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Adiós a Eduardo García-Rico, cronista de la izquierda española

El periodista, que se inició en LA NUEVA ESPAÑA, desarrolló su carrera en Madrid, ligado a "Triunfo", "Pueblo" y la información cultural

El periodista Eduardo García-Rico, en su domicilio de Madrid, en una imagen de 2010.

El periodista Eduardo García-Rico, en su domicilio de Madrid, en una imagen de 2010. / MODEM PRESS

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Chus Neira

Chus Neira

Oviedo

Eduardo García-Rico, una de las voces más destacadas del periodismo cultural y político del tardofranquismo y la Transición, cronista de la izquierda española, murió el pasado jueves en Madrid, donde residía desde hacía décadas, a los 95 años tras una larga enfermedad. Había nacido en Trevías (Valdés) en 1931, en el seno de una familia republicana diezmada por la represión.

Si algo define a García-Rico por encima de los muchos episodios que él mismo dejó minuciosamente narrados en sus "Memorias", publicadas en este diario, es haber sido un hombre comprometido toda su vida con una idea. "Esa idea, por debajo de las siglas, fue siempre la misma: la democracia", rememoraba ayer su hijo Eduardo después de la despedida, en la intimidad, en la capital.

García-Rico defendió sus ideas desde una sólida formación intelectual forjada en una izquierda afrancesada y la sostuvo a lo largo de las sucesivas etapas que fue atravesando el país, acompasando su militancia a la evolución de España: primero en el Partido Comunista asturiano, en la clandestinidad, y más tarde en el PSOE.

Sus primeros pasos profesionales los dio en Asturias. En Radio Oviedo, donde trabajó ocho años y firmó la popular charla diaria "Cartas al viento". Se formó en un cursillo impartido por el peridoista Manolo Avello, con quien acabaría emparentando al casarse con su hermana, Dolores Fernández-Avello, y con el que compartiría cabecera al incoporarse a LA NUEVA ESPAÑA, donde publicaba la página "Escandalera", reflejo semanal de la tertulia "Naranco". Captado ya por el PC, fue perseguido en 1961 por la Brigada Político-Social y tuvo que huir a Madrid.

En la capital, y de la mano de José Ángel Ezcurra, se incorporó a la revista Triunfo. Fue su secretario general y reclutador de firmas, y participó en la aventura de Ruedo Ibérico, junto a Jorge Semprún, Fernando Claudín e Ignacio Quintana. Aquella cercanía a Claudín —al "claudinismo" que defendía las tesis que años después serían las del eurocomunismo— le costó la expulsión del Partido Comunista a manos de sus propios compañeros. Fue, recordaban sus allegados, una herida muy dolorosa: la de un militante de izquierdas con una convicción democrática profunda apartado por los suyos.

La superó, y obtuvo además su reivindicación personal. Cuando el partido abrazó el eurocomunismo que él había defendido y Carrillo regresó a España, García-Rico se ocupó de buscar un encuentro con el secretario general, se dieron la mano y pudo dejar constancia de que la historia le había dado la razón..

Estudioso del siglo XIX y escritor infatigable, dejó más de mil artículos, un centenar de entrevistas y una veintena de libros, entre ellos "Reflexiones ante el neocapitalismo" (con Manuel Vázquez Montalbán), "Palabras en libertad" o "Vida, pasión y muerte de Triunfo". Trabajó también el diario "Pueblo" y dirigió el área de cultura de los telediarios de fin de semana. Su esposa, Dolores Fernández-Avello, había fallecido años atrás. García-Rico deja cuatro hijos y cuatro nietos.

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