Mauro Guillén, economista asturleonés en Pensilvania: "Ni Estados Unidos ni China quieren hundirse mutuamente"
"Si la población estadounidense crece con la inmigración, los chinos no podrán ser los líderes mundiales", asegura en Oviedo el economista asturleonés

Mauro Guillén durante su conferencia, ayer, en la Cámara de Comercio de Oviedo. Detrás de él, la imagen de una viñeta de prensa que satiriza las estrategias económicas empleadas por la antigua Unión Soviética y China contra Estados Unidos: la primera dice «¡Te enterraremos!», y la segunda, «¡Te compraremos!». | LUISMA MURIAS

"Yo le dije a Trump que viajara estos días atrás a China para que mi conferencia tuviera más relevancia". Con esta broma arrancó ayer el sociólogo y economista asturleonés Mauro Guillén, profesor de la escuela de negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania, su charla en la Cámara de Comercio de Oviedo, titulada "¿Podrá China desbancar a Estados Unidos?". El catedrático, nacido en León e hijo de luarquesa, acudió a la entidad ovetense invitado por la organización Compromiso XXI, de la que es socio de honor. Por cierto, en Wharton, donde da clases de Gestión Internacional, también estudió el presidente estadounidense. "Me gustaría pensar que si hubiera sido mi alumno ahora se comportaría de otro modo", ironizó Guillén.

El público asistente a la charla.
El economista hizo un minucioso análisis –apoyado en referencias históricas, datos económicos, citas de intelectuales e investigaciones académicas– de la situación demográfica, económica y política de China, y las probabilidades que tiene la potencia asiática de superar a Estados Unidos como líder mundial. Su conclusión no fue taxativa ("no estoy en posesión de la verdad, como no lo está ningún investigador"), pero sí se inclinó por la opción de que la nación norteamericana preserve la hegemonía global "si utiliza su arma más potente: la inmigración". "Si Estados Unidos consigue alejarse de las tendencias políticas contrarias a la inmigración y aumentar la entrada de población en las próximas décadas, impedirá que China se convierta en la primera potencia", afirmó.
Porque, según su diagnóstico, "China está sufriendo un declive demográfico heredado de la política de hijo único que durante años impuso allí el Gobierno y que ahora está tratando de revertir sin éxito, porque ha cambiado el papel de las mujeres: tienen aspiraciones profesionales y posponen su maternidad". Guillén señaló que "las políticas para fomentar la natalidad no suelen ser muy eficaces", y lo ilustró con un proyecto piloto de Singapur en el que el Estado subvencionó a jóvenes parejas unos días de vacaciones en Bali. No funcionó: "Es muy difícil cambiar ese tipo de decisiones desde el poder".
Guillén citó otros problemas que, a su juicio, tiene China, como un cierto aislamiento geográfico (no tiene salida directa al océano), una ideología anti-liberal y nacionalista ("frente a la ideología liberal clásica estadounidense, que es más exportable"), y el poder del Partido Comunista. "Estos elementos plantean la duda de si realmente quieren ser el poder hegemónico global", apuntó.
No obstante, Guillén también resaltó desafíos de Estados Unidos como la polarización política, el déficit comercial y fiscal, la "tendencia al aislacionismo que ha introducido Trump" y "una reciente aversión a la inmigración".
Sobre este último punto, a su juicio clave para el futuro del país, el profesor se mostró optimista: "A pesar de la polarización, en las decisiones los grupos decisivos no son los de los extremos de cada partido, sino el 60% de la población, la que está en medio. Y esa gente se acabará dando cuenta de que, sin inmigrantes, no tendrán médicos ni personas que les corten el césped. Así que apoyarán políticas favorables a la inmigración, esta crecerá, y con ella, la población". Y con ese fenómeno, sostiene Guillén, Estados Unidos parará los pies a China.
Con todo, el catedrático aseguró que "ni Estados Unidos ni China quieren hundirse mutuamente, ya que, a diferencia de lo que ocurría en la Guerra Fría con la Unión Soviética, actualmente ambos países participan en los mismos circuitos económicos, financieros y comerciales". "Estados Unidos y China siempre han tenido un matrimonio de conveniencia, pero no se van a divorciar", profetizó.
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