Helados que se derriten en un minuto por un calor sin precedentes en Asturias: "Solo se puede estar debajo de un árbol"
Los termómetros baten su récord en mayo por segundo día consecutivo, con más de 36 grados en Mieres y Gijón
Asturias vivió ayer viernes una jornada histórica, sofocante y difícil de creer si se mira por el retrovisor de apenas una semana. El Principado batió de nuevo su récord de temperatura en un mes de mayo, menos de 24 horas después de haberlo hecho ya el jueves. Si Oviedo había marcado la víspera 34,2 grados, superando los 32,4 registrados el 4 de mayo de 2020, este viernes la región fue todavía más lejos: Mieres alcanzó los 36,3 grados y Gijón llegó a los 36,1. Nunca había hecho tanto calor en Asturias en mayo desde que la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) tiene estadísticas.
La región fue, durante unas horas, un horno impropio del Cantábrico. Además de los registros de Mieres y Gijón, en Tineo alcanzaron los 35,6 grados; y en Oviedo y Piloña, 35,5. Hacía más calor en Asturias que en Jaén, donde los termómetros marcaban 34,2 grados, o Córdoba, con 32,9. La comunidad rozó incluso registros propios de Sevilla, que llegó a los 37,6. La Aemet ya había advertido de temperaturas "extremadamente altas para la época del año", y el pronóstico se cumplió con creces. En Gijón, además, el dato fue especialmente llamativo: el anterior récord de mayo estaba en 31,8 grados, alcanzado el 13 de mayo de 1992. Este viernes, la ciudad no solo lo pulverizó, sino que se acercó a su récord anual, fijado en 36,4.
La alerta amarilla por calor extremo estuvo activa entre las dos y las siete de la tarde, y en el Suroccidente se prolongó hasta la medianoche. Pero la jornada no fue solo de sol aplastante: Asturias también convivió con avisos por lluvias, tormentas con granizo, rachas de viento y galernas. El litoral occidental y el Suroccidente estuvieron bajo aviso por precipitaciones y tormentas, mientras el litoral oriental afrontó riesgo de galernas. Y la lluvia llegó, de hecho. Un cóctel meteorológico extraño incluso para una primavera asturiana siempre imprevisible.

CONTRASTE EXTREMO EN UNA SEMANA. El mismo punto de Valle de Lago (Somiedo), hace una semana, nevado (a la izquierda) y con sol y a más de 30 grados ayer (a la derecha). La temperatura máxima hace siete días apenas alcanzó los 12,5 grados en Pola de Somiedo, donde ayer rozó los 32. / Marité Lana Díaz
La imagen más elocuente de este mayo desquiciado está en Somiedo. Hace una semana, nevaba con fuerza en la región y el puerto de Pajares obligaba a usar cadenas y restringía la circulación a camiones y autobuses. Siete días después, playas, parques y terrazas se llenaban como en pleno julio. En Valle de Lago, aldea conocida mundialmente por su aparición en la última película de la saga "Los juegos del hambre", el contraste fue brutal: del blanco de la nieve al sol de justicia. "Justamente hoy hace siete días estaba nevando... Esta época ye lo que tien, aunque quizá otros años no hubo temperaturas tan altas", explicaba Carlos Cobrana, ganadero y alcalde de barrio. En Pola de Somiedo se pasó de los 12,5 grados del viernes anterior a una máxima de 31,9. "La nieve no duró ni un día. A las siete de la mañana estaba cubierto de blanco y a las cuatro de la tarde ya se había evaporado todo", relataba Cobrana, antes de resumir el sentir de muchos vecinos: "Esto no ye bueno ni para las vacas ni para los humanos".
En las ciudades, la gente buscó refugio como pudo. En Oviedo, el Campo San Francisco se convirtió en uno de los grandes aliados contra el bochorno. Michelle Torres tendió una toalla junto a una fuente para que su perra "Linda" pudiera mojarse. "El único sitio donde se puede estar es debajo de un árbol. Iba a dar un paseo, pero hoy es imposible, tuve que refugiarme en el parque", contaba. Esther Martínez hizo una parada entre casa y el trabajo para comprar un helado. "Es el primero de la temporada, hoy me estreno", decía, mientras la tarrina empezaba a derretirse casi al cruzar la calle: "No esperaba para nada este calor, aquí... Hasta el 40 de mayo ya sabes…".
Las terrazas también actuaron como trinchera urbana. Jonathan Villota y Tamara Roza apuraban un refresco bajo una sombrilla en Oviedo, a pocos días —o quizá horas— de ser padres. "Estoy encantado, ojalá hiciera este tiempo todos los días", decía él. Ella bromeaba con la incertidumbre inmediata: "El fin de semana no sabemos si lo pasaremos en el hospital o en la playa". En los bares, el calor cambió incluso los hábitos de consumo. David Sela, trabajador de uno de los locales más concurridos de la ciudad, explicaba que "estos días el vino se ha cambiado por otras bebidas más refrescantes. Nos piden muchas limonadas y botellas de agua".
En Gijón, el termómetro histórico se combatió con playa y helados. Melanie López, Alba Lagares y Daniel Ponziani reponían fuerzas en la terraza de la heladería Islandia tras una mañana sofocante en el arenal. "Más allá del calor, da gusto comer un helado", decía Ponziani. "¡Y que te enfría un poco el cuerpo!", añadía Melanie. El propietario del local, Iván A. Noval, reconocía el impacto directo del tiempo en su negocio: "Este es un gremio en el que el factor meteorológico influye mucho". También en el Muro de San Lorenzo se multiplicó el movimiento. Mark Fernández, de 9 años, saboreaba una tarrina de sabor oreo junto a su madre, Saba Lobo. "Para Reyes pedí una máquina para hacer helados", confesaba el niño. Su madre, aunque se declara del "equipo frío", cedió a la postal veraniega: "No sé qué tienen los helados, pero refrescan mucho y se agradece con el calor que hace".
En las Cuencas, donde se registró la temperatura más alta de la jornada, el calor obligó a improvisar. En Urbiés, los vecinos preparaban el certamen de su popular queso pendientes del termómetro. "Este calor es muy malo para la conservación, nadie esperaba pasar de los treinta grados a estas alturas del año", señalaba Pablo Sánchez, aunque aclaraba que la "anomalía" no afectará a la calidad del producto. En Mieres, Raúl Piedra y Lourdes Casasola descansaban al mediodía en el parque de La Libertad protegidos por un paraguas usado como sombrilla. "Esta vez nos pilló de imprevisto y me acordé de que tenía uno en el coche. Hay que protegerse de este bochorno", explicaba Lourdes.
La cara más preocupante de la jornada se vivió en centros educativos y de menores. Familias del Colegio de Educación Especial de Latores denunciaron temperaturas "inaguantables" durante el jueves y el viernes. Algunas decidieron recoger a sus hijos ante el calor extremo en las aulas. "No hablamos únicamente de incomodidad", advirtió el AMPA, que recordó que parte del alumnado tiene discapacidad, dificultades para regular la temperatura corporal o toma medicación incompatible con la exposición a tanto calor. También los sindicatos CC OO, CSIF e ISA denunciaron temperaturas superiores a 33 grados en dependencias del Centro de Menores Los Pilares, en Oviedo, donde se atiende a bebés y niños de 0 a 3 años. La situación fue comunicada a la Inspección de Trabajo y a la Fiscalía de Menores.
La anomalía no termina aquí. Este sábado bajarán las máximas, pero se esperan lluvias y tormentas con granizo en varias zonas. El domingo volverán los cielos nubosos, las brumas en el litoral y nuevos chubascos en la Cordillera. Asturias acaba de batir su récord de calor en mayo, pero la primavera, entre nieve, bochorno, tormentas y galernas, sigue empeñada en no parecerse a sí misma.
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