"Prefiero que me manden al neno para casa a que me llamen diciendo que cayó al suelo, deshidratado": las familias de Turón apoyan la suspensión de clases por el calor
Profesores y padres ven necesario adaptar el centro a las nuevas condiciones meteorológicas, con calor de agosto ya en junio, con los alumnos en las aulas

Amor Domínguez

«Prefiero que me lo manden para casa a que me llamen para decirme que el neno cayó al suelo deshidratado». Así reflexionaba este viernes una madre de un alumno de 10 años del colegio Vega de Guceo de Turón (Mieres), que el jueves se convirtió en el segundo de Asturias, tras un instituto de Trubia (Oviedo), en suspender las clases por las altas temperaturas. Los escolares regresaron al aula, ya más frescas y habitales, tras una semana en la que por momentos fue "terrorífico" entre las cuatro paredes del Vega de Guceo.

Mercedes García, ante el colegio turonés. / A. D.
«Es que no era para menos», explicó a LA NUEVA ESPAÑA Isabel Fuente, profesora de Infantil poco antes de que sonara el timbre del fin de jornada. Fuente mostró una foto en el móvil de comparativa de temperaturas entre un colegio en Málaga y el asturiano el pasado jueves: el primero, 29,4 grados y 37% de humedad; el segundo, a la misma hora, 30,5 grados y un 40% de humedad.

Ignacio Guadalupe y su hijo Alfonso, este viernes, a la salida del colegio. / A. D.
La jefa de estudios, Mercedes García, no duda de que la decisión de solicitar a la Consejería de Educación la suspensión de las clases fue acertada: «El martes algún chiquillo estuvo algo maluco; el miércoles, las temperaturas fueron extremas y tuvimos que dar el paso. Es que las aulas no enfriaban, hay mucho crío pequeño. Una clase se recupera fácil, lo importante es la salud».

Isabel Fuente, mostrando la comparativa de temperaturas. / M. R.
Las familias cierran filas con los profesores. «Fue muy acertado», opina sin dudar Ignacio Guadalupe, padre de Alfonso, de 5 años. «No están acostumbrados a tanto calor ni son conscientes del riesgo. Se hizo lo que se tenía que hacer. Y a partir de ahora hay que pensar en el futuro, cambiar hábitos para adaptarse. No pasa nada», añadió el progenitor con el asentimiento del resto de padres y madres concentrados a las puertas del colegio para recoger a sus hijos.
Medidas
Toda la comunidad educativa coincide en la necesidad de ir adaptando los centros a la nuevas condiciones. «Este colegio está orientado hacia el sol y la luz. Pero eso ahora es un problema. No tiene aislamiento, el tejado está sin cubierta... Todo influye. Fijo que en agosto ha pasado en ocasiones, pero aquí no hay nadie. El problema es que ahora las temperaturas altas han llegado en junio, con los niños aún en clase», explican los profesores. Mercedes García confiesa que dar el paso de suspender las clases no fue fácil: «Hubo cierto miedo o respeto, por ser algo tan novedoso y llamativo, pero es que había que hacerlo. Y todo el mundo lo entendió. A partir de ahora hay que pensar que esto se repetirá y debemos adaptarnos».
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