El controvertido desarrollo de los supercentros de datos: el impacto en el consumo de agua y por qué Asturias no resulta atractiva aún
La disposición de suelo y potencia eléctrica suficiente, factores fundamentales para decidir la ubicación
El Gobierno inició hace un año su particular cruzada ante la "huella ecológica" de estas infraestructuras obligándoles a revelar su consumo de energía y recursos hídricos

Vista aérea de los ventiladores de refrigeración de un centro de datos en EEUU. / AFP
C. Jiménez
Cuando la economía digital se expande, los centros de datos se presentan como infraestructuras esenciales para el funcionamiento de internet, la computación en la nube y el desarrollo de la inteligencia artificial, los convierte en una pieza clave para la sociedad. Sin embargo, su operación demanda grandes cantidades de recursos, entre ellos el agua, utilizada principalmente en los sistemas de enfriamiento para evitar el sobrecalentamiento de los servidores. Es el caso de la infraestructura de supercomputación como la que hace años se inauguró en León y de la que participa también el Instituto de Ciberseguridad (Incibe) que ya suma más de 300 trabajadores. Dicho centro no solo evita pérdidas millonarias para empresas y administraciones, por el componente añadido de respaldo en universos digitales, sino que también genera ganancias para el conjunto de la sociedad. "Concretamente, más de 3.000 millones de euros anuales", según las estimaciones de sus responsables. Pero su 'huella ecológica' es más difícil de calcular. No hay datos exactos de cuánto líquido necesita una instalación de estas características, pero una investigación de 2021 publicada en la revista 'Nature' hallaba que un centro de datos de tamaño mediano (15MW) usa tanta agua como tres hospitales o dos campos de golf. Por ponerlo en perspectiva, tres centros de Amazon en Aragón llegarán a tener una capacidad de 300 MW en total en la próxima década. Y aunque cada vez recurren a más agua reutilizada, cerca de la mitad de la que usan es potable.
El uso de los recursos hídricos puede ser bastante significativo en determinadas zonas donde ahora mismo ya son escasos, señala desde organizaciones conservacionistas. Aunque comparado con otros grandes consumidores de agua, como el regadío, representa un porcentaje pequeño. Es, en definitiva, otro consumo más que se suma a la explotación de nuestros cada vez más esquilmados recursos hídricos. China ha llegado a ubicar algunos de esos centros en megaestructuras flotantes en el océano y usan agua de mar para enfriarlos, una solución viable en el litoral cantábrico. En Estados Unidos, sin embargo, la tensión con los recursos locales empieza a pasar de los informes técnicos a las quejas vecinales.
Pero, ¿por qué España está creciendo tanto y tan rápido en el desarrollo de estas infraestructuras? Las razones son varias. La primera es la ubicación y la costa. Estar situado en una suerte de cruce de caminos intercontinental –tecnológicamente hablando- entre Europa, África y Asia, convierte a la península en el lugar adecuado para comunicar y conectar tecnológicamente el mediterráneo y su área de influencia. La costa juega a su vez un papel determinante. A ella arriban los cables de telecomunicaciones submarinos que conectan, por ejemplo, Nueva York con la playa de Sopelana, en Vizcaya y desde ahí distribuir los datos que han cruzado océanos a cualquier otro lugar remoto del mundo. Pero también están los de regiones como Castilla y León. ¿Qué influye, pues en la decisión de ubicar en uno u otro territorio un gran centro de datos? Según las tecnológicas, influye en gran medida la potencia renovable -las fuentes limpias ya suponen más del 50% de la energía eléctrica en nuestro país-, que hace que los precios de la electricidad sean más bajos en los lugares donde se emplazan.
Meta, la empresa fundada por Mark Zukerberg, ha señalado en el informe de impacto ambiental de uno de sus centros de datos para Talavera de la Reina (Toledo), que consumirá 500.000 metros cúbicos de agua al año (500 millones de litros), una reducción del 24% respecto al plan inicial, aunque supondrá en todo caso un 8% del consumo de agua de la ciudad. Para frenar cualquier exceso, el Gobierno inició hace un año su particular cruzada ante la "huella ecológica" de estas infraestructuras y comenzó a trabajar en la transposición de una directiva europea sobre eficiencia energética que obligaba a los centros de datos a revelar su consumo de energía y agua. Pero también hay un tercer factor: el suelo, además de la electricidad y agua, resultan fundamentales para su puesta en marcha y funcionamiento posterior. Esos son, en suma, los desafíos para que Asturias se haga fuerte en el sostenimiento de la economía digital.
Los supercomputadores, los procesadores y la inteligencia artificial atraen talento e inversión. Se estima que por cada euro que se invierte, se generan unos diez. En el mundo de la geopolítica digital se habla ya de que sin chips, no hay paraíso. Lograrlo obliga a contar con suelo, electricidad y agua en cantidades suficientes.
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