Cómo combatir los nervios antes de la PAU: "Se habla tanto del examen que su cabeza se pone alerta y a esa edad no se gestiona igual", advierten los expertos en Asturias
Los alumnos se enfrentan a una situación completamente distinta para ellos: "Lo más importante es acompañarles y escucharles sin presionar"

Jóvenes asturianos enfrentándose a la primera jornada de los exámenes de la PAU 2026. / Ángel González
Según la Real Academia Española (RAE), los nervios son el "estado psicológico agitado y tenso de una persona". El psiquiatra Juanjo Martínez Jambrina lo resume como ansiedad anticipatoria. Latidos acelerados, sudoración, tensión muscular, problemas para dormir o preocupación excesiva son algunos de los síntomas. Signos que estos días muchos bachilleres asturianos están viviendo con motivo de las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU), que este miércoles llegó a su segunda jornada con las pruebas de Historia, Filosofía, Análisis Musical, Matemáticas, Dibujo Artístico o Latín, entre otras.
"A esa edad, los nervios no se manejan igual que en la edad adulta y, además, depende mucho del nivel de madurez de cada chaval", explica Martínez Jambrina, que cree que no solamente es el examen, sino el poner fin a una etapa. "Es algo desconocido para ellos y que les llevará a un cambio de vida, de entorno, de amistades... Todo se junta", razona.
Además, hay otra derivada. "Se habla tanto del examen a lo largo de Bachillerato que su cabeza se pone alerta", explica. Es lo mismo que quiso transmitir el rector de la Universidad de Oviedo, Ignacio Villaverde, en el inicio de la PAU el pasado martes. "Hay que quitarle hierro a la sensación de que te juegas la vida en esta prueba", aseguró. Un mensaje que los profesores tratan de comunicar a lo largo de todo el curso.
Ana González es profesora de tecnología del IES Ramón Areces. Como cada año, describe los momentos previos al primer examen (que siempre es el de Lengua Castellana y Literatura) como "terribles". "Uno de mis alumnos hasta temblaba, pero cuando lo acaban se tranquilizan y los ves más motivados", comenta. Tanto ella como otras colegas creen, tras años de experiencia, que el nerviosismo no es solo por la prueba.
"La base es concienciarlos de que van bien preparados, pero más allá de lo académico se enfrentan a un sistema nuevo: aulas universitarias, identificación con DNI, las pegatinas del examen... Al principio van fatal de ánimos", sonríe. Lo cuenta tras haber recibido una llamada desesperada: uno de sus alumnos había perdido el DNI. "Me dijo que 'la había cagado' y que ya estaba todo perdido", cuenta. La profesora trató de tranquilizarlo y fue personalmente a la Facultad a ver si habían encontrado el documento. Estaba allí. "Esta generación también juega con una cosa muy a su favor, que es poder coger un móvil y pedir ayuda o tener al otro lado del teléfono a alguien que le pueda tranquilizar", razona González.
Una parte humana que Ana Dávila, del equipo de orientación del Colegio Dulce Nombre de Jesús (Dominicas) de Oviedo, conoce bien. "Procuramos, ante todo, arroparles", subraya. "El mes antes tienen una charla con un psicólogo que les da algún truco por si se quedan en blanco o no son capaces de escribir", explica, y reconoce que, aunque los docentes también se ponen nerviosos, sus nervios se quedan siempre en la sala de profesores. "Sufres por ellos, pero eres la figura de referencia y lo único que puedes hacer es escucharlos y tratar de calmarlos", describe. A la PAU, sus alumnos siempre van acompañados. "Respondemos dudas hasta el último minuto y, cuando salen de un examen y nos cuentan lo que contestaron, aunque sepamos que está mal, nunca se lo decimos para que no se alteren; siempre hay soluciones para todo", sonríe.
En ese punto, el de "la cordura", el doctor Martínez Jambrina ve fundamental que los adultos se limiten a escuchar y que sean capaces de transmitirles confianza. "Los padres o profesores no pueden sumarse a la ola de ansiedad de los adolescentes, hay que explicarles que no pasa nada si sale mal y que siempre va a haber más opciones", enfatiza. "Si ven que tienen al lado a personas estables, les influye para bien", explica.
Y el ejemplo perfecto de que "hay más opciones" lo tiene Isabel Ortea, profesora de inglés del IES de Infiesto, cuya hija se presentó a la PAU hasta en 5 ocasiones. "Llevo 30 años acompañando a mis alumnos a la selectividad y siempre les digo lo mismo: si sale mal hay alternativas", tranquiliza. La mayoría (Ingenierías, Humanidades...) no necesitan nota de corte, pero en Ciencias de la Salud la cosa se complica. "Mi hija quería Medicina a toda costa, por eso repitió tantas veces el examen y es el ejemplo perfecto; hoy en día pueden acceder a través de una FP", explica.
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