Opinión

Presidente de la Confederación de Empresarios de Galicia
No podemos permitir en infraestructuras una Europa a dos velocidades
Las peticiones que las organizaciones empresariales llevan a Bruselas

No podemos permitir en infraestructuras una Europa a dos velocidades / LNE
El noroeste de España vuelve a situarse, una vez más, ante una encrucijada decisiva. Lo hace en un momento especialmente relevante, cuando el debate sobre el reequilibrio territorial y la competitividad económica cobra una nueva dimensión en Europa. Y lo hace también en vísperas del Foro del Noroeste que se celebrará en Oviedo, un espacio que debe servir no solo para reflexionar, sino para exigir compromisos firmes. Porque si algo hemos aprendido en los últimos años es que el tiempo de los diagnósticos ha pasado: ahora es el momento de la ejecución.
Galicia, junto a Asturias y Castilla y León, constituye una de las grandes regiones productivas del país. Hablamos de un territorio con una sólida base industrial, una red portuaria de primer nivel, capacidad energética y un tejido empresarial con clara vocación internacional. Sin embargo, esta realidad contrasta con una evidencia incuestionable: seguimos padeciendo un déficit histórico en materia de infraestructuras que limita nuestro potencial y penaliza nuestra competitividad.
El Corredor Atlántico representa, en este contexto, mucho más que una infraestructura. Es una herramienta estratégica para el desarrollo económico, la cohesión territorial y la integración efectiva del noroeste en las redes logísticas europeas. Y, sin embargo, su despliegue continúa avanzando a un ritmo claramente insuficiente si lo comparamos con otros ejes, como el Corredor Mediterráneo.
Desde el ámbito empresarial llevamos años advirtiendo de esta asimetría. No se trata de una reivindicación coyuntural ni de una demanda localista. Se trata de una cuestión de equidad, de eficiencia económica y de visión de país. Porque apostar por el Corredor Atlántico no es solo invertir en el noroeste: es fortalecer la competitividad de España en su conjunto y reforzar su posición en el comercio internacional.
En los últimos meses, hemos intensificado la coordinación entre las organizaciones empresariales de Asturias, León y Galicia. Este trabajo conjunto responde a una convicción compartida: solo desde la unidad y la colaboración podremos trasladar con eficacia nuestras demandas a las administraciones nacionales y europeas. Fruto de este esfuerzo, en las próximas semanas llevaremos nuestras reivindicaciones a Madrid y, posteriormente, a Bruselas, donde mantendremos encuentros al más alto nivel para defender el papel estratégico del noroeste.
Las demandas son claras y están perfectamente definidas. En primer lugar, es imprescindible garantizar el pleno desarrollo del Corredor Atlántico de mercancías dentro de los plazos establecidos por la red transeuropea de transporte: 2030 para la red básica y 2050 para la red global. Pero no basta con fijar objetivos; es necesario concretar inversiones, calendarios y actuaciones.
En segundo lugar, reclamamos una planificación equilibrada que evite que el noroeste quede rezagado. No podemos permitir que se reproduzca una Europa a dos velocidades también en materia de infraestructuras. La incorporación efectiva a iniciativas como las autopistas ferroviarias o el programa Mercancías 30 debe producirse al mismo ritmo que en otros territorios.
En tercer lugar, es urgente avanzar en la intermodalidad. Galicia cuenta con una de las mayores concentraciones portuarias del sur de Europa, pero su potencial se ve limitado por la falta de conexiones ferroviarias eficientes. La conexión de los puertos con el ferrocarril, la modernización de las líneas existentes y la mejora de los nodos logísticos son actuaciones prioritarias que no admiten más retrasos.
Asimismo, resulta clave impulsar corredores internos que vertebren el territorio gallego. Las conexiones Vigo-Ourense-Monforte y A Coruña-Lugo-Monforte deben consolidarse como ejes fundamentales para canalizar el tráfico de mercancías tanto desde el norte como desde el sur de la comunidad. Solo así podremos construir una red logística competitiva, fiable y alineada con los estándares europeos.
No estamos hablando de proyectos abstractos. Estamos hablando de oportunidades concretas para generar riqueza y empleo. Las estimaciones son claras: la mejora de la conectividad ferroviaria y logística en Galicia puede suponer, a corto plazo, un incremento de hasta 1.000 millones de euros en el PIB y la creación o mantenimiento de más de 5.500 empleos anuales. A medio y largo plazo, el impacto sería aún mayor, consolidando a Galicia como un hub logístico de referencia.
Pero para que estas oportunidades se materialicen es necesario superar uno de los principales obstáculos que arrastramos: la lentitud en la ejecución. En demasiadas ocasiones, los proyectos se dilatan en el tiempo, se ven condicionados por ciclos políticos o carecen de la coordinación necesaria entre administraciones. Frente a ello, desde el empresariado reclamamos certezas. Necesitamos conocer el detalle del plan director del Corredor Atlántico, sus plazos y sus prioridades. Y necesitamos, también, participar activamente en su seguimiento.
La colaboración público-privada no es una opción, es una necesidad. Las empresas somos usuarias directas de estas infraestructuras y, por tanto, tenemos mucho que aportar en su diseño y desarrollo. La creación de una comisión de seguimiento que garantice una interlocución fluida y permanente sería un paso decisivo en esta dirección.
No podemos olvidar, además, el contexto global en el que nos encontramos. La reconfiguración de las cadenas de suministro, la transición energética o la creciente competencia internacional están redefiniendo las reglas del juego. En este escenario, disponer de infraestructuras modernas y eficientes es un factor determinante para atraer inversiones y retener talento.
Galicia parte de una posición privilegiada. Su ubicación geográfica, su tradición exportadora y su conexión histórica con América la sitúan como una puerta natural entre continentes. Pero este potencial solo se convertirá en una ventaja real si contamos con las herramientas adecuadas. Y el Corredor Atlántico es, sin duda, una de las más importantes.
El Foro del Noroeste debe servir, por tanto, como un punto de inflexión. No podemos permitir que se convierta en un mero espacio de debate sin consecuencias prácticas. Es el momento de exigir compromisos concretos, de alinear voluntades y de acelerar decisiones.
El noroeste no pide privilegios. Pide igualdad de oportunidades. Pide infraestructuras que le permitan competir en condiciones justas. Pide, en definitiva, una visión de Estado que entienda que el desarrollo de este territorio es clave para el futuro de España.
Porque si algo está claro es que sin infraestructuras no hay competitividad. Y sin competitividad, no hay desarrollo posible.
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