Opinión

Ex alta funcionaria del Ministerio de Hacienda y asesora empresarial del sector de la defensa
Un ecosistema que se complementa en defensa
De la aportación de Asturias en fabricación, montaje e innovación terrestre, a la construcción naval, electrónica avanzada y capacidades aeroespaciales de Galicia pasando por los drones, ensayos, ingeniería y profundidad logística interior de Castilla y León

Un ecosistema que se complementa en defensa / LNE
La defensa ha dejado de ser en España un sector periférico, fuera del foco de instituciones, inversores y financiadores, encerrado en unos pocos polos históricos y subordinado a decisiones tomadas muy lejos del territorio. La aceleración del gasto europeo, la exigencia de autonomía estratégica y la necesidad de reconstruir cadenas de suministro críticas han convertido a este sector en uno de los grandes vectores de la nueva política industrial.
En este contexto, el noroeste español –Asturias, Galicia y Castilla y León– cuenta con una serie de fortalezas no desdeñables: tradición fabril, capacidades metalmecánicas, puertos, suelo industrial, universidades y una cultura productiva acostumbrada a trabajar para sectores exigentes. La defensa puede ser una palanca de reindustrialización, innovación y cohesión territorial.
La nueva ETID 2026, la Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa, nos recuerda la importancia de la superioridad tecnológica en el nuevo contexto geopolítico y subraya la necesidad de integrar ecosistemas de innovación y tecnologías de uso dual en el sector de la defensa. El noroeste español puede encontrar aquí una oportunidad singular: no solo captar inversión, sino especializarse en capacidades con recorrido tecnológico y valor estratégico. Una nueva reconversión industrial.
Además, el rápido crecimiento del sector permite hablar ya de una geografía industrial de defensa más amplia y menos concentrada. Cuando una industria se expande de manera acelerada, deja de depender solo de un puñado de factorías tractoras y empieza a integrar cadenas de valor, pymes especializadas, "startups" innovadoras, centros tecnológicos y corredores logísticos. El reto es mayúsculo y la reorganización de los factores productivos debe estar a la altura.
En Asturias, el caso más visible es el de El Tallerón de Gijón, convertido por Indra en una pieza clave de su ambición industrial en programas terrestres. A ello se suma la posición de Santa Bárbara Sistemas en Trubia, un enclave histórico que sigue siendo central en la producción terrestre. Trubia no es solo memoria industrial: es capacidad instalada, mano de obra cualificada y conocimiento acumulado en vehículos y plataformas. Asturias vuelve a estar en el radar de la gran industria de defensa.
Es, por tanto, el momento de que Asturias consolide su posición como polo relevante de defensa e innovación en tecnologías de uso dual, especialmente en torno a los sistemas terrestres. Los vientos de cola son evidentes: la antigua Fábrica de Armas de La Vega, en Oviedo, avanza hacia su reconversión en un espacio urbano-tecnológico, patrimonial y de actividad económica, y ya ha funcionado como escaparate del ecosistema de defensa del norte con la celebración del III Encuentro del Ecosistema de la Industria Nacional de Defensa, organizado por Indra; la propia compañía prevé, además, la creación de un centro de I+D+i en Oviedo; Piedrafita ha centralizado en la ciudad sus servicios de desarrollo y programación de soluciones software; y Escribano Mechanical and Engineering ha ampliado su centro de I+D en Avilés. Asturias tiene así la oportunidad de convertir su tradición industrial en una ventaja competitiva en tecnologías críticas. La clave será que este impulso no se limite a la captación de proyectos aislados, sino que cristalice en un verdadero ecosistema de innovación, capaz de generar talento, propiedad tecnológica, inversión y empleo cualificado de forma sostenida.
Galicia ofrece una lógica distinta y probablemente más madura. Allí la gran ancla es Navantia en Ferrol, que sigue siendo uno de los activos industriales más importantes del país. Pero Galicia ya no es solo Ferrol. Los movimientos recientes de Indra en Vigo y Lugo apuntan a una segunda capa de especialización, menos pesada y más intensiva en tecnología. La compañía prevé contratar más de 170 profesionales de alta cualificación tecnológica en Galicia en 2026 y ha situado allí capacidades en guerra electrónica y ensayos de vuelo de sistemas no tripulados en Rozas. También proyecta en Vigo un Centro de Excelencia de Aeroespacial y Defensa con foco en defensa electrónica, vigilancia, mando y control y sistemas anti drones. Mención especial merece también Urovesa, que es un buen ejemplo de como una pyme, desde Pontevedra, ha sabido crecer hasta convertirse en un referente en el segmento de vehículos tácticos terrestres.
Finalmente, en Castilla y León, la oportunidad no está tanto en competir con Ferrol en lo naval ni con Asturias en lo terrestre, sino en convertirse en un nodo de sistemas no tripulados, ingeniería y apoyo logístico-industrial del corredor occidental. El anuncio de Indra de instalar en León su principal fábrica de drones multipropósito y munición merodeadora, con una inversión cercana a 12 millones, 200 nuevos empleos industriales y el refuerzo del centro de ingeniería con otros 150 ingenieros, apunta exactamente en esa dirección. Además, su posición geográfica en el eje de la Plata, como punto de conexión entre la cornisa cantábrica, el centro peninsular y el oeste, le otorga un rol protagonista como nodo estratégico. No en vano, en 2025 el Principado impulsó explícitamente el corredor de la Ruta de la Plata para la industria de defensa e incorporó a Castilla y León a esa alianza, en una lógica que busca articular una cadena industrial desde el norte hacia el sur.
Existe pues, una gran oportunidad para estas tres regiones de presentarse como un corredor funcional y convenientemente estructurado. Asturias puede aportar fabricación, montaje e innovación terrestre; Galicia, construcción naval, electrónica avanzada y capacidades aeroespaciales; Castilla y León, drones, ensayos, ingeniería y profundidad logística interior. Si ese mapa se articula bien, el noroeste podría ofrecer algo muy valioso a España: un ecosistema de defensa completo, atlántico pero conectado con la meseta, capaz de abarcar desde la plataforma pesada hasta la tecnología emergente. Dejemos por una vez atrás el "café para todos": en defensa, la autonomía estratégica no se construye con monopolios territoriales, sino con especializaciones complementarias.
Y tampoco olvidemos que las modas no garantizan por sí solas una reindustrialización automática. Las grandes tractoras están recibiendo financiación y apoyo institucional, pero ningún ecosistema de defensa se construye solo desde arriba. Hacen falta pymes capaces de integrarse en cadenas de suministro exigentes, empresas industriales que adapten sus capacidades al mercado de defensa y compañías que, aun teniendo tecnología puntera, todavía no han dado el salto al sector. Ahí está una parte decisiva del reto: traducir capacidades dispersas en propuestas aplicables a casos de uso claros, técnicamente homologables y comercialmente viables.
Este gran ecosistema de pequeños actores dispersos también requiere financiación y apoyo institucional, acompañamiento técnico y estratégico, conocimiento de los programas de defensa, apoyo en los procesos de certificación, acceso a compradores, consorcios bien armados y una cultura empresarial capaz de moverse entre lo industrial, lo tecnológico y lo institucional. La oportunidad del noroeste no consistirá únicamente en atraer inversiones de grandes grupos, sino también en ensanchar la base productiva que los rodea.
En este sentido, iniciativas como el II Foro del Noroeste, que Prensa Ibérica celebrará en Oviedo este 19 de mayo, pueden desempeñar un papel relevante. El noroeste no necesita únicamente reclamar más infraestructuras, más inversión o más atención del Estado, sino mirar hacia dentro para construir espacios estables de coordinación entre administraciones, empresas, centros tecnológicos, universidades, financiadores y medios de comunicación. Espacios en los que se potencien las complementariedades de las partes, no las rivalidades económicas o políticas ni las tentaciones de competencia estéril entre territorios. La imperiosa necesidad de alcanzar la soberanía tecnológica sobre la base de una industria de defensa fuerte, profunda y transversal puede servir como gran punto de encuentro. Y es que, en defensa, como en cualquier otro sector estratégico, el noroeste tiene más opciones si actúa como una macrorregión, con capacidades industriales reforzadas, masa crítica y una voz propia ante España y Europa.
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