: competitividad, no compensación

Corredor Atlántico: competitividad, no compensación / LNE

Asturias lleva demasiado tiempo observando el debate sobre el Corredor Atlántico como si fuera una discusión técnica, una promesa administrativa o una reclamación territorial más. Y no lo es.

Para Asturias, el Corredor Atlántico no es solo una infraestructura. Es una decisión económica estructural. Una de esas decisiones que marcan durante décadas si un territorio gana competitividad o la pierde, si atrae inversión o la ve marcharse, si se integra en las grandes dinámicas europeas o queda relegado a una posición periférica.

Por eso el verdadero debate no debería centrarse únicamente en cuándo llegará, sino en qué coste tiene no culminarlo plenamente.

Asturias parte, además, de una ventaja esencial: una parte muy importante del camino ya está hecha.

La apertura de la Variante de Pajares ha supuesto un salto histórico. Durante décadas, Asturias reclamó una conexión moderna, competitiva y acorde con su potencial económico. La Variante no solo mejora tiempos o capacidad; corrige una de las mayores barreras estructurales que limitaban nuestra competitividad y nos acerca como nunca antes a la Meseta y a los grandes corredores nacionales.

Ha sido, sin duda, un salto de gigante.

Pero sería un error considerar que con ello el objetivo está cumplido.

Las grandes infraestructuras solo despliegan todo su valor cuando funcionan como sistemas completos, no como actuaciones aisladas. Y Asturias necesita ahora culminar esa transformación.

Quedan tramos pendientes esenciales. Queda garantizar una conexión ferroviaria eficaz con nuestros puertos, especialmente Gijón y Avilés, verdaderos activos estratégicos para la industria, la exportación y la logística del norte de España.

Y desde luego, es imprescindible completar el desarrollo de ZALIA y de una verdadera estación intermodal para que seamos el verdadero polo logístico del norte de España

Queda adaptar estaciones, modernizar nodos y asegurar que la red no termine únicamente atravesando Asturias, sino vertebrándola.

Y queda también una cuestión decisiva: construir un sistema de cercanías moderno, eficiente y bien integrado.

Porque el potencial del Corredor Atlántico no se medirá solo en grandes mercancías o conexiones internacionales. También dependerá de su capacidad para articular movilidad interna, conectar talento, facilitar acceso al empleo y cohesionar económica y socialmente el territorio.

El reto, por tanto, ya no es únicamente llegar a Asturias. Es hacer que Asturias aproveche plenamente esa llegada.

Nuestra comunidad no necesita inventar su vocación productiva. Ya dispone de industria, capacidad energética, puertos estratégicos, tradición exportadora y conocimiento técnico. Nuestra siderurgia, nuestra industria, nuestra capacidad logística y nuestro potencial energético sitúan a Asturias en una posición estratégica en la nueva política industrial europea.

El problema nunca ha sido la falta de activos. El problema ha sido, demasiadas veces, la falta de conectividad suficiente para convertir todo ese potencial en máxima competitividad.

En una economía donde las cadenas de suministro, la logística y el acceso eficiente a mercados son determinantes, la conectividad no es un complemento. Es una condición.

Y aquí Asturias sigue teniendo deberes pendientes.

Durante años, nuestras empresas han soportado mayores costes logísticos, mayores dificultades de conexión y obstáculos que han penalizado decisiones de inversión. El peaje del Huerna sigue siendo un ejemplo evidente de esa anomalía, pero no el único.

La economía no espera. Las empresas localizan inversión donde existen menos fricciones, mejores accesos y mayor previsibilidad. Cada retraso o cuello de botella reduce oportunidades.

Europa vive, además, un momento decisivo. La autonomía estratégica, la reindustrialización, la seguridad energética y la resiliencia logística vuelven a estar en el centro. Y ahí Asturias tiene una oportunidad extraordinaria.

Pocos territorios reúnen como el nuestro industria, energía, puertos, capacidad exportadora y posición atlántica.

Por eso el Corredor Atlántico no debe entenderse como una demanda territorial. Es una apuesta por aprovechar plenamente uno de los grandes activos industriales de España.

Invertir en Asturias no significa compensar a Asturias. Significa reforzar la competitividad nacional utilizando mejor un territorio clave.

Ahora bien, para lograrlo hace falta visión integral.

Infraestructura principal, sí. Pero también conexiones portuarias, red capilar, cercanías eficaces, suelo logístico, energía competitiva, simplificación administrativa y eliminación de costes artificiales.

La competitividad no depende de una única obra. Depende de que todo el sistema funcione.

Asturias está hoy más cerca que nunca de superar una barrera histórica. La Variante de Pajares ha abierto una oportunidad enorme. Pero las oportunidades estratégicas no se completan a medias.

El desafío ahora es culminar lo pendiente, conectar Asturias de verdad consigo misma, con sus puertos y con Europa, para transformar una gran obra en una verdadera palanca de crecimiento.

La pregunta ya no es si Asturias merece esta inversión.

La pregunta es si España está dispuesta a aprovechar todo el potencial industrial, logístico y energético que Asturias puede aportar.

Porque el Corredor Atlántico, bien culminado, no será solo una infraestructura.

Será una de las grandes decisiones económicas de futuro para Asturias y para España. No podemos permitirnos más dilaciones.

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