Joan Carles March, médico experto en suicidio: "Las redes sociales pueden actuar tanto como factor de riesgo como factor protector"
En la tarde de este lunes presenta en Oviedo su libro "Más de 11 vidas": "La evidencia muestra que preguntar si alguien está pensando en suicidarse no le induce a hacerlo. A menudo la persona se siente aliviada al poder hablar de ello"

Joan Carles March Cerdà, autor del libro "Más de 11 vidas". / LNE

Joan Carles March Cerdà, médico y especialista en Salud Pública, ha sido durante casi 36 años profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública, y director de la misma durante una etapa. Acaba de publicar el libro “Más de 11 vidas”, que tiene el suicidio como temática central. En la tarde de hoy lunes, a las 19.30 horas, presenta esta obra en Oviedo, en la librería Kafka (calle Ildefonso Sánchez del Río 14), acompañado del psiquiatra José María Fernández y de la farmacéutica Lucía Arroyo Álvarez de Toledo.
¿Por qué decidió escribir este libro?
Era 2017 y yo era el director de la Escuela Andaluza de Salud Pública y un trabajador de la Escuela murió por suicidio. Eso me impactó y tuvo un gran impacto en la institución y en todas las personas que trabajamos en ella. No se había suicidado por un tema laboral, pero veíamos que en algo no estábamos haciendo bien las cosas. Eso marcó un antes y un después para mí. Y me hizo pensar que necesitábamos hacer más cosas de las que hacíamos.
¿Con qué criterios eligió a los protagonistas de su libro?
Ha sido un proceso de búsqueda activa a través de profesionales, de amigos, de lo que veía en redes sociales, de diversidad de experiencias: edades distintas, contextos sociales diferentes y trayectorias vitales variadas. Hay personas que me las han sugerido compañeros. A otras las he visto en jornadas o congresos. También he preguntado por personas que podrían formar parte de este grupo de personas entrevistadas. Y he buscado en libros publicados sobre el tema a algunos de los protagonistas de estas conversaciones. La idea era mostrar que el suicidio no tiene una única cara ni una única explicación.
¿Qué significa que el suicidio “es un tabú”?
Es un tema que afecta a muchas personas, pero que durante mucho tiempo se ha evitado o silenciado. Significa también que sigue costando hablar de él abiertamente. Y ello se evita por miedo, por estigma o por no saber cómo abordarlo. Ese silencio puede hacer que quienes lo están pasando mal se sientan más solos y no pidan ayuda.
¿Y qué significa romper el tabú?
No significa hablar del suicidio de cualquier manera, sino hacerlo con responsabilidad, para fomentar la comprensión, la prevención y el apoyo. Hablarlo bien puede ayudar a salvar vidas. Pero sabemos y hay que decirlo abiertamente que el silencio no protege; al contrario, dificulta la prevención.
¿Cómo valora la situación del suicidio en España?
Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, en los últimos años se han registrado alrededor de 4.000 muertes por suicidio al año, lo que lo convierte en la principal causa de muerte externa, por encima de accidentes de tráfico o caídas. En 2024 se registraron aproximadamente 3.953 suicidios. Además, afecta especialmente a los hombres (aproximadamente 3 de cada 4) y a personas de mediana y avanzada edad, aunque también preocupa el aumento de conductas suicidas en jóvenes.
¿Vamos a mejor o a peor?
En cuanto a la respuesta, España ha ido mejorando en prevención: hay más campañas de salud mental, protocolos en atención primaria, planes de suicidio y el teléfono 024 de atención a la conducta suicida. Sin embargo, es necesario señalar que aún hacen falta más recursos, más psicólogos en el sistema público y una mayor coordinación entre servicios sanitarios, educativos y sociales. Más acciones que ayuden a disminuir estas cifras tan elevadas porque es una realidad preocupante. Necesitamos más prevención, más recursos y más coordinación.
¿Qué sabe de la situación en Asturias?
Asturias destaca porque presenta una de las situaciones más graves del país en términos relativos. Asturias ha tenido históricamente tasas elevadas en comparación con otras comunidades. Y tiene una situación especialmente preocupante. Cuando se ajusta por población, está entre las comunidades autónomas con tasas más elevadas del país. En términos aproximados, España tiene alrededor de 8 suicidios por cada 100.000 habitantes. Asturias tiene alrededor de 11–12 suicidios por cada 100.000 habitantes. Para Asturias, 114 suicidios al año significan cerca de dos muertes por semana y ello es un peso estadístico claramente superior al promedio nacional.
¿Es adecuada la atención en los servicios públicos de salud mental?
El sistema de salud mental público en España está estructuralmente tensionado y, para mucha gente, no es suficiente en la práctica. Sirve para estabilizar crisis o cuadros graves, pero no siempre ofrece un tratamiento psicológico completo o continuado. Faltan tiempo, recursos y continuidad asistencial. Eso impacta directamente en la calidad de la atención. Y además existe una falta de prevención en salud mental comunitaria en un entorno de que la salud mental no está dimensionada para la demanda actual. Comparando con otros países de nuestro entorno, encontramos que España está en el grupo de cola, junto con Portugal e Italia, en el abordaje con psicoterapia. Alemania y Países Bajos están en la parte alta y Reino Unido está en un nivel intermedio con acceso rápido pero terapias más breves.
¿Y la red asistencial privada?
La sanidad privada en salud mental en España funciona de forma muy distinta a la pública y, en la práctica, es donde mucha gente termina buscando atención por rapidez. Pero no es perfecta ni siempre garantiza mejor calidad; simplemente cambia el acceso y no sustituye al sistema público. La accesibilidad depende mucho de los recursos económicos, lo que genera desigualdades importantes.
¿Qué carencias observa en los programas públicos de prevención?
Los programas públicos de prevención del suicidio en España han mejorado en los últimos años, especialmente con la creación de líneas de ayuda, estrategias autonómicas y campañas de sensibilización. Falta enfoque comunitario, continuidad y evaluación. También hace falta más trabajo intersectorial: sanidad, educación, servicios sociales y medios de comunicación. Una de las principales carencias es la falta de recursos asistenciales suficientes para que la prevención sea efectiva. Detectar el riesgo sirve de poco si después una persona debe esperar semanas o meses para recibir atención especializada. Existe además una brecha importante entre la identificación del problema y el acceso al tratamiento.
¿Qué subyace en un intento de suicidio o suicidio?
No hay una única causa que subyazca a todos los intentos de suicidio o suicidios. La investigación actual los entiende como el resultado de una interacción compleja entre sufrimiento psicológico, factores biológicos, circunstancias vitales y contexto social. Muchas personas describen una ambivalencia profunda: una parte de ellas quiere poner fin al sufrimiento y otra parte quiere seguir viviendo si pudiera encontrar una forma de que ese sufrimiento disminuyera.
¿Son los jóvenes el colectivo más vulnerable?
Los jóvenes generan mucha preocupación social porque el suicidio es una de las principales causas de muerte en esas edades, pero no son el grupo con la tasa más alta de suicidio. Si hablamos de suicidios consumados, en España y en la mayoría de los países desarrollados las tasas más altas suelen encontrarse en personas de mediana edad y mayores, especialmente hombres. Si hablamos de intentos de suicidio e ideación suicida, la situación cambia: los adolescentes y adultos jóvenes presentan más intentos de suicidio que las personas mayores. También comunican con más frecuencia pensamientos autolesivos o suicidas. Las mujeres jóvenes, en particular, presentan tasas elevadas de intentos, aunque los hombres tienen más suicidios consumados.
¿Cómo inciden las redes sociales?
Las redes sociales pueden actuar tanto como factor de riesgo como factor protector. La evidencia científica actual no permite afirmar que causen por sí solas el suicidio, pero sí que pueden influir en personas vulnerables y en determinadas circunstancias. La relación entre redes sociales y suicidio es compleja. En resumen, las redes sociales no son ni la causa principal ni la solución principal al suicidio. Su efecto depende mucho de cómo se utilizan, del tipo de contenidos que circulan y de la situación personal de quien las usa. Para algunas personas son una fuente de apoyo; para otras pueden intensificar problemas que ya existían.
¿Y cómo influyen los ambientes escolares?
Son clave. Un entorno educativo que detecta sufrimiento, que escucha y que acompaña puede ser protector. El bullying y la falta de pertenencia son factores de riesgo importantes. Los ambientes escolares pueden tener por tanto una influencia muy importante en el bienestar psicológico de niños y adolescentes y, por tanto, también en el riesgo de conducta suicida. No suelen ser la causa única de un suicidio o de un intento, pero sí pueden actuar como factor de protección o como factor de riesgo.
Ante un riesgo grave, ¿cómo debe actuar la familia?
Con presencia, escucha activa y sobre todo, sin juicio. No minimizar lo que la persona expresa, eso es fundamental. Y pedir ayuda profesional cuanto antes. Acompañar es más importante que resolver. Y demasiadas veces minimizamos las cosas que nos dicen los adolescentes y jóvenes de cuyas palabras si estamos atentos, si escuchamos con los cinco sentidos, podemos notar conductas suicidas.
¿Y los profesores?
Deben estar formados para detectar señales de alerta y saber cómo actuar. No son terapeutas, pero sí figuras clave de detección y derivación. Es necesario aumentar los recursos en educación. Tiene que haber más orientadores con más tiempo en los colegios para poder atender problemáticas que muchas veces pasan por alto. Y los chats y los teléfonos pueden ser de harán ayuda cuando los jóvenes ya fíes eres no tienen a nadie con quien contara. El 024, el teléfono de la esperanza, o chats de prevención del suicidio como el de la fundación ANAR son importantes en ello.
¿Y el entorno de amistades?
La clave es escuchar, no ignorar señales, acompañar y comunicar a adultos o profesionales cuando hay riesgo. Es necesario tomarse en serio cualquier comentario sobre suicidio o deseo de morir y no asumir que es una exageración, una manipulación o una búsqueda de atención. También es importante preguntar de forma directa y tranquila. La evidencia muestra que preguntar si alguien está pensando en suicidarse no le induce a hacerlo. A menudo la persona se siente aliviada al poder hablar de ello.
¿Qué puede aportar la sociedad en su conjunto?
Muchas cosas puede hacer la sociedad: romper el silencio, hablar sin estigmas, facilitar el acceso a la ayuda y entender que la salud mental es salud. También necesitamos medios de comunicación responsables. Y una sociedad más atenta, con más agentes de prevención desde la realidad que vivimos cada uno de nosotros.
¿Cómo se puede hacer apreciar mejor el valor de la vida?
Cuidando los vínculos, fortaleciendo redes de apoyo, promoviendo la esperanza realista y construyendo entornos donde las personas se sientan vistas, escuchadas y valiosas. Esa es la clave y también lo es tener en cuenta lo que cada uno de nosotros, como decía antes, podemos hacer en prevención.
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