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Rechazo frontal de la hostelería asturiana a subir el IVA al 21%: un menú pasaría de 18 a 20 euros y "nadie entenderá pagar más por lo mismo"

La patronal nacional, Otea y FADE advierten de que la medida que plantea Bruselas hará desplomarse el consumo y caer los ingresos

"Portugal tuvo que rectificar", recuerda María Calvo

Terraceo en Gijón.

Terraceo en Gijón. / ANGEL GONZALEZ

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Mariola Riera

Mariola Riera

Oviedo

Un menú del día en un restaurante de nivel medio en una ciudad de Asturias ronda los 18 euros; en el desglose, 16,37 euros más el 10% del IVA. Pero esta cantidad subiría casi dos euros, a 19,8 –que redondeando acabaría en 20 euros a buen seguro–si el gobierno de Pedro Sánchez atiende la reciente recomendación de la Comisión Europea de revisar los tipos reducidos del IVA, entre ellos los de hoteles y restaurantes, y subirlos al 21%.

"Sería fatal, sencillamente porque a la gente le va a parecer mal ya que por lo mismo pagará más. Entiendo que haya países en Europa que lo apliquen, por ejemplo Francia, pero en España es mucho para el bolsillo. Será malo para nosotros", resume una hostelera asturiana. "El ocio es para divertirse y la gente hace el esfuerzo aunque le vaya mal, pero hasta cierto punto. Si vamos a empezar a sufrir por salir mucho... Difícil lo ponemos".

Desconocimiento de España

En la patronal asturiana Otea resumen: "Pretender aumentar la recaudación fiscal a costa del menú del día del trabajador y del esfuerzo diario de miles de autónomos demuestra un alarmante y preocupante desconocimiento de la realidad social y económica de España". Tal medida, de aplicarse, llegaría a la región justo cuando en Asturias se habla de añadir una tasa turística por alojamiento.

Todo el sector se ha puesto en alerta. Empezando por Hostelería de España, dirigida por el asturiano José Luis Álvarez Almeida. "Es la medida menos acertada de Bruselas", dice sin miramientos el empresario, quien invita a recordar el pacto alcanzado en su día para fijar el IVA en el 10% en España. "Para la hostelería no es negociable y debe cumplirse el acuerdo", agrega.

En la UE consideran que España, por mantener ese trato preferencial, no puede permitirse dejar de ingresar unos 7.000 de euros anuales –el 0,4% del PIB nacional– que le reportaría subir el IVA al 21%. Además, argumentan que el tipo bajo tiene "un efecto redistributivo muy limitado" porque, en la práctica, beneficia más a las rentas altas que a las bajas: son quienes más consumen en restaurantes y hoteles, y por tanto quienes más se aprovechan del precio reducido.

"Impuesto a la sociedad"

El líder de la patronal hostelera nacional no lo ve así, sino todo lo contrario:"Es un impuesto a la sociedad, no al sector. A todos, porque los precios subirán y no entendemos por qué". Advierte Almeida de las diferencias culturales entre España y otros países de Europa a la hora de entender el ocio: "Quizás algunos van al bar un mes, pero es que en España forma parte de la vida diaria; desayunamos, comemos, cenamos en los bares. Es cultura". Por eso mismo, pide a los políticos un esfuerzo mayor para gestionar, "más allá de quedarse en lo fácil, que es recaudar". Y un aviso a Bruselas: "Si España es líder mundial en turismo, en hostelería, las recomendaciones al sector deben salir de aquí".

En la patronal asturiana Otea y en FADE (Federación Asturiana de Empresarios) también ponen el grito en el cielo y rechazan "de forma tajante y absoluta" la subida del IVA a la hostelería y alojamientos. El presidente de Otea, Javier Martínez, enlaza con lo expresado por su antecesor en el cargo: "La hostelería en nuestro país no es un sector accesorio, de ocio o de lujo, como equívocamente se puede percibir desde los despachos de Bruselas o el norte de Europa, donde los modelos de vida y consumo son radicalmente distintos. En España, la hostelería es un pilar social, cultural, un factor clave de cohesión y el mayor catalizador de empleo del país".

"Extensión del salón de casa"

Apela también Martínez a la función social de los bares, que disfrutan del IVA reducido: "En España funciona como una extensión del salón de casa, un punto de encuentro vecinal y una red de socialización diaria indispensable, que incluso combate la soledad de nuestros mayores. Es más: en cientos de pueblos de Asturias y del resto de la España rural, el bar es, en la práctica, el último servicio público y dinamizador que queda en pie. Asfixiar fiscalmente al sector con un incremento impositivo es dictar la sentencia de muerte para la vida social y la supervivencia del medio rural".

Además, cree que sería un golpe al consumo, que sufriría "un desplome automático, con el cierre de miles de micropymes y autónomos, y un aumento del paro. Castigar fiscalmente a nuestro principal motor es dispararse en el propio pie frente a destinos competidores internacionales".

Tanto Otea como Hostelería de España reclaman firmeza al gobierno central para "plantar cara" a Bruselas y "defender un modelo de vida, empleo y futuro de nuestras ciudades y pueblos".

Crear un problema fiscal nuevo

Por su parte, María Calvo, presidenta de FADE, advierte: "No estamos ante una medida que recaude más, sino ante una que castiga el empleo, a miles de pymes y autónomos y al consumo cotidiano de los asturianos. Hablamos de un sector que vertebra el territorio y que da trabajo a familias en cada concejo de Asturias. Penalizarlo con once puntos más de impuesto no resuelve ningún problema fiscal: crea uno nuevo".

Recuerda Calvo que el intento de subir el IVA ya se dio en Portugal. "Tuvieron la misma presión y tuvo que rectificar porque el consumo se desplomó y el empleo se resintió. No pedimos un trato de favor para la hostelería; pedimos que no se penalice a quien crea empleo y fija población, especialmente en la Asturias rural", añade Calvo.

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