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Javier Roza, nuevo presidente de la patronal láctea española: "El aumento del consumo de lácteos hace necesaria una ganadería rentable"

"Es una pena que Asturias haya perdido un 15% de producción de leche en cinco años porque tenemos una industria brillante"

Roza, el pasado martes, en Oviedo.

Roza, el pasado martes, en Oviedo. / Mara Villamuza / LNE

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Yago González

Yago González

Oviedo

Javier Roza (Oviedo, 1961), director general de Mantequerías Arias –con fábrica en Vegalencia (Ribera de Arriba)– es el nuevo presidente de la Federación Nacional de Industrias Lácteas (FeNIL), patronal que integra a más de 60 empresas del sector. Es licenciado en Biología por la Universidad de Oviedo, doctor "cum laude" por la Universidad Complutense de Madrid y MBA por el Instituto de Empresa. Actualmente ostenta, además, la presidencia de la Interprofesional Láctea (INLAC). Regresa ahora a la presidencia de FeNIL, responsabilidad que ya ejerció entre 2016 y 2019.

¿Qué objetivos y grandes retos se marca al volver a coger los mandos de FeNIL?

El principal reto es garantizar el abastecimiento futuro de productos lácteos. La pandemia y las guerras recientes nos han recordado lo frágil que puede ser la cadena alimentaria. En el sector lácteo esto es especialmente crítico porque la leche y sus derivados son productos frescos que no se pueden almacenar como los cereales. Requiere una integración muy estrecha entre ganaderos e industria. Además, la ganadería lechera exige una dedicación diaria muy alta: hay que estar con los animales mañana y tarde. Esto dificulta el relevo generacional. Estamos perdiendo explotaciones y no hay suficientes jóvenes que tomen el relevo. Si no lo solucionamos, corremos el riesgo de no producir suficiente leche para la demanda futura.

Los precios de la leche están relativamente altos, pero los ganaderos señalan que sufren costes elevados y márgenes ajustados.

Es un tema complejo. Los precios han sido muy volátiles en los últimos años por la guerra en Ucrania y otros factores geopolíticos. Hubo subidas y bajadas bruscas que generaron pérdidas tanto en el campo como en la industria. En los últimos meses, especialmente desde septiembre-octubre del año pasado, ha habido una producción récord en países como Alemania, Francia y Holanda que ha hecho caer los precios en toda Europa. En España los precios siguen siendo más altos que en la media europea, pero el ajuste ha sido fuerte y ha generado mucha inquietud entre los ganaderos.

Roza, el pasado martes, en Oviedo.

Roza, el pasado martes, en Oviedo. / Mara Villamuza / LNE

¿Y cuál es su mensaje para ellos?

Que a medio y largo plazo el panorama es prometedor. El consumo de lácteos sigue creciendo en España y en el mundo. Los mercados se ajustan: cuando los precios no son rentables, se reduce la producción y luego se recuperan. La industria española es consciente de que necesita una ganadería rentable.

¿Cómo están evolucionando los hábitos de consumo de lácteos en España?

La buena noticia es que cada vez se consumen más lácteos. España crece por encima de la media europea. La leche líquida se mantiene estable, aunque influye el descenso de natalidad y la competencia de las bebidas vegetales. Ahí tenemos que seguir insistiendo en el valor nutricional: los lácteos aportan el 50% del calcio que consumen los españoles. Donde hay más dinamismo es en yogures, leches fermentadas (con el "boom" del kéfir, por ejemplo) y especialmente en quesos. Estos últimos están creciendo a buen ritmo porque partíamos de un consumo per cápita más bajo que en otros países europeos y estamos convergiendo. Además, los quesos permiten valorizar mucho mejor la leche: un kilo de queso equivale a unos ocho litros de leche.

España tiene, entonces, un déficit importante en lácteos.

Exacto. A pesar de ser una potencia agroalimentaria, en lácteos somos el país de la UE-27 con mayor déficit comercial. Importamos aproximadamente el doble de lo que exportamos, sobre todo de Francia, Alemania y Holanda. Actualmente, alrededor del 30% de los lácteos que se consumen en España no se producen con leche española. Si no actuamos, en cinco años ese déficit podría llegar al 40% y en diez al 50%. Necesitaríamos unos 3.000 millones de litros más de leche, lo que equivaldría a unas 300.000 vacas adicionales.

¿Y Asturias qué peso tiene en este mapa?

Asturias representa alrededor del 7% de la producción nacional de leche. Es una región importante, pero preocupante porque en los últimos cinco años ha perdido cerca de un 15% de producción. No ha habido relevo generacional suficiente ni aumento de productividad que compense la caída de explotaciones. Esto contrasta con Galicia, que produce el 40% de la leche española y mantiene mejor sus volúmenes. Y es una pena porque Asturias, a diferencia de Galicia, tiene una capacidad industrial brillante. Tenemos Reny Picot, que es la gran multinacional española del sector; está Central Lechera Asturiana, que es otro empresón que ha conseguido el liderazgo en marca de leche.

¿Y qué han hecho en Galicia para obtener esos resultados?

Galicia hace mucho tiempo que tiene detrás de toda su estrategia el ponerla como un referente en calidad. Recordemos eso de "Galicia, calidade". Y tiene industrias de otros sectores (como Zara) que han puesto a la comunidad en órbita. Pero en la parte alimentaria, y en concreto la láctea, en el tema de calidad ellos tienen una enorme prioridad estratégica política. Lo han apoyado siempre a muerte, para ellos es lo más importante que tienen, y hacen políticas de apoyo más potentes que las que hemos hecho en otras regiones.

¿Cómo está viviendo la industria láctea la transición energética y los planes de descarbonización?

El sector está absolutamente comprometido con la sostenibilidad. Tanto ganaderos como industria somos conscientes de que debemos cuidar el medio ambiente. No somos parte del problema, sino que estamos haciendo las cosas cada vez mejor. Dicho esto, las inversiones necesarias son muy importantes. Los fondos Next Generation han puesto condiciones tan estrictas y complejas que muchos proyectos se han paralizado. A veces obligan a uniones entre empresas muy diferentes que no tienen sentido. También la volatilidad de los precios y la incertidumbre energética dificultan la planificación.

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