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Hugo Morán, secretario de Estado de Medio Ambiente: "Sería deseable que Asturias vedase el salmón cuanto antes; ya hay comunidades que lo han hecho"

"Es lamentable que haya que llegar a situaciones extremas para tomar conciencia; no podemos contribuir a la extinción de una especie"

"Pienso en la retirada porque a la política no se puede acceder con vocación de permanencia eterna; llegué en 2018 a este cargo y creo que ocho años después el ciclo está llamado a concluir"

Hugo Morán, en Madrid.

Hugo Morán, en Madrid. / MITECO

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Mariola Riera

Mariola Riera

Oviedo

No le gusta mucho a Hugo Morán (Campomanes, Lena, 1963) cómo se enfoca la gestión de la fauna salvaje en Asturias y, concretamente, la de determinadas especies protegidas. Y no lo oculta, aunque lejos de buscar la confrontación y la crítica directa a sus compañeros de filas socialistas en el Gobierno del Principado, el Secretario de Estado de Medio Ambiente tira de datos e informes científicos para defender una visión proteccionista que ha chocado continuamente en los últimos años con la de la Consejería de Medio Rural. Morán atiende a LA NUEVA ESPAÑA vía telefónica desde Madrid, donde aterrizó en 2018 en un cargo del que, según deja ver, se despedirá al término de la legislatura.

-Acaba de asumir la presidencia de la Agencia Estatal de Meteorología. ¿Implica algún cambio o mera formalidad?

-Es una cuestión meramente formal. La Aemet ha venido dependiendo prácticamente desde siempre de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente. Lo que se produce ahora es una adaptación a la ley que obliga a una distribución de responsabilidades, de manera que haya una presidencia institucional diferenciada de la dirección general de la agencia. Ocurre lo mismo, por ejemplo, con Parques Nacionales. En la agencia la dirección general operativa corresponde a Alicia López Rejas.

-¿Cree que desde la dana de Valencia la Aemet, de alguna forma, se ha vuelto más precavida y, ante la duda, se decreta una alerta para evitar males mayores?

-No es tanto eso como que después de un fenómeno extremo la ciudadanía suele asumir una mayor responsabilidad, la sensibilidad social aumenta. Pasó con la pandemia, medidas de higiene que antes no formaban parte de la práctica diaria se incorporaron con normalidad. La diferencia de la dana de Valencia respecto a otros fenómenos de dimensiones similares fue la tragedia humana. Los procedimientos de evaluación de riesgos en términos predictivos obedecen a protocolos internacionales que cumplen los servicios meteorológicos españoles.

-¿Cómo ve el Paraíso Natural asturiano desde Madrid? ¿Satisfecho, preocupado..?

-Siempre se dice que las comparaciones son odiosas, pero si analizamos sectorialmente los modelos de gestión entre comunidades autónomas, Asturias tiene cuestiones mejorables y otras en las que puede servir de ejemplo.

-¿Un ejemplo?

-El Plan de Ordenación del Litoral de Asturias fue y sigue siendo un ejemplo de preservación de los valores de la costa. No hay ningún otro modelo tan exigente en España como el asturiano. Es más, en algunos casos incluso ha servido de referencia para otros países. Ojalá todo el litoral español tuviese las mismas condiciones de protección que el asturiano.

-Pero hay cosas que parecen no gustarle tanto.

-Respecto a la gestión de otros valores naturales, cada comunidad autónoma tiene peculiaridades, condiciones biogeográficas distintas, actividades diferentes en el medio y modelos de ordenación del territorio propios. Dicho esto, desde el Ministerio no ocultamos que hay materias en las que entendemos que debería darse un paso más en el compromiso con la gestión de determinados valores naturales. Lo planteamos con carácter general. La posición del Gobierno de España ante lo que consideramos un retroceso de la Agenda Verde a nivel europeo es clara: no solo no debe retrocederse en biodiversidad, gestión del agua o compromisos contra la contaminación, sino que esas políticas deben reforzarse.

-El lobo es uno de esos «valores naturales» cuya gestión en Asturias no le gusta.

-Nosotros apelamos a que el procedimiento de evaluación de una especie, en este caso el lobo, debe atenerse básicamente a dos elementos: los datos científicos y la correcta interpretación de ellos. Ahí es donde aparecen las discrepancias. Pero no con el Ministerio, sino entre esa comunidad y los científicos. De forma reiterada, prácticamente toda la comunidad científica viene cuestionando el modelo de interpretación que se hace de los datos por parte de las comunidades autónomas. Y el Ministerio coincide con la comunidad científica. Hasta ahora, quienes decidían cuál debía ser la consideración de una especie para su tratamiento en términos de protección y conservación eran los comités científicos. Eso se rompió por una decisión política adoptada en la tramitación de la ley de Desperdicio Alimentario, que excluye al lobo de un régimen de protección fijado por los científicos. Creo que es la primera vez que ocurre en España y probablemente en el conjunto de la Unión Europea.

-Usted ha alertado del «negacionismo científico», ¿lo hay en el Gobierno del Principado, en Asturias?

-Hay una evidente discrepancia entre el criterio científico y su interpretación. Es como si volviésemos a revivir la situación que se generó durante la pandemia, cuando la comunidad científica establecía un criterio o un modelo de gestión y había posiciones ajenas que cuestionaban su aplicación. O, más recientemente, lo ocurrido con la gestión de determinadas alertas sanitarias, cuando, frente al criterio de la Organización Mundial de la Salud, desde una comunidad autónoma y desde algún partido político se planteó una especie de rebeldía.

-¿Por qué cree que es así?

-Porque quizá el criterio científico resulta incómodo, o la verdad científica no responde a las expectativas que alguien puede tener en un momento determinado. Pero no estamos ante dos criterios en igualdad de condiciones. No es así.

-Entiendo que en Medio Ambiente celebran los varapalos judiciales que ha recibido el Gobierno del Principado por su gestión del lobo y su programa de control.

-Nunca podemos celebrar que en un modelo de gestión de los recursos o de los bienes públicos tengan que ser los tribunales quienes decidan. Entre la toma de decisiones por parte de las autoridades políticas y la llegada de las sentencias siempre ocurren cosas de por medio que, en algunos casos, son irreparables. En este caso, el exterminio de un número de ejemplares de una población que ya de por sí tiene serios problemas para estabilizarse no puede celebrarse. A lo que tenemos que apelar siempre es a que, antes de desembocar en la judicialización de estos procesos, lo razonable es atender a la recomendación de la comunidad científica y académica. Así se evitarían procedimientos que no son buenos para nadie.

-Del lobo al salmón: está tramitando su protección. Llevamos un mes de temporada de pesca y no salió el campanu.

-Los datos están ahí. Los expertos llevan tiempo advirtiendo del declive progresivo de la especie y ahora esa situación se hace muy visible. Probablemente estamos en los preliminares de lo que puede ser el colapso definitivo. Lo lamentable es que haya que llegar a situaciones extremas para tomar conciencia y adoptar decisiones. La prohibición de la pesca es una y algunas comunidades ya la aplicaron en su momento. Ahora hay un informe científico de parte que solicita activar el procedimiento para determinar si debe incluirse en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial. Si una especie está al borde de la extinción, no puede ser objeto de actividades comerciales ni recreativas que incrementen la situación de riesgo en la que se encuentra. Es un procedimiento normal, que se activa cuando se detecta una situación de estas características.

-¿Cuándo se sabrá la decisión?

-Normalmente suele ser un procedimiento bastante ágil desde el momento en que se inicia. ¿Cuándo se complica? Cuando aparecen posiciones de interés territorial o sectorial que discuten los informes científicos. No es lo habitual. Lo normal hasta ahora ha sido siempre respetar el criterio científico, pero tampoco es la primera vez que se cuestiona. Ya lo hemos visto con el lobo y no es descartable que suceda con el salmón. Ahora bien, lo único que se consigue en estos casos es prolongar la agonía. No tomar decisiones porque resultan incómodas no significa que el problema se resuelva. Más bien todo lo contrario.

-Pensar en la veda del salmón en Asturias duele por su arraigo cultural, histórico...

-En el caso de especies que han formado parte de tradiciones culturales y sociales muy arraigadas en determinados territorios debemos ser responsables. O nos alineamos todos en un proceso de pedagogía hacia el conjunto de la ciudadanía o estaremos contribuyendo a precipitar algo que quizá podría ser minimizado, aplazado o corregido. No podemos ser coadyuvantes a la extinción de una especie.

-¿Sería deseable que se vedase la especie en Asturias cuanto antes?

-Sí. Hay comunidades autónomas que ya han tomado esta decisión hace tiempo. Hay ejemplos. Recuerdo cuando colapsó la pesquería de la anchoa en el Cantábrico. En aquel momento, sin que la especie tuviese esa consideración, se tomó la decisión de vedarla. Aquello ayudó a posibilitar una recuperación y recuperar su pesca.

-Se están actualizando los censos del oso, que constatan una mejoría de la población. ¿Ve posible una rebaja de su protección?

- Vamos a ver. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ya se ha pronunciado en relación con la protección de las especies y dice que deben considerarse en situación favorable cuando lo está en el conjunto de ese territorio, de una región biogeográfica, no solo en una parte. El oso y el lobo han sido exterminados en una parte importante de la Península Ibérica a lo largo de décadas. En estos momentos son especies que podrían habitar determinados espacios, pero no consiguen asentarse en ellos.

-Pero el número de ejemplares ha crecido en las últimas décadas.

-El oso, igual que el lince en nuestro país, demuestra que cuando se toman decisiones de protección de una especie es posible revertir su declive. Pero eso no implica que deba bajarse la guardia. El paso siguiente es poner en marcha herramientas que faciliten la convivencia. Pero insisto: en estos momentos la población del oso cantábrico no está en condiciones de revisar su estatus de protección. Como tampoco lo están el lobo o el urogallo.

-Cambiando de tercio, Asturias tiene en marcha la implantación de una tasa turística ligada en parte a la protección del medio ambiente ante el impacto de la masificación. ¿Cómo lo valora?

-Asturias nunca fue un territorio propicio a la masificación turística, pero, después de la pandemia, creció el atractivo turístico de una región que durante mucho tiempo ha mantenido el eslogan de paraíso natural y unos equilibrios de afluencia razonables. Es verdad que ahora sube la presión en algunos espacios y obliga a adaptarse. No es el primer lugar que implanta una tasa y los ejemplos demuestran que no es una solución mágica. Depende de cómo se aplique, del retorno que tenga y de si ayuda a generar equilibrio y sostenibilidad. Hay presión en residuos, espacios naturales, consumo de agua...

-¿Cómo debe ser?

-La tasa debe ser finalista para balancear la capacidad de carga del territorio. Allí donde se puso se demostró que bien gestionada funciona.

- En materia de residuos, ¿qué modelo cree más eficaz para Asturias?

-La UE asumió la Estrategia de Economía Circular como la forma adecuada de tratar los residuos y fija un ciclo de gestión que creo que es el más virtuoso del que disponemos en estos momentos, y que va de la cuna a la tumba del producto. No es una cuestión solo de una comunidad autónoma ni siquiera de un país. Siempre va a haber una fracción de residuo que no pueda ser incorporada o reincorporada al ciclo económico o productivo. Ahí hay que tomar una decisión.

-¿Y cuál ve adecuada?

-La última solución debe ser enterrarlo, el vertedero. Por encima está la valorización energética. Creo que Asturias debe dar el salto a incorporar la valorización energética en un ciclo que aquí no ha existido, pero que en otros países tiene presencia como herramienta habitual.

-La central de La Pereda en Mieres o la «Plantona» de Cogersa son por tanto buenas opciones. Aquí siempre es muy traumático y polémico cada vez que se aborda qué hacer con los residuos...

-Porque siempre se tiende a simplificar: se cree que hay soluciones sencillas a problemas complejos. Estamos hablando de decisiones que obligan a definir ubicaciones territoriales. Nadie quiere una depuradora al lado de casa, pero todos queremos que los ríos vayan limpios; todos queremos dar al interruptor y encender la luz, pero no tener al lado una línea de alta tensión; queremos llegar rápido al destino, pero que la línea de AVE no pase por nuestra finca...

-¿Y?

-La política es la herramienta que tenemos para hacer conciliables las servidumbres particulares al servicio de los intereses generales. Recuerdo cuando había vertederos por Asturias, Cogersa apreció en nuestras vidas y desaparecieron. Un territorio aceptó tenerla para que el resto mejoráramos.

-Entonces los vecinos y críticos deben perder el miedo para evitar el rechazo a La Pereda.

-No quiero pronunciarme de proyectos que no conozco. Lo que sí creo es que todo este proceso debe ir acompañado de absoluta transparencia en el manejo de los datos. Todo el mundo debe saber de qué se está hablando.

-El verano está a la vuelta de la esquina y llega la temporada de incendios. ¿Aprendimos algo tras lo ocurrido en agosto?

-Varias cosas. La primera, que todavía falta esa conciencia de que el cambio climático no es un problema de la Antártida, sino global y que se manifiesta de varias formas. Nadie está ajeno. La segunda lección es que muchos usos que hace décadas se consideraban compatibles con la gestión del territorio, en los ámbitos agrícola o ganadero, ya no sirven.

-¿Como cuáles?

-La utilización del fuego para determinadas actividades podía ser gestionable en unas condiciones de contorno menos hostiles que las que tenemos ahora. Hoy, no. Y la tercera lección es que todo lo que no invirtamos en prevención acabará convirtiéndose en enormes costes en términos de indemnización por los impactos de los fenómenos extremos.

-¿Y hay prevención en España?

-Vamos tarde. Hay decisiones que deberían haberse adoptado probablemente muchos años atrás. En la parte que corresponde al Gobierno de España, una de las primeras decisiones que adoptamos con la declaración de emergencia climática y ambiental fue reforzar algunos operativos imprescindibles para la adaptación al cambio climático y la prevención de riesgos. Se han hecho inversiones en la modernización de Aemet, sus equipamientos y su innovación tecnológica; en la gestión del agua, con la digitalización del ciclo del agua; y en incendios, con la modernización del operativo terrestre y aéreo. En Asturias están a punto de concluir los trabajos de modernización de la base de las Brigadas de extinción de incendios (BRIF) en Tineo, unas instalaciones adaptadas al siglo XXI y a las necesidades de intervención. No hay que olvidar que la competencia en materia de incendios corresponde a las comunidades autónomas. El Gobierno de España las apoya con un operativo que se ha venido modernizando y ampliando durante estos años.

-Para acabar, ¿qué planes tiene al fin de legislatura? ¿Le gustaría seguir?

-Me planteo completar la tarea que tengo encomendada hasta el momento en que se considere que alguien puede hacerlo mejor. Pero creo que la frontera de la responsabilidad política ya toca a su fin.

-Suena a retirada.

-Sí. Uno tiene que entender que siempre hay alguien que puede hacer las cosas mejor. En todo caso, llega un momento en que la política no deja de ser una actividad coyuntural. Yo he estado en política, he salido, he estado en la actividad privada durante un tiempo, y volví. Pero a la política no se puede llegar con vocación de permanencia eterna. Llegué en 2018 a este cargo y creo que ocho años después el ciclo está llamado a concluir.

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