La Nueva España

La pesca del salmón sale rana en Asturias

Pescadores del campanu alertan del desplome de la especie y reclaman vedas y repoblaciones masivas  para salvar una situación que relacionan con el  cambio climático, los cormoranes y la pesca en alta mar

Por Sara Arias

La temporada de pesca tradicional del salmón en aguas continentales del Principado de Asturias está confirmando la crítica situación del descenso poblacional de la especie, con pocas capturas en los ríos y escasos ejemplares avistados en las cuencas fluviales asturianas. Una realidad evidente desde hace al menos una década que ha puesto la veda de la pesca como posible solución para favorecer la conservación del rey del río, que atraviesa una grave crisis de supervivencia. LA NUEVA ESPAÑA ha entrevistado a cuatro de los pescadores del campanu de Asturias, el primer ejemplar de la temporada echado a tierra, quienes analizan los problemas que atañen a la especie y proponen distintas acciones para recuperar a una de las especies más emblemáticas de la cornisa cantábrica. «Hay poquísimos, cada día muchos menos, es la realidad y no pasa solo aquí, bajó en toda Europa. Estamos en una situación crítica porque este año cayó en picado, llevamos capturados seis salmones a estas alturas del año. 

Ni siquiera El Zarro del Narcea, que es el mejor pozo de España, dio un salmón», aprecia Íñigo Justo Fernández Amantegui, pescador que se hizo con el primer ejemplar de la temporada en los años 2014 y 2020, y que también capturó el campanu de Cantabria en el año 2008. Este descenso poblacional lleva años generando gran preocupación entre los pescadores, incluso entre aquellos contrarios a la pesca sin muerte. La falta de ejemplares en los ríos es una evidencia imposible de negar. «En los últimos 20 años está en retroceso, hubo un año muy bueno y de repente empezó a descender hasta ahora, que es una decadencia total», señala Gonzalo Díaz Soto, ribereño del Narcea que sacó el campanu de Asturias en 2024. 

El puente de Quinzanas sobre el río Narcea,  en Pravia.
El puente de Quinzanas sobre el río Narcea, en Pravia.

También José Manuel Mori Cuesta, «El Marqués», ribereño del Sella con ocho campanos de Asturias a su espalda, observa este declive y asegura que los pescadores llevan décadas advirtiendo del descenso poblacional de la especie, «pero nadie nos hizo caso, ha sido una dejadez total y ahora las medidas llegan tarde porque se tenían que haber tomado cuando empezaron a venir menos salmones», opina. También los pescadores más jóvenes como el quirosano Gonzalo Fernández Suárez, que se hizo con la primera captura de la temporada en Asturias del 2021, observa la falta de salmones en los ríos asturianos, acuciada sobre todo en los últimos cinco años. «Ahora mismo por la época en la que estamos tendría que estar saliendo una docena todos los días, pero no los hay», señala.

 

José Manuel Mori Cuesta, «El Marqués», en el río Sella a su paso por Cangas de Onís.
José Manuel Mori Cuesta, «El Marqués», en el río Sella a su paso por Cangas de Onís.

La situación en el río queda cada día más clara. Escasas capturas y muy pocos ejemplares a vista. Una caída en picado de la especie que, según los pescadores, se debe a «un cóctel» de variables que inciden en el descenso de salmones en los ríos cantábricos. Lo acusan principalmente al cambio climático y a la pesca intensiva en alta mar, pero también a los depredadores como lubinas y cormoranes, a escasas repoblaciones y a la poca implicación de la Administración pública para tomar medidas eficaces.

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En la imagen, Íñigo Justo Fernández Amantegui, con el puente de Quinzanas al fondo.

La pesca en alta mar

«Estamos en el límite inferior al que bajan los salmones desde el norte, los que llegan aquí ya son unos héroes porque tienen muchos obstáculos que sortear, porque los que van a Noruega o Escocia, para ellos eso es un paseo, aunque allí también se nota que hay menos. El problema que tienen para llegar son los barcos gigantes de pesca que llevan una tecnología que ven el fondo del mar a kilómetros para perseguir los bancos», apunta Amantegui, quien conoce los ríos de Escocia, Noruega y Rusia, entre otros. «Salen miles de salmones en una echada de red en alta mar, ese es el principal problema porque los pescadores en los ríos somos cuatro», señala «El Marqués» en defensa de los aficionados. En ese sentido, recuerda que las sociedades de pescadores pagaron durante años licencias de pesca en alta mar para evitar que se pescaran salmones: «Lo tenía que haber hecho la Administración o negociar con la Unión Europea o lo que hiciera falta, se va a intentar hacer ahora lo que habría que haber hecho hace 40 años». 

Lubinas y cormoranes

La pesca en alta mar es para los pescadores lo que más daño hace a la especie, ya que se lleva por delante miles de ejemplares. Los salmones que llegan hasta el río que les vio nacer remontan las aguas continentales evitando a los nuevos depredadores de los ríos asturianos, especies de la rasa costera que han colonizado en las últimas décadas las cuencas fluviales, como los cormoranes. Debajo del agua también hay enemigos, las lubinas, que arrasan la población de crías de salmón. De hecho, la Administración ha constatado la presencia de esta especie río arriba, a la altura del puente de Sandiche (Candamo), con las tripas llenas de alevines. «Las lubinas se comen los esguines que bajan y los cormoranes, que son pájaros de mar, comen medio kilo de media al día. Entran en el agua y se llenan», explica el pescador quirosano, quien urge un control de ambas especies en los ríos de la región como una de las primeras medidas para frenar el descenso de población salmonera. «La culpa es siempre para los pescadores, pero lo que está arrasando el río es el cormorán, es necesario controlar su presencia», subraya Mori.

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En la imagen, Gonzalo Fernández Suárez, caña en mano, en el río Narcea, en una jornada de pesca.

Aumento de la temperatura del agua

Otra de las variables que afectan a los salmones es el cambio climático, con una intensa subida de la temperatura del agua tanto en el mar como el río. «Eso está afectando a las rutas de retorno del salmón y se observa en especies de aguas calientes que están en el Cantábrico», comenta Díaz. También el aumento de temperatura del agua fluvial, sobre todo en los meses de diciembre y enero cuando se produce el desove de la especie, está lastrando la viabilidad de las huevas. La Facultad de Biología de la Universidad de Oviedo realizó un estudio en el centro de alevinaje de la Sociedad de Pescadores «Las Mestas del Narcea», en el que se comprobó que las huevas de salmón tienen una alta tasa de mortalidad a partir de 12 grados y que se mueren por completo al alcanzar los 13º. Y los ríos asturianos han registrado temperaturas de 14 grados en esas fechas en los últimos años impidiendo así la freza del salmón.

Vedar los ríos

Son muchos los problemas que afectan a la especie y también se plantean varias soluciones para frenar la caída de la población salmonera y favorecer su conservación. Una de las medidas que se han puesto sobre la mesa y que cobra cada vez más relevancia es la posible veda de la pesca para las próximas temporadas. Dar un descanso a las cuencas fluviales para que los salmones se recuperen. «Es necesaria y obligatoria porque hay que proteger la especie, lo poco que tenemos ya», afirma Díaz. Para Amantegui, «la veda por sí sola no va a arreglar nada porque el daño no es de las cañas, es un cóctel de cosas en el que la Administración tiene que poner cartas en el asunto para cuidar los ríos». Los aficionados consideran que la veda como única medida no será la solución. Temen que provoque el auge del furtivismo y entienden que es necesario aplicar al mismo tiempo otras medidas que refuercen la presencia de la especie en los ríos cantábricos como son las repoblaciones. Pero avisan: es necesario incrementarlas en un alto porcentaje para poder realizar sueltas de millones de crías con el objetivo de que sobreviva el mayor número posible. «No me parece que sea una solución porque se vedó el Navia y el Porcía y no hubo un salmón más. Si vedas y no haces nada más por el río no servirá de nada. Hay que repoblar pero, claro, la tasa de retorno es uno de cada mil que se sueltan, por lo que sería necesario echar millones de esguines a los ríos para que tuviera un efecto real sobre la especie», aprecia Fernández.

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En la imagen, el ribereño Gonzalo Díaz Soto, en una de las márgenes del Narcea

Millones de esguines

«Es una reivindicación de los pescadores desde hace años. Si echamos 60.000 alevines no sale ni uno del río por los depredadores, entonces hay que echar millones, es algo que tenía que haber hecho la Administración cuando empezaron a venir menos ejemplares, pero ha sido una dejadez total por su parte, tanto en las repoblaciones como en gestionar el problema de la pesca en alta mar, que es lo que está acabando con la especie», asegura Mori, quien estima que si no se ha vedado hasta el momento es «por el dineral que sacan con las licencias y los cotos, por eso no lo cerraron». «Hay 30 o 40 pozos en cada río y cobran de 50 a ochenta y pico euros al día por coto; no hay salmones pero cobran», agrega. Para hacer sueltas efectivas de crías de salmón en los ríos asturianos hacen falta millones de alevines. En ese sentido, el pescador quirosano indica que se puede replicar la suelta que se hizo en la década de los 80 del siglo XX en el río Esva con huevas importadas de países del norte de Europa: «Quedó lleno de salmones». Para Díaz, por ejemplo, «es esencial repoblar con la misma genética», es decir, con esguines de salmones cantábricos.

Donación en vivo

Es por ello que defiende el modelo de donación en vivo de ejemplares salvajes que lleva a cabo «Las Mestas» en su centro ictiogénico en Pravia, donde realizan la reproducción del salmón en ciclo cerrado para la posterior suelta de las crías. Uno de los ejemplares que lo habita es el campanu del Narcea de este 2026, «Viso», que fue donado por el pescador avilesino Miguel Corral la pasada semana. «Las sociedades de pescadores se deberían unir y con el apoyo de la Administración, que hasta ahora ha sido nulo e inservible poniendo siempre trabas a la gestión del río, aumentar las repoblaciones o mejorar el modelo y ya no para recuperar la especie, sino para no perderla», declara Díaz resignado. «Es que si vedan pero no hacen nada, los que somos ribereños ya sabemos lo que hay y lo que pasa en el río», añade en referencia al furtivismo. Los cuatro pescadores están de acuerdo en por dónde empezar a recuperar la especie, que pasa por regular la pesca en alta mar, controlar la presencia de depredadores como cormoranes y lubinas, una veda siempre y cuando suponga aumentar por millones las repoblaciones con alevines en los ríos asturianos e intensificar la vigilancia de las cuencas para evitar el furtivismo. Un paquete de medidas para conservar al rey del río, el salmón, que enfrenta una situación crítica y preocupante con la temporada de pesca abierta a las capturas con muerte.

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