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El arranque de Alsa: la reina leonesa del siglo XII que se refugió de una ventisca en la casa solariega de los Cosmen

La dinastía asturiana se inició en la arriería, germen de su actividad actual de transporte de viajeros, gracias a un privilegio que Doña Urraca le concedió en agradecimiento por tener cobijo en la villa familiar en Leitariegos

Casa de la familia Cosmen en la aldea de Leitariegos (Cangas del Narcea). | DEMELSA ÁLVAREZ

Casa de la familia Cosmen en la aldea de Leitariegos (Cangas del Narcea). | DEMELSA ÁLVAREZ

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Yago González

Yago González

Oviedo

La aldea de Leitariegos (Cangas del Narcea) es un minúsculo núcleo rural de una docena de habitantes situado a más de 1.500 metros de altitud en el puerto del mismo nombre, en la frontera de Asturias y León. Allí, junto a la capilla de San Juan, iglesia barroca del siglo XVIII erigida como templo de peregrinación, se ubica la casa solariega perteneciente a la familia empresaria asturiana Cosmen, propietaria de la compañía de transporte de viajeros Alsa. En su fachada está esculpido en piedra el escudo de armas familiar. Pese al creciente despliegue internacional de la compañía –que opera en seis países y cuenta con 20.000 trabajadores–, los Cosmen siguen visitando cada año esa casona de origen medieval que en el siglo XII, según la tradición oral que ha llegado a nuestros días, acogió a una ilustre viajera de la época: nada menos que doña Urraca I de León y Castilla (1109-1126).

El último documento que recoge el episodio es el libro "José Cosmen Adelaida: Alsa, de la arriería al liderazgo global en movilidad", de Joaquín Ocampo, catedrático de Historia Económica. A su vez, Ocampo cita en su estudio el primer momento en el que se refirió la anécdota. El 11 de octubre de 1796, Gaspar Melchor de Jovellanos visitaba Cangas del Narcea, donde recibió un manuscrito que contenía una descripción detallada de Leitariegos. En el documento, escrito por el escribano Manuel Folgueras, se hacía referencia a una tradición oral que narraba cómo en el siglo XII, por culpa de la nieve, doña Urraca había tenido que alojarse en "la casa de ‘Pepillo’, esto es, de José Cosmen". Este pasaje –el primer documento histórico que acredita los orígenes de la familia Cosmen– figura entre el abundante material bibliográfico citado por Ocampo.

Los Cosmen habrían acogido a Doña Urraca con hospitalidad montañesa: calentaron el hogar, atendieron a su séquito y, según se narra, llegaron a sacrificar una vaca para alimentar a todos.

En agradecimiento por aquel auxilio en un momento de necesidad, la reina concedió a los habitantes del lugar —y de manera especial a la familia que la había amparado— una serie de privilegios notables. Entre ellos, una pensión anual en especie (que las versiones cifran en decenas de fanegas de trigo o centeno y varios carneros), exenciones de impuestos, portazgos y servicios militares, y la obligación de mantener el puerto transitable todo el año, incluso en pleno invierno, para facilitar el paso de viajeros, peregrinos y arrieros. Aquel gesto real se convirtió en el germen de una saga que, con el tiempo, llevaría el apellido Cosmen desde las veredas del puerto hasta los grandes caminos del transporte moderno en España.

La anécdota no aparece en diplomas originales conservados de doña Urraca, pero se transmitió de generación en generación en Leitariegos y Cangas del Narcea hasta su primera plasmación documental en el manuscrito de Manuel Folgueras que descubrió Jovellanos en 1796. El jurista y escritor gijonés quedó impresionado por el relato.

El privilegio de Doña Urraca fue ratificado por Alfonso XI en 1326 y confirmado por monarcas posteriores, lo que permitió a los vecinos del puerto —y muy especialmente a los Cosmen— dedicarse con ventajas a la arriería: el transporte de mercancías como trigo, vino o sal entre la Meseta y Asturias. Aquel oficio ancestral evolucionó siglos después hacia las diligencias y, ya en el siglo XX, hacia las líneas de autobuses que acabarían dando origen a Alsa.

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