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Los jóvenes asturianos se vuelcan con la visita del Papa, de la selectividad a Madrid: "Que pida por nuestros sueños y aspiraciones"

Las banderas azules de los cientos de fieles que han viajado hasta Madrid desde el Principado para asistir al mayor evento religioso de la Iglesia católica en España desde hace 15 años ondean ya, bien visibles, entre la multitud

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Marcos Francos Segurola

Madrid

En Madrid hoy se respira un aire diferente. Desde las carreteras de acceso hasta las estaciones y los puntos más emblemáticos de la capital, la estampa se repite: la visita del Papa León XIV a nuestro país ha traído consigo un aluvión de esperanza y expectación para el más de medio millón de personas inscritas al multitudinario evento. En una aglomeración de tal calibre, donde se mezclan lenguas y acentos de todas las latitudes, sobresale con fuerza el azul de la bandera de Asturias.

Diferentes grupos eclesiásticos y colegiales se han echado a la carretera para recorrer los más de 400 kilómetros que separan el Principado de la capital. Entre ellos, el grupo Montealegre, que salía hacia el centro de Madrid esta misma mañana desde el Convento del Santisimo Cristo de El Pardo, en Fuencarral.

La juventud del Papa

“¡Esta es la juventud del Papa!”, coreaban. El grupo celebra la llegada del Pontífice con cánticos y alzando las banderas asturianas, emblema que, aseguran, viaja con ellos “siempre, a donde vayamos”. Presumen de ser, además, uno de los grupos “más internacionales” de la cita.

Una diversidad que también se aplica a la franja etaria: desde los más jóvenes hasta los más veteranos, todos tienen cabida unidos por un mismo sentimiento religioso. “Venimos a llenarnos y a estar más cerca de Jesús”, contaron Sara Loredo y Demetrio Tauces. La pareja acude con su hija Alejandra, de casi dos años, para quien esperan pedir la bendición papal.

Más céntricos, en las inmediaciones de plaza Castilla, se hizo un hueco la expedición de la Compañía de Jesús. La congregación reúne a diferentes colegios de toda España, entre ellos el ovetense San Ignacio. En sus filas, algunas alumnas llegan con una mezcla de agotamiento y alivio. A la emoción de la visita del Pontífice se le une el haber terminado, con éxito, la temida PAU.

Exhaustas por la PAU

“Veníamos con sueño, estábamos un poco derrotadas por la Selectividad”, confiesan Marta Soler y Palma Beltrán. Sin embargo, tienen muy claro qué le pedirían a León XIV de tenerlo a escasos metros: “Que pida por nuestros sueños y aspiraciones para la carrera, para que todos podamos llegar a donde queramos”. Con ese objetivo en mente, Marta se esfuerza por alcanzar la nota de corte en la facultad de Psicología, mientras que Palma confía en acceder a Relaciones Internacionales.

Las maneras de vivir una jornada histórica son muchas y muy distintas. Si bien algunas se ven capaces de mantener el tipo frente a la máxima autoridad de la Iglesia, otras, como Rocío Moreno, dudan de su temple: “Voy a ser un mar de lágrimas, creo que solo podría gritarle que esta es la juventud del Papa”.

Música y fe

Moreno acude con el Colegio Amor de Dios de Oviedo junto a su amiga Claudia Flecha. Para ellas, la experiencia no se entiende sin la música, y cuentan las horas para escuchar en directo en la vigilia a grupos como Hakuna y Siloé. "Tenemos una conexión muy especial con Siloé gracias a nuestro monitor del colegio. Él nos introdujo sus canciones y de repente coincide que él no ha podido venir, pero la banda sí. Nos hace muy felices; de alguna manera, le sentimos aquí", explican las jóvenes ovetenses.

El eco del Principado en las calles de Madrid no se limita, sin embargo, a la capital asturiana. Desde Gijón, la expedición del colegio de La Asunción aporta el punto de reflexión y cierre a este desembarco juvenil. Frente a la euforia generalizada, las alumnas gijonesas asumen la cita con una mirada profunda. Eva Alonso opta por la gratitud: "Más que hacerle una petición, le agradecería por ser capaz de mover a tanta gente con un mismo objetivo, que es transmitir la fe".

Su compañera Alicia Iván, asombrada por la magnitud de la convocatoria y las actividades previas organizadas "para conectar con Dios", aprovecharía la ocasión para plantearle al Pontífice el gran reto de su generación: "Si pudiera hablar con él, le preguntaría cómo haría para atraer a los jóvenes de hoy a la Iglesia, para conseguir que conectásemos de verdad con él".

Una duda sobre el futuro de la fe que, a juzgar por el despliegue asturiano de este fin de semana, ya cuenta con una sólida cantera dispuesta a buscar la respuesta.

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