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Asturias, la única comunidad del norte que no sabe qué hacer con miles de toneladas de basura: el errático rumbo de Cogersa

La región continúa sin un modelo de gestión de residuos consolidado, a diferencia de Galicia, Cantabria y País Vasco, que optan por quemar la basura que no sirve para producir energía

Vertedero de Cogersa en Serín.

Vertedero de Cogersa en Serín. / MIKI LOPEZ / LNE

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Xuan Fernández

Xuan Fernández

Asturias es la única comunidad del Norte de España que sigue sin tener claro qué hacer con la basura que no se recicla. La crisis que atraviesa Cogersa, con una batalla interna en su cúpula —entre Alejandro Calvo, consejero de Movilidad y presidente del consorcio, y la gerente, Paz Orviz— y la incertidumbre sobre la Planta de Tratamiento de la Fracción Resto, la conocida como “Plantona”, ha vuelto a poner de relieve, según fuentes consultadas, la falta de un modelo definido de gestión de residuos en Asturias.

Cogersa afronta el futuro, además, con Orviz de baja laboral, aunque el consorcio celebrará una reunión del consejo de administración el próximo 27 de mayo en el que se abordará la suplencia de la gerente. Mientras tanto, se acumulan las urgencias.

El Principado suma además retrasos en la elaboración del nuevo Plan Integral de Residuos de Asturias (Pireca), después de que el anterior documento caducase en 2024. El futuro plan deberá responder a una pregunta que la región tiene sin resolver desde hace años: qué hacer con la basura que llega a Cogersa y que, por ahora, no tiene una salida clara. Se trata del denominado Combustible Sólido Recuperado (CSR).

La Plantona de Cogersa, inaugurada en enero de 2024 y fuera de servicio desde abril tras un colosal incendio, nació con el objetivo de reciclar automáticamente parte de los residuos que los ciudadanos no separan en origen. En el momento de su puesta en marcha se estimó que produciría unas 150.000 toneladas anuales de CSR, un material que puede tener usos industriales —por ejemplo como combustible en determinadas instalaciones energéticas— aunque Asturias todavía no ha desarrollado una solución estable para ello.

En esencia, la instalación está preparada para tratar 415.000 toneladas anuales de basura. Parte de esos residuos se recuperan en forma de materiales reciclables, como papel, hierro o vidrio, mientras que otra parte acaba convertida en CSR.

El gran problema sigue siendo el "rechazo", la parte de residuos sin reutilización posible por ahora: alrededor de 95.000 toneladas anuales de residuos que no tienen una utilidad definida ni un destino claro. De momento terminan en el vertedero de Cogersa, que ha tenido que ser ampliado durante los últimos años. En 2024, una licitación del Principado para buscar empresas que se ocupasen de ese CSR quedó desierta.

El consejero Alejandro Calvo ha asegurado que el Gobierno asturiano tomará una decisión sobre el modelo futuro, aunque ya ha admitido que “no se resolverá este año”. El Principado descartó tiempo atrás la construcción de una incineradora, una infraestructura históricamente rechazada por Izquierda Unida y que hoy sigue fuera de la agenda oficial del Ejecutivo de Adrián Barbón.

Asturias se ha quedado así como una excepción en el norte de España, donde el resto de comunidades ya consolidaron hace años sistemas de valorización energética o incineración para reducir la dependencia de los vertederos.

¿Qué pasa en otras comunidades?

En Galicia la gestión de los residuos recae en la empresa pública autonómica Sogama, en funcionamiento desde 1992 y articulada en torno al gran complejo ambiental de Cerceda (A Coruña), conectado además a una red de plantas de transferencia repartidas por toda la comunidad. El sistema gallego, homólogo a Cogersa, dispone también de un vertedero controlado al que se destinan los rechazos que no pueden reciclarse ni valorizarse energéticamente.

La gran diferencia es que Galicia sí resolvió hace décadas el tratamiento de la fracción resto. Sogama cuenta con una central termoeléctrica a la que llegan los residuos no reciclables para elaborar un combustible derivado de residuos (CDR), utilizado posteriormente para producir electricidad.

Según la compañía, la energía generada equivale al consumo del 12% de los hogares gallegos. Aunque Sogama evita definir la instalación como una incineradora y prefiere hablar de “valorización energética”, en la práctica en sus instalaciones se queman residuos para generar energía.

En Cantabria la gestión de los residuos se articula a través de la empresa pública Mare, dependiente del Gobierno autonómico. El eje del sistema es el Complejo Medioambiental de Meruelo, convertido desde comienzos de los años 2000 en la gran infraestructura cántabra para el tratamiento de la basura. Allí se separan los materiales reciclables y se gestiona también la fracción resto.

Cantabria dispone asimismo de valorización energética para reducir el vertido de residuos. El complejo de Meruelo incorpora instalaciones destinadas al tratamiento del rechazo no reciclable para generar energía.

En el País Vasco, la gestión de residuos está descentralizada en distintos consorcios y diputaciones forales, aunque el gran símbolo del modelo vasco es la planta de valorización energética de Zabalgarbi, en Bilbao. La instalación funciona desde 2005 y procesa residuos urbanos no reciclables para producir electricidad.

El País Vasco fue una de las primeras comunidades del norte en asumir abiertamente la incineración como parte de su modelo de residuos. La planta vizcaína quema la fracción resto para generar energía y reducir la dependencia de los vertederos.

Cogersa convoca una comisión delegada extraordinaria

La crisis interna en Cogersa sigue escalando. El consorcio ha convocado para el próximo 27 de mayo una comisión delegada extraordinaria en cuyo orden del día figura de forma destacada la “suplencia de la Gerencia en situaciones de vacante, ausencia o enfermedad”, en referencia a la baja laboral de Paz Orviz. Cogersa, por tanto, deberá suplir a Orviz si esta no regresa a su puesto antes. Ese mismo día también se celebrará un consejo de administración extraordinario.

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