La asturiana Teresa Bobes, nueva presidenta de la Sociedad Española de Psicología Clínica: "Esta sociedad nos exige demasiado y nos da muy poco margen para la vulnerabilidad"
"No estoy segura de que los jóvenes de ahora sean más frágiles que generaciones anteriores; pero están creciendo en un contexto muy diferente, con una exposición constante a las redes sociales, una elevada presión por el rendimiento y una enorme velocidad en los cambios sociales y tecnológicos"
"Es importante continuar aumentando la capacidad formativa del sistema PIR para que cada vez más especialistas en Psicología Clínica puedan incorporarse al Sistema Nacional de Salud"

María Teresa Bobes Bascarán, ayer, en el Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo. / Luisma Murias

María Teresa Bobes Bascarán (Oviedo, 1983) acaba de ser elegida presidenta de la Sociedad Española de Psicología Clínica (SEPC-ANPIR). Psicóloga clínica del Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa), es además profesora asociada de la Facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo e investigadora vinculada al área de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo, al Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias (ISPA) y al Cibersam. Su actividad profesional combina la asistencia sanitaria, la investigación y la docencia. Teresa Bobes se dedica con particular atención a ámbitos como la prevención del suicidio, la salud mental comunitaria, las adicciones, las personas con trastorno mental grave y la salud mental perinatal. Siempre he mantenido una fuerte vinculación con actividades de voluntariado y participación social.
¿Por qué decidió ser psicóloga?
Crecí en una familia en la que el trabajo, la responsabilidad y la generosidad hacia los demás eran valores fundamentales. Mi padre es psiquiatra y mi madre estudió Medicina. Más allá de sus profesiones, me transmitieron una forma de entender la vida basada en el compromiso, el esfuerzo y el servicio a los demás.
¿Con qué ánimo asume el cargo de presidenta de la Sociedad Española de Psicología Clínica?
Con mucha ilusión, pero también con una enorme responsabilidad. La salud mental ocupa hoy un lugar central en el debate social y sanitario. Es una oportunidad extraordinaria para avanzar, pero también exige rigor, responsabilidad y una visión estratégica de futuro. Asumo esta etapa con la voluntad de escuchar, sumar y trabajar junto a profesionales de todo el país para fortalecer la Psicología Clínica y contribuir a mejorar la atención que reciben las personas.
¿Qué estilo de dirección piensa aplicar?
Entiendo el liderazgo no como una tarea individual, sino como un grupo de personas que comparte valores, dirección y propósito para seguir avanzando incluso en los momentos difíciles. Al final, tanto en la sanidad como en la investigación o en las sociedades científicas, los avances más importantes no son el resultado del esfuerzo de una sola persona, sino del trabajo coordinado de muchas personas comprometidas con un objetivo común.
Prioridades
¿Qué objetivos prioritarios se plantea para su mandato?
Queremos reforzar la presencia de la Psicología Clínica dentro del Sistema Nacional de Salud, impulsar la investigación, fortalecer la formación especializada y contribuir al desarrollo de modelos asistenciales basados en la evidencia científica. También queremos seguir avanzando en áreas especialmente relevantes, como la prevención del suicidio, la salud mental infanto-juvenil, las adicciones, la atención comunitaria, la salud mental perinatal y la Psicología Clínica en los problemas de salud y en los dispositivos de interconsulta y enlace hospitalario. Nuestro objetivo último es sencillo de expresar: mejorar la atención que reciben las personas y sus familias.
¿Cuál es el nivel de la Psicología Clínica en España?
España cuenta con especialistas en Psicología Clínica extraordinariamente bien formados. El sistema PIR constituye uno de los modelos de formación especializada más exigentes y garantistas de nuestro entorno. Nuestros profesionales desarrollan una labor asistencial, docente e investigadora de gran calidad. Debemos sentirnos orgullosos de lo conseguido, pero también seguir avanzando. Por ello es importante continuar aumentando la capacidad formativa del sistema PIR para que cada vez más especialistas en Psicología Clínica puedan incorporarse al Sistema Nacional de Salud con las máximas garantías de calidad, seguridad y equidad.
La demanda de asistencia, al alza
¿Cómo ve el incremento de la demanda de asistencia psicológica?
Tiene aspectos muy positivos. Cada vez existe menos estigma y las personas buscan ayuda antes, lo que facilita la prevención y la intervención temprana. Al mismo tiempo, debemos reflexionar sobre la tendencia a interpretar cualquier malestar como un problema sanitario. No todo sufrimiento requiere atención especializada. Algunas dificultades pueden beneficiarse de respuestas educativas, familiares, sociales o comunitarias. Necesitamos fortalecer tanto los recursos comunitarios como los recursos sanitarios, cada uno en el ámbito que le corresponde.
¿Qué parte del fenómeno hay que atribuir a la pandemia de covid-19?
La pandemia actuó como una lupa que hizo más visibles problemas que ya existían. La soledad, la incertidumbre, las dificultades económicas, la conciliación o el debilitamiento de algunas redes de apoyo ya estaban presentes antes. La pandemia aceleró muchos de esos procesos y aumentó la conciencia colectiva sobre la importancia de la salud mental.
¿Cuánto hay de moda y cuánto de necesidad real?
Hay una mezcla de ambas cosas. Las redes sociales han contribuido a normalizar la conversación sobre salud mental y eso es positivo. Hablar de sufrimiento psicológico ya no genera el mismo estigma que hace años. Sin embargo, también debemos evitar la simplificación excesiva de conceptos complejos. La salud mental no es una moda. Las personas que presentan trastornos mentales experimentan un enorme sufrimiento y merecen una atención sanitaria de calidad, segura y basada en la mejor evidencia científica disponible.
Un ecosistema complejo
¿En qué estamos fallando como sociedad para que se perciba tanta necesidad de ayuda?
Quizá vivimos en una sociedad que nos exige demasiado y nos permite muy poco margen para la vulnerabilidad. Existe una enorme presión por ser productivos, exitosos, felices y emocionalmente equilibrados de forma permanente. Eso no es realista. Además, hemos debilitado algunos espacios tradicionales de apoyo y pertenencia. La salud mental también se construye en las familias, en las escuelas, en los barrios, en las asociaciones y en las comunidades.
¿Cuál es la clave de la fragilidad mental de los niños, adolescentes y jóvenes?
No estoy segura de que sean más frágiles que generaciones anteriores. Lo que sí sabemos es que están creciendo en un contexto muy diferente, con una exposición constante a las redes sociales, una elevada presión por el rendimiento y una enorme velocidad en los cambios sociales y tecnológicos. También tienen una mayor capacidad para hablar de emociones y pedir ayuda, y eso constituye una oportunidad muy valiosa para la prevención.
La formación de los psicólogos
¿La formación que se ofrece en la Facultad de Psicología de Oviedo está acompasada con las prioridades del mercado?
La Facultad de Psicología de Oviedo cuenta con una larga tradición de excelencia académica y científica. Como ocurre en cualquier disciplina, siempre hay margen para adaptarse a los nuevos retos sociales y sanitarios, pero nuestros estudiantes reciben una formación sólida y de calidad que les proporciona una buena base para su desarrollo profesional.
¿Cómo valora la exigencia de másteres habilitantes?
La atención sanitaria exige una formación rigurosa. Los ciudadanos tienen derecho a saber que quienes les atienden disponen de las competencias necesarias para hacerlo con seguridad y calidad. La formación no es una barrera; es una garantía para los pacientes. Además, creo que en los próximos años tendremos que reflexionar sobre la evolución de la formación en Psicología. La complejidad creciente de los problemas de salud y de los contextos asistenciales exige una preparación cada vez más sólida. Si queremos una atención psicológica de excelencia, debemos apostar también por una formación de excelencia y avanzar hacia modelos formativos que permitan responder adecuadamente a las exigencias de la práctica sanitaria contemporánea.
¿Faltan especialistas en enfermedades de elevada incidencia, como el trastorno límite de personalidad?
Las personas que presentan problemas de salud mental complejos necesitan intervenciones especializadas y equipos adecuadamente dimensionados. Por ello es importante seguir incrementando las plazas PIR y reforzando los dispositivos especializados del Sistema Nacional de Salud. La mejor manera de responder a las necesidades crecientes de la población es formar más especialistas y fortalecer los recursos públicos de salud mental.
Las diferencias dentro del colectivo
¿Cómo se pueden articular de manera equitativa los intereses de los psicólogos clínicos y de los psicólogos generales sanitarios?
A menudo este debate se presenta como una confrontación entre colectivos profesionales, pero creo sinceramente que ese enfoque es equivocado. No se trata de una lucha corporativista ni de defender intereses profesionales particulares. Se trata de garantizar que la ciudadanía reciba la atención sanitaria con las mayores garantías posibles de calidad, seguridad y eficacia. Muchos especialistas en Psicología Clínica han realizado previamente el Máster en Psicología General Sanitaria u otras formaciones de posgrado, que constituyen una excelente base para el desarrollo profesional. Sin embargo, la especialidad de Psicología Clínica aporta una formación adicional intensiva y supervisada, imprescindible para abordar la complejidad de los distintos dispositivos del Sistema Nacional de Salud, desde la atención primaria y comunitaria hasta los hospitales generales, la interconsulta y enlace hospitalario, las unidades de hospitalización psiquiátrica, los programas de intervención en crisis, la atención infantojuvenil, las adicciones o la rehabilitación.
En el colectivo saltan chispas, en ocasiones...
Cuando defendemos la formación especializada no estamos defendiendo privilegios profesionales. Estamos defendiendo el derecho de los ciudadanos a ser atendidos por profesionales con el máximo nivel de capacitación para responder a sus necesidades. La respuesta a los desafíos actuales de la salud mental no debería consistir en reducir los estándares de formación especializada, sino en aumentar la capacidad formativa del sistema PIR y fortalecer los servicios públicos para que cada vez más especialistas en Psicología Clínica puedan incorporarse al Sistema Nacional de Salud.
¿Puede mejorarse la distribución de roles entre el psicólogo y el psiquiatra?
La clave está en la colaboración. Los problemas de salud mental son complejos y requieren equipos multidisciplinares capaces de integrar distintas perspectivas y competencias. Psicólogos clínicos y psiquiatras compartimos muchos objetivos y trabajamos mejor cuando lo hacemos de forma coordinada. Pero la atención a la salud mental no depende únicamente de estas dos profesiones. Los equipos actuales incluyen también enfermeras especialistas en salud mental, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales y otros profesionales que realizan aportaciones esenciales para la recuperación, la rehabilitación, la integración comunitaria y el apoyo a las familias. La salud mental no es el resultado del trabajo de una única profesión; es el resultado del trabajo coordinado de equipos especializados que ponen a la persona en el centro de la atención.
Ideas clave
¿Cómo valora la atención comunitaria?
A veces se transmite la idea errónea de que la Atención Primaria es un nivel asistencial menos especializado que la Atención Hospitalaria. En realidad, la atención comunitaria constituye uno de los pilares fundamentales del Sistema Nacional de Salud y está sostenida por profesionales altamente cualificados. Los médicos de familia son especialistas formados mediante el sistema MIR. Las enfermeras familiares y comunitarias son especialistas formadas mediante el sistema EIR. Y los psicólogos clínicos son especialistas formados mediante el sistema PIR. La atención comunitaria requiere una elevada cualificación porque implica trabajar cerca de las personas, sus familias y sus contextos de vida.
¿Qué papel desempeña un psicólogo en un hospital?
La Psicología Clínica es muy importante en los problemas de salud y en la interconsulta y enlace hospitalario. La salud mental no está separada de la salud física. Cada vez conocemos mejor la interacción entre ambas dimensiones y la necesidad de abordarlas de forma conjunta. Los especialistas en Psicología Clínica desempeñan una labor fundamental en los programas de interconsulta y enlace hospitalario, colaborando con servicios como Oncología, Neurología, Medicina Interna, Neumología, Cardiología, Pediatría o Cuidados Paliativos. Su trabajo ayuda a afrontar el impacto psicológico de la enfermedad física, favorece la adaptación a los tratamientos y contribuye a una atención más integral y humanizada. Del mismo modo, ámbitos como la psicooncología, la neuropsicología clínica, la atención psicológica en cuidados paliativos o la intervención en enfermedades crónicas constituyen áreas de enorme relevancia asistencial que requieren profesionales específicamente cualificados.
¿Es adecuada la formación que reciben los especialistas en el ámbito sanitario?
Aquí debo decir que mi vida personal me permite conocer la sanidad desde perspectivas muy diversas. Mi marido es neumólogo en el Instituto Nacional de Silicosis y nuestras conversaciones en casa suelen recordarme algo esencial: detrás de cada especialidad, de cada servicio y de cada profesional sanitario hay años de formación, experiencia y compromiso con los pacientes. Esa visión compartida me ha reafirmado en una convicción profunda: la mejor forma de proteger a la ciudadanía es garantizar que pueda ser atendida por los profesionales mejor cualificados posibles, independientemente de que necesite un médico de familia, una enfermera comunitaria, un neumólogo, un psiquiatra o un psicólogo clínico. La excelencia profesional no es un privilegio de los profesionales; es un derecho de los pacientes.
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