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Cogersa, un debate pendiente que echa humo: el análisis del ex viceconsejero de Medio Ambiente Benigno Fernández Fano

Claves normativas, políticas y económicas para entender la crisis actual del consorcio que gestiona los residuos sólidos de la región

Instalaciones de Cogersa, en una vista aérea.

Instalaciones de Cogersa, en una vista aérea.

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Benigno Fernández Fano

Muy lejos de la idea de remontarme a los orígenes de Cogersa, pero sin olvidar que en el pasado reciente fue este Consorcio una brillante idea dotada de un no menos brillante modelo de gestión, sí quisiera reseñar algunas cuestiones claves para entender el convulso presente en el que esta entidad está inmersa, convirtiéndose en noticia a diario en los medios de comunicación, y no precisamente positivas. Antes de entrar en harina, se hace imprescindible analizar el determinante papel legislativo de la UE en lo que afecta a la gestión de los residuos. Intentaré, con unas breves pinceladas, definir las obligaciones de Cogersa en lo referente a los residuos sólidos urbanos (RSU) o, para hacernos entender mejor, a nuestra basura doméstica.

En primer lugar, La directiva 1999/31/CE del Consejo de 26 de abril de 1999 relativa al vertido de residuos exige obligatoriamente que todos los residuos aptos para ser tratados sean sometidos a un pretratamiento antes de ser depositados en un vertedero. No es admisible, por tanto, recoger los RSU y depositarlos directamente en un espacio de vertido.

Inicialmente, la Directiva 2006/12/CE relativa a los residuos define conceptos claves: residuos, valorización y eliminación, estableciendo los requisitos esenciales para la gestión de residuos: la obligación de que los Estados miembros tengan planes de gestión, el fomento de la aplicación de la jerarquía de residuos y la asunción del principio "quien contamina, paga".

La denominada Directiva Marco sobre Residuos (directiva 2008/98/CE) exige a los Estados miembros que adopten todas las medidas necesarias para garantizar que los residuos se eliminen de forma segura y que los productores iniciales de residuos, o bien traten los residuos ellos mismos o bien garanticen que el tratamiento se lleve a cabo adecuadamente. Esta directiva y todas las posteriores modificaciones obligan a los Estados miembros a una forma de proceder en el tratamiento, entre otros, de sus RSU. No todo vale y entre las actuaciones no admisibles figura el depósito directo en vertedero. Además, se marcan unos exigentes porcentajes de recuperación y reutilización.

Sanciones millonarias

La conocida como sentencia Malagrotta fue dictada por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) el 15 de octubre de 2014. El fallo judicial dictaminó que el vertido de residuos sin haber sido sometidos a un tratamiento previo viola la normativa europea. El Tribunal confirmó que la Directiva 1999/31/CE exige obligatoriamente que todos los residuos aptos para ser tratados sean sometidos a un pretratamiento antes de ser depositados en un vertedero. La sentencia se dicta como consecuencia de la forma de tratar los RSU en el vertedero de Malagrotta de Roma. El importe de la sanción inicial era de 40 millones de euros, más otros 40 millones cada semestre que persistiese la anómala situación.

Esta sentencia sentó un importante precedente legal en la Unión Europea, obligando a los Estados miembros a actualizar su legislación y protocolos de gestión para evitar multas coercitivas por parte de la Comisión Europea.

El plan asturiano

En Asturias, en el año 2017 se aprueba el Plan Estratégico de Residuos del Principado de Asturias 2017/2024, que hoy sigue siendo el marco de referencia hasta que no se apruebe, que debería ya estar aprobado, el denominado Plan Integrado de Residuos para la Economía Circular del Principado de Asturias 2025/2030 (PIRECA 2030). El Plan aprobado en 2017 avanzaba de forma importante en la idea de la reducción, recuperación y valorización de los residuos, dando cumplimiento o intentado darlo a las exigencias de la UE para todos los Estados miembros. No era una opción la falta de respuesta a las exigencias de la Comisión. Deberíamos cumplir y evitar así una situación similar a la sentencia del TJUE del denominado caso Malagrotta.

Seguramente la reducción y recuperación de residuos era y es la gran asignatura pendiente y me temo que lo seguirá siendo. Son necesarias políticas decididas y una apuesta fuerte y mantenida de campañas de sensibilización de la población que pueden y deben hacerse. Pero el residuo cero, al que se debería tender, no existe, por ello se hace necesario establecer un plan para la valorización.

La Plantona

La construcción de la planta de clasificación de la fracción resto, la denominada Plantona, tenía como objetivo la recuperación de todos los elementos susceptibles de ser recuperados de la llamado bolsa negra y la elaboración del denominado Combustible Sólido Recuperado (CSR) una fracción resto y una parte no recuperable, cuyo único destino sería el vertedero.

Respecto a la valorización, en el Principado de Asturias existía una cerrazón de la clase política a la valorización energética de la incineración. Cogersa, en su momento, tuvo recursos económicos, incluso crédito aprobado por el Banco Europeo de Inversiones y un proyecto de construcción de una incineradora, pero todo el proyecto descarriló por la oposición de los grupos políticos del Parlamento regional. Ello influyó decisivamente en la redacción del Plan de 2017.

La valorización

En lo referente a la valorización, el citado plan textualmente dice: "Preferente la valorización por vía química para la obtención de materias primas de la química orgánica... También se debe dejar abierta la posibilidad del almacenamiento temporal del CSR hasta su valorización, así como la de la valorización energética, dado que pueden ser necesarias estas vías ante un posible déficit temporal o parcial de mercado o la inviabilidad económica para esta valorización material. Esta valorización energética contemplará únicamente el aprovechamiento en instalaciones de combustión para la generación de energía eléctrica".

La realidad es que la valorización química era entonces -y a día de hoy lo sigue siendo- una alternativa técnicamente no viable. No es una tecnología madura y como siempre apuntaba Santiago Fernández, exgerente de Cogersa, "la basura entra todos los días en Cogersa y son necesarias técnicas seguras y contrastadas que garanticen su tratamiento". A día de hoy no existen plantas de valorización química que garanticen un adecuado tratamiento del CSR producido.

En el periodo de elaboración y publicación del Plan de 2017 se establecieron contactos con la Presidencia de Hunosa al objeto de estudiar, por medio de un mecanismo de colaboración público-privada, la posibilidad de que se quemase en la central de La Pereda el CSR producido. Se entendÍa que era una fórmula capaz de asegurar el mantenimiento de esa instalación con la importancia estratégica que ello suponía para darle una viabilidad económica a la propia instalación con lo que ello significaba para el futuro de Hunosa. El resultado a día de hoy es conocido.

No tengo una opinión formada sobre todo lo ocurrido con respecto a la gestión de la Plantona y por ello omito su mención. Inicialmente se preveía que produjera unas 140/150.000 toneladas al año. Actualmente esa cifra seguramente se podrá establecer en torno a las 120.000. Equivocarse en su tratamiento o destino puede acarrear graves repercusiones. Se trata de una decisión política de gran calado que puede acarrear un coste muy elevado para los ayuntamientos, a causa de la obligación de los consistorios de repercutir sus costes a los vecinos. Lo cual tendría un fuerte impacto para el bolsillo de todos los asturianos, especialmente para las clases con menor poder económico.

Apostar por no hacer no puede convertirse en un planteamiento político en este caso. Esa no puede seguir siendo la línea de actuación política. Un debate riguroso y serio en el Parlamento regional debería llevar a los grupos políticos a la búsqueda de la mejor solución.

Ocho claves

En ese debate algunas, se pueden apuntar algunas cuestiones dignas de tenerse en cuenta:

• El coste de la eliminación del CSR debe ser un elemento definitorio a la hora de adoptar una solución definitiva. Teniendo en cuenta que cualquiera que sea el coste de eliminación éste debe ser repercutido a los ciudadanos asturianos por el principio de "quien contamina paga" y que ese coste no tendrá la misma repercusión en la economía de las familias con menores ingresos que en las de clases acomodadas.

• Cogersa debe evitar la dependencia de terceros para dar una solución a la valorización del CSR. La dependencia de terceros significaría un grave riesgo, ya que las empresas que pudieran usar el CSR podrían tender a fijar condiciones económicas que muy difícilmente podrían ser asumibles. Y esta cuestión se está obviando en la actualidad.

• Si la valorización química sigue siendo una técnica "no madura" y de no aplicación a la escala necesaria que Cogersa necesita, solo cabe otra solución, que es la valorización energética.

• Los partidarios acérrimos de la valorización química deberían reconocer que también se trata de una combustión y ese proceso tiene también sus efectos negativos.

• La valorización energética está demonizada por una parte muy significativa de la izquierda política asturiana, adoptada esta posición sin una profunda reflexión. ¿Acaso en un país como Dinamarca no fueron los grupos conservacionistas los que avalaron la construcción de la gran incineradora de Copen Hill, ubicada en Copenhague, en pleno núcleo urbano de la ciudad a corta distancia del Palacio Real, con el aval de la izquierda política de ese país?

• La valorización energética puede realizarse con tecnologías que permitan que las emisiones que se producen sean de muy baja intensidad y en ningún caso puedan ser motivo de rechazo por la contaminación atmosférica que generen. Existe hoy tecnología suficiente y adecuada que garantiza esos bajos niveles de emisión.

Cogersa dispone de superficie útil para la construcción de una incineradora y contaba con el beneplácito de los sufridores vecinos del entorno del vertedero. Una incineradora del tamaño adecuado, con un doble horno-parrilla para garantizar su funcionamiento continuado, sería una solución viable económica y medioambientalmente que permitiría que Cogersa no perdiese, en ningún caso, la autonomía en el tratamiento de los residuos sólidos urbanos.

• Además, la construcción de la incineradora tendría la capacidad no solo de aprovechar el CSR: se podría evitar el depósito en vertedero de la fracción resto de la Plantona, que cuantitativamente va a ser muy importante (90.000 toneladas), al igual que la de otras plantas que ya existen en Cogersa, como la planta de biometanización o la planta de envases. De esa forma se evitaría que esas fracciones resto acaben en el vertedero.

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