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José Manuel Pazo

José Manuel Pazo

Presidente de la patronal eólica de Galicia

La gran oportunidad

La transición hacia una economía electrificada ya no es una opción ideológica o política, sino una necesidad estructural derivada de la evolución tecnológica y la nueva organización industrial del siglo XXI

La gran oportunidad

La gran oportunidad / LNE

Galicia se encuentra en uno de los momentos decisivos de su historia económica, industrial y energética. La transformación del modelo energético mundial, acelerada por la inestabilidad geopolítica, las crisis internacionales y la volatilidad de los mercados de combustibles fósiles, ha convertido la energía en un elemento central de competitividad, soberanía y desarrollo económico. La dependencia del petróleo y del gas ya no constituye únicamente un problema medioambiental, sino sobre todo una cuestión estratégica. Europa ha comprobado en los últimos años hasta qué punto su vulnerabilidad energética condiciona su estabilidad económica, su política exterior y la competitividad de su industria. Galicia tampoco escapa a esta realidad. A pesar de su enorme potencial renovable, la comunidad continúa dependiendo aproximadamente en un 70 % de combustibles fósiles para cubrir su energía primaria.

Lo más preocupante es que esta situación se produce precisamente en un momento histórico en el que la electrificación de la economía debería impulsar una expansión industrial sin precedentes. Sin embargo, la demanda eléctrica gallega ha caído más de un 30 % en los últimos cinco años; un dato que, lejos de interpretarse como un éxito de eficiencia energética, refleja un preocupante debilitamiento de la actividad económica e industrial. Todo ello sucede cuando el consumo eléctrico debería crecer impulsado por la electrificación del transporte, la digitalización y el desarrollo de nuevas industrias verdes. Mientras otros países europeos incrementan su demanda energética ligada al crecimiento industrial, Galicia lleva años inmersa en una preocupante travesía de estancamiento económico.

La transición hacia una economía electrificada ya no es una opción ideológica o política, sino una necesidad estructural derivada de la evolución tecnológica, la digitalización, la descarbonización y la nueva organización industrial del siglo XXI. Y en ese proceso, las energías renovables se han convertido en el principal motor de la nueva revolución industrial global. Galicia reúne condiciones excepcionales para liderar esta transformación. Pocas regiones europeas disponen simultáneamente de recursos eólicos terrestres de primer nivel, un enorme potencial para la eólica marina flotante, capacidad hidráulica consolidada, abundante biomasa forestal, posibilidades de desarrollo de biogás y una posición geográfica privilegiada en el Atlántico europeo.

A ello se suma otro factor estratégico de enorme relevancia: sus puertos. Infraestructuras como el Puerto Exterior de A Coruña, el Puerto de Ferrol, el Puerto de Vigo o el Puerto de Vilagarcía pueden convertirse en plataformas logísticas fundamentales para el desarrollo de la energía marina, la fabricación de estructuras flotantes, el ensamblaje de componentes eólicos y la exportación de combustibles verdes. La eólica marina no representa únicamente generación eléctrica. Supone la posibilidad de construir una nueva cadena de valor industrial vinculada a ingeniería avanzada, construcción naval, metalurgia, digitalización, mantenimiento marítimo y logística portuaria. Miles de empleos cualificados podrían generarse alrededor de este nuevo ecosistema energético e industrial.

Junto a esto, Galicia dispone de otro elemento esencial para el futuro del sistema eléctrico: el almacenamiento energético. Las energías renovables necesitan sistemas capaces de gestionar la intermitencia de generación y garantizar estabilidad de suministro. En este ámbito, las centrales hidráulicas reversibles y los sistemas de baterías próximos a instalaciones y subestaciones eléctricas jugarán un papel decisivo. La combinación de aproximadamente 8.000 MW de potencia eólica terrestre y otros 8.000 MW asociados a centrales hidráulicas reversibles permitiría garantizar estabilidad diaria en el sistema eléctrico gallego y convertir a la comunidad en uno de los territorios europeos con mayor capacidad de integración renovable.

Sin embargo, esta ventaja comparativa corre el riesgo de perderse. La paralización o ralentización de proyectos estratégicos de electrificación renovable constituye una imprudencia económica de enorme magnitud. Galicia no puede permitirse quedar al margen de la mayor transformación energética e industrial de los últimos cien años. Resulta especialmente preocupante que decisiones estratégicas para el futuro económico gallego puedan quedar condicionadas por discursos negacionistas, planteamientos populistas o modelos de intervención pública que terminan generando inseguridad jurídica y desincentivando la inversión privada.

En demasiadas ocasiones, determinados movimientos amparados en un supuesto principio de “precaución” ambiental derivan en una oposición sistemática a cualquier infraestructura energética o industrial. La protección medioambiental es imprescindible y debe formar parte de cualquier planificación racional. Pero otra cosa muy distinta es convertirla en un instrumento permanente de bloqueo económico y tecnológico. La experiencia internacional demuestra que el capital industrial no espera. Las grandes inversiones asociadas a la electrificación —centros de datos, hidrógeno renovable, combustibles verdes, nuevas industrias electrointensivas, fábricas de baterías o digitalización avanzada— se instalan allí donde se dan tres condiciones básicas: energía abundante, precios competitivos y estabilidad regulatoria.

Cuando esas condiciones desaparecen, las inversiones simplemente se trasladan a otros territorios. Ya está ocurriendo en regiones españolas que han comprendido antes la importancia estratégica de esta transformación y avanzan con mayor rapidez en la captación de proyectos industriales. A ello se añade un problema creciente de sobrerregulación administrativa. La acumulación normativa europea, nacional y autonómica, junto con la ausencia de aplicación efectiva de mecanismos reconocidos por la Unión Europea como el “interés público superior” para determinados proyectos energéticos, está generando un escenario de enorme inseguridad jurídica. Las consecuencias ya son visibles: paralización de inversiones, pérdida de competitividad, deterioro industrial y riesgo creciente de deslocalización empresarial. Galicia continúa dependiendo de energía importada mientras frena parte de sus propias capacidades de desarrollo energético interno.

La comunidad gallega se enfrenta así a una decisión trascendental: aprovechar su potencial renovable para convertirse en un gran polo industrial verde del Atlántico europeo o resignarse a una posición periférica caracterizada por menor actividad económica, pérdida de empleo y creciente dependencia exterior. La solución no pasa por enfrentar lo público y lo privado. El verdadero reto consiste en construir un modelo equilibrado en el que las administraciones aporten planificación, seguridad jurídica, agilidad administrativa y equilibrio territorial, mientras el sector privado contribuye con inversión, innovación, eficiencia y capacidad tecnológica.

El principal beneficiario de ese equilibrio sería la propia sociedad gallega. Una electrificación renovable sólida permitiría reducir estructuralmente la dependencia fósil, generar empleo cualificado y distribuido territorialmente, mejorar la competitividad empresarial y garantizar una energía más limpia, sostenible y asequible tanto para familias como para industrias. La cuestión de fondo ya no es únicamente energética. Es una cuestión de modelo económico y de futuro colectivo. Apostar por una electrificación renovable abierta a la innovación y a la empresa significa apostar por crecimiento, empleo y autonomía estratégica. Frenarla por razones ideológicas o por dinámicas políticas de corto plazo supone asumir un escenario de estancamiento, pérdida de peso industrial y dependencia creciente.

Y existe además una realidad social que rara vez ocupa titulares: una inmensa mayoría silenciosa de ciudadanos, trabajadores, empresas y jóvenes comprende que el futuro de Galicia pasa inevitablemente por las energías renovables, la electrificación y la reindustrialización sostenible. Frente a ella, una minoría negacionista industrial pretende imponer una visión de retorno a una especie de Arcadia idealizada, incompatible con el empleo, la competitividad y el bienestar de una sociedad moderna. Escuchar únicamente a quienes se oponen sistemáticamente a cualquier transformación estratégica supondría condenar a Galicia a perder una oportunidad histórica.

Galicia tiene recursos, capacidad industrial, conocimiento técnico y una posición privilegiada para liderar la nueva economía energética europea. Lo verdaderamente imprudente sería dejar escapar esa oportunidad.

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