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La historia de Yevgeniy, el niño ucraniano que perdió a su padre en la guerra y pasará el verano en Asturias: "Aprendemos mucho de él"

La iniciativa de la "Asociación Viche" trae a la capital asturiana a 24 menores ucranianos que perdieron a sus padres en la guerra

Por la izquierda, César Fernández, Juan Ramón Fernández, Virginia Prieto, Yevgeniy, Sara Martínez y Enol Fernández.

Por la izquierda, César Fernández, Juan Ramón Fernández, Virginia Prieto, Yevgeniy, Sara Martínez y Enol Fernández. / Mario Canteli

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Sara Bernardo

Sara Bernardo

Un autobus para en la Plaza de España de Oviedo. De él se bajan 24 niños ucranianos de padres fallecidos o desaparecidos en el frente, heridos o desaparecidos en combate. Una iniciativa llevada a cabo gracias a la "Asociación Viche", dedicada a la ayuda humanitaria para Ucrania, y que este año celebra la segunda edición. Para algunos es la primera vez lejos de su casa. Otros, repiten, y lo hacen con la misma familia de acogida. Es el caso de Yevgeniy, del que llama la atención su gran sonrisa al llegar y ver a la que será su familia durante el próximo mes y medio. Padre, madre y cuatro hermanos. "Es una experiencia que recomiendo a todo el mundo, porque nosotros aprendemos muchísimo de él", asegura Virginia Prieto.

Yevgeniy, que perdió a su padre en la guerra tras la invasión rusa, asiente y sigue sonriendo... Aunque sin entender absolutamente nada. "Nos comunicamos por señas y, al final, nos acabamos entendiendo", reconoce esta familia gijonesa que, al igual que el año pasado, pasará parte del verano en su pueblo de Zamora. Unas vacaciones "Typical Spanish" que al pequeño ucraniano le "fascinaron". "Al llegar al pueblo flipó, corría, saltaba... Vida de pueblo", ríe Prieto. Además tuvo la suerte de encontrarse con otra familia ucraniana. "Nuestros vecinos son de allí y él hizo muy buenas migas con la cría", explica Prieto.

Por delante, casi dos meses en los que "desconectar" de Kiev, región de origen de todos los niños que llegaron a Oviedo este fin de semana. "El primer año fue difícil porque se notaba que se guardaba todo lo que había vivido, pero poco a poco conseguimos que se fuese abriendo y ahora mira...", dice Prieto señalando al niño que seguía sonriendo enérgicamente sin entender mucho de lo que había a su alrededor.

Y mientras tanto, Yevgeniy sigue sonriendo, ajeno al idioma pero no al cariño que le rodea, queda claro que este viaje es mucho más que unas vacaciones. Para estos 24 niños, Asturias se convierte durante unas semanas en un refugio lejos del ruido de la guerra, un lugar donde volver a ser, simplemente, niños. Y para las familias que los acogen, la experiencia va más allá de la solidaridad: es un intercambio de vida, de aprendizaje y de humanidad que deja huella en ambos lados.

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