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Opinión

Ignacio García-Arango

Ignacio García-Arango

Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos

La puerta de Europa al mundo

Una oportunidad histórica con la ruta del Ártico

La puerta de Europa al mundo

La puerta de Europa al mundo / LNE

"Bien están los buenos pensamientos, pero resultan tan livianos como burbuja de jabón si no los sigue el esfuerzo para concretarlos en acción" (Jovellanos)

Las infraestructuras son una herramienta necesaria para el progreso (o al menos facilitadora, pues hay ejemplos de desarrollo con pocas de ellas). Pero no suficiente. Lo importante es la iniciativa humana, que puede auxiliarse de la naturaleza, de la dimensión de un territorio y de la geografía para conseguir la prosperidad de un país. El fin del progreso, a su vez, sería conseguir la felicidad de los ciudadanos, que no es la bonanza de algunos pocos y la pobreza de los más. Ese es el secreto de la economía de mercado en boca de sus ilustrados padres fundadores.

Cada región del Noroeste por si sola tiene un tamaño reducido, una economía en retroceso y un posicionamiento aislado en la periferia de la península. Pero si todas se unen suman siete millones de habitantes, la semilla para catalizar todas las riberas del Cantábrico e integrar a la Unión Europea con su Oeste. Solo hace falta asociarse de manera abierta, libre e integradora uniendo sensibilidades y erradicando la aversión al emprendimiento.

El progreso de las personas nace del territorio y de la geografía. La del Noroeste es favorable desde la más remota antigüedad, cuando, en un chalano, el primer gallego se atrevió a atravesar hasta las Islas Británicas para iniciar la tarea de desarrollar una red de "autopistas del mar" que unió a las costas del Arco Atlántico entre sí y con los territorios del norte. Nuestro mar es el viejo Lago Celta, cuna de nuestra civilización después fecundada por Roma y que, a lo largo de la historia, fue la almendra de Europa: la riqueza de las ciudades de Castilla, nuestra ancestral relación con Flandes, la Armada Invencible y hasta a la reciente Batalla de Inglaterra.

Tras unos años durante los que la UE se centró en el territorio del plátano francoalemán, ahora la ribera del Cantábrico recupera su protagonismo. Por ello, si jugamos al porvenir, nuestro Noroeste se puede volver centro del mundo al constituir el núcleo de un gran conglomerado que, por las riberas del mar, vaya desde Irlanda hasta Portugal. Eso implica convertir marítima, digital y energéticamente al Cantábrico en una red.

Existen potencialidades que aprovechar: el territorio, la cultura, la situación estratégica, el clima, el carácter, la formación... Aunque, sobre todo, utilizando como motor el esfuerzo solidario y sinérgico de todos sus integrantes, el Noroeste debe convertirse en la puerta de Europa al mundo.

El futuro es nuestro. Somos la salida de la ruta del Ártico cuyas ventanas geopolíticas son obvias para la relación entre el este y el oeste del globo. El Noroeste (y España) se vuelve así bisagra para la entrada a Europa por las rutas de Suez, del Cabo de Buena Esperanza, del Canal de Panamá, del Cabo de Hornos, de la ruta mixta Pacífico-Atlántico, unidas ambas costas por los poderosos ferrocarriles de EE UU. La ruta del Ártico acerca copernicanamente al Extremo Oriente y Europa, con España como prolongación de la que será en los próximos tiempos la frontera más importante: la que existe entre Europa y África. Ese es nuestro reto.

El transporte global nos lleva al futuro. El de cercanías y regional es fundamental para nuestra vida cotidiana. Antes de hablar de modos de transporte hay que hacerlo de logística. Lo que potencia una tierra no es transportar por transportar sino dar valor añadido a las mercancías al aprovechar los nodos logísticos. El Noroeste los tiene, no solo ligados a los puertos sino también en el interior de Castilla y León y Galicia: Monforte, Ponferrada, Orense, Burgos… Aún no hemos conseguido que funcionen en red, ni que ésta permita el intercambio modal, lo que implica infraestructuras: tanto carreteras como autopistas ferroviarias. Esa es una tarea esencial que debe abordarse de inmediato y con visión amplia.

Sin entrar en demasiados detalles de obras y acciones concretas, pues todo es objeto de noticias diarias, señalo lo que a mi juicio resulta determinante en último término.

En cuanto a nuestro transporte marítimo, este no forma parte de una malla, aunque haya algunas conexiones fijas y autopistas del mar. Además, en un corto tramo de costa, compiten a muerte Vigo, A Coruña, Ferrol, Avilés y Gijón, además de otra serie de puertos, todos los cuales están absolutamente viciados por su localismo. Son todas instalaciones magníficas, pero están condenadas a servir exclusivamente a sus áreas de influencia, ya que la escasez de líneas regulares internacionales, la fragmentación de sus conexiones con Madrid y su lejanía con algunas de las zonas más activas de la Península, las vuelve estériles.

Para cambiar esta dinámica debemos crear la Plataforma Portuaria del Noroeste Español, una gran corporación con una oferta de tráficos especializada, con servicios de calidad y precios competitivos. Como crear una red lleva tiempo, mientras hay que esforzarse en generar ese superpuerto de última generación fundamentado en la industria y la digitalización, e integrado en ciudades y territorios inteligentes.

En lo que respecta al ferrocarril, hay que terminar el AVE a Galicia y Asturias. Es indispensable que toda la red del noroeste pase a condiciones estándar europeas para poder llegar por la misma vía a todo el continente, además de desarrollar el corredor de mercancías entre Vigo y Leon y conectar al Norte de Portugal con Galicia.

Hay que adecuar la infraestructura e implantar las autopistas ferroviarias, lo que no está previsto en la actual estrategia española. Están pendientes diversos tramos de acceso a puertos y a otros nodos y de integración en ciudades.

Termino con dos ejes vitales: Uno es una línea de ferrocarril por la Ruta de la Plata para conectar Algeciras con el Cantábrico, pues el actual itinerario creado por nuestro gobierno, Algeciras-Madrid-Zaragoza, es en realidad mediterráneo. Otro, construir un ferrocarril Cantábrico con las prestaciones adecuadas, que llegue desde Galicia hasta Cantabria y de ahí a Miranda de Ebro parar terminar en el Mediterráneo a través de Zaragoza.

La otra cuestión ferroviaria son las cercanías, que deben abordarse de manera multimodal conjuntamente con los autobuses. Por encima de las diversidades que existen en cuanto a las redes ferroviarias, la única manera de hacerlas funcionar es ajustándolas (tras realizar tramos nuevos) a la oferta y la demanda. Alcanzar una gestión organizada es obvio: podría ser hasta privada.

Las infraestructuras y el material móvil deben estar en buen estado. La falta de conservación y explotación es un gravísimo problema común a toda España y urgente, pues estamos despilfarrando nuestro patrimonio, carreteras incluidas.

En cuantos a las carreteras, su estructura es suficiente a pesar de que faltan por terminar diversos tramos. Hay que recordar dos esenciales:

Uno es la posible autopista Braganza-Ponferrada-Gijón.que une al Cantábrico con el Atlántico. Desde Braganza se llega a Porto por la A-4 portuguesa. Este itinerario parece esencial para el futuro de la Unión Europea. Valorar el asunto exige reflexionar sobre el significado de Ponferrada, que no solo es la cabecera de una comarca y ahora un punto en la A-6, sino también la base de una nueva autovía que vertebra a Galicia y que la conectará, a través del Valle del Sil, con Orense y con Portugal por varios sitios, entre ellos por Chaves. Este no es un asunto que esté verde, sino vivo desde hace tiempo, y potencia una macrorregión europea, nuestra Gallaecia, que desde Porto llega al límite del País Vasco. Para alcanzar la meta lo mejor sería que todos los implicados (gobiernos español y portugués, así como las regiones involucradas) llegasen a una postura conjunta.

Al igual que en el resto de las infraestructuras, el estado de conservación de las carreteras es deplorable y requiere una acción inmediata.

El número de aeropuertos es suficiente, pero son débiles pues enfrentan una crisis de conectividad. Algunos se sustenta con ayudas. Globalmente soportan la dura competencia de Oporto.

La realidad actual exige avanzar con rapidez no sobre palabras, y menos sobre entelequias, sino sobre la base de esperanzas sólidamente cimentadas y desarrolladas con energía, osadía y sosiego. Eso lo explicó muy bien uno de mis dioses, Sir Winston Churchill, que un día le dijo a su esposa Clementine:

"Nunca cedas; nunca, nunca, nunca, nunca, en nada grande o pequeño, importante o insignificante; nunca cedas, salvo ante convicciones de honor y buen sentido. Nunca cedas ante la fuerza; nunca cedas ante el poder aparentemente abrumador del enemigo".

No cedamos

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