Isabel Hevia, la asturiana que se convirtió en camionera para ayudar a su marido y que acabó haciéndose cargo sola del trabajo y de sus dos hijos: "Yo lo veo como cualquier otro oficio"
"La gente ya no quiere pasar 12 o 15 horas en la carretera; los sueldos van a peor", asegura la transportista yerbata, que fue de las mujeres pioneras del sector en España hace 30 años
La vecina de Nava recorre 11.000 kilómetros al mes en rutas nacionales y advierte que "no hay relevo generacional": "La mayoría pasan de los 50 años"

La camionera asturiana Isabel Hevia / LNE
Adrián Doncel
"La gente ya no quiere pasar 12 o 15 horas en un camión porque se gana mucho menos que hace años". Isabel Hevia habla desde la experiencia de quien lleva tres décadas viviendo la situación de la industria del transporte. Es camionera.
La carretera apareció en la vida de esta yerbata, aunque vecina de Nava casi por necesidad. Lo que comenzó con una ayuda puntual a su marido terminó convirtiéndose en una profesión de treinta años marcada por kilómetros, jornadas interminables y sacrificios familiares. Tras el fallecimiento de su marido en un accidente, la transportista asturiana tuvo que hacerse cargo sola del trabajo y de sus dos hijos. Desde entonces, lleva media vida al volante de un camión recorriendo rutas nacionales desde Asturias y observando cómo ha cambiado un sector que, según lamenta, cada vez tiene menos relevo y menos jóvenes dispuestos a asumir el desgaste que implica vivir en la carretera.
"Nunca pensé en esto como algo extraordinario"
Natural de Melendros (Bimenes) y trabajadora de la empresa Asturmovil, Isabel Hevia asegura que nunca vio su profesión como algo excepcional pese a haber empezado en una época en la que apenas había mujeres camioneras. "Cuando empecé solo había otra mujer trabajando en esto", recuerda.
Sin embargo, explica que jamás se sintió discriminada dentro del sector por ser mujer. "Siempre me ayudaron mucho. Trabajé como chofer para la empresa y cobraba exactamente igual que mis compañeros", afirma. La sorpresa, cuenta, llegaba más desde fuera que desde el propio transporte.
Con el paso de los años, la presencia femenina en la carretera ha aumentado considerablemente, aunque sigue siendo una profesión muy masculinizada. Aun así, Hevia insiste en normalizar su trabajo: "Yo lo veo como cualquier otro oficio. Nunca pensé que fuese algo raro".

El camión con cuba que lleva en la actualidad Isabel Hevia / LNE
Una vida marcada por la carretera
La transportista asturiana lleva alrededor de 30 años dedicándose al sector y actualmente realiza unos 11.000 kilómetros al mes. Aunque durante una época hizo trayectos más largos, cuando sus hijos eran pequeños priorizó rutas nacionales para poder regresar a casa cada día. “Iba a Santander, Irún o distintos puntos de España, pero evitaba los viajes internacionales porque quería estar en casa”, explica.
Esa conciliación, reconoce, nunca fue sencilla. Las largas jornadas (que en ocasiones alcanzan las 12 o 15 horas permitidas) condicionan completamente la vida familiar y personal. “Pasas muchísimo tiempo fuera y al final la carretera ocupa gran parte de tu vida”, resume.
“Ahora la gente es mucho más individualista”
Entre todos los cambios que ha vivido durante estas décadas, Isabel Hevia destaca uno por encima del resto: la pérdida del compañerismo en la carretera. “Antes si alguien tenía un problema, la gente se paraba a echar una mano. Ahora cada uno va más a lo suyo”, lamenta.
Aun así, reconoce que el sector también evolucionó positivamente en algunos aspectos. Los vehículos son más seguros, las mercancías cuentan con mayores protocolos de protección y las labores de carga y descarga son hoy mucho más cómodas que hace años.
También cambió el modelo laboral. Según explica, hace décadas muchos conductores aceptaban rutas internacionales y pasaban semanas enteras fuera de casa para aumentar ingresos. “Ahora ya no compensa. La gente prefiere trabajar ocho horas y volver a casa”, señala.
Un sector envejecido y con poco relevo
Uno de los aspectos que más preocupa a Hevia es la falta de jóvenes dispuestos a incorporarse al transporte. “La mayoría de la gente que trabaja en esto ronda los 50 años y prácticamente no hay relevo generacional”, advierte.
La conductora considera que el sector sigue sin estar suficientemente valorado pese a ser fundamental para el funcionamiento diario de la sociedad. “El sueldo cada vez va a peor”, señala.
Después de tres décadas al volante, Isabel Hevia sigue viendo su trabajo con naturalidad, lejos de cualquier épica. Para ella, la carretera nunca fue una aventura romántica ni una reivindicación personal, sino simplemente una forma de salir adelante y sacar a su familia adelante kilómetro a kilómetro.
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