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Grooming, sexting, nomofobia o vamping: los nuevos peligros que acechan a los adolescentes por el abuso de las pantallas

Los médicos alertan en Asturias de la "normalización social" de la adicción a internet, que afecta a un 23,1% de jóvenes

Tolerancia, abstinencia, pérdida de control, abandono de actividades importantes y persistencia del uso: las señales de la adicción

Adolescentes en las redes sociales mientras están en clase.

Adolescentes en las redes sociales mientras están en clase.

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Mariola Riera

Mariola Riera

Oviedo

La adicción a las pantallas es un problema "infradiagnosticado, infrarrepresentado y ampliamente normalizado" en la vida cotidiana, una combinación que dificulta su detección clínica y oculta su verdadera magnitud. Así lo advirtió el psicólogo clínico Hilario Garrudo Hernández durante su intervención en el 32.º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), que se clausuró este 13 de junio en Oviedo.

Uno de los principales obstáculos es la ausencia de un consenso diagnóstico internacional. Los manuales de referencia en salud mental (DSM-5 y CIE-11) solo reconocen formalmente la adicción al juego patológico y a los videojuegos, pero no otras formas de uso problemático de las tecnologías de la información y la comunicación. Quedan fuera, por ejemplo, el consumo compulsivo de redes sociales, las compras online, el visionado continuado de series o la ciberpornografía, alertan los expertos. Y esa falta de definición común provoca, advierten, una “invisibilidad estadística” que impide conocer con precisión cuántas personas están afectadas.

Garrudo y Lora, en su intervención en el Congreso de SEMG.

Garrudo y Lora, en su intervención en el Congreso de SEMG. / Alicia Dominguez

El debate científico avanza hacia la consideración de una posible adicción a las TIC cuando existe un deterioro clínicamente significativo mantenido durante al menos doce meses, acompañado de síntomas como tolerancia, abstinencia, pérdida de control, abandono de actividades importantes y persistencia del uso pese a sus consecuencias negativas. El problema, subraya Garrudo, no se limita al número de horas ante la pantalla, sino también a los contenidos, los contactos, la interferencia en la vida diaria y la pérdida de control.

Uso problemático

Según la encuesta ESTUDES 2025 del Ministerio de Sanidad, aproximadamente el 23,1% de los adolescentes de 14 a 18 años en España presenta un uso problemático o compulsivo de internet, con mayor incidencia en chicas que en chicos. Sin embargo, los especialistas advierten de que esta cifra no refleja toda la realidad clínica, porque los casos que llegan a consulta siguen siendo muy pocos en comparación con el volumen de usuarios con conductas problemáticas.

La pandemia, señaló Garrudo, marcó un punto de inflexión. "El covid aceleró una década el uso de la tecnología en pocos meses”, indicó, en referencia al impulso del teletrabajo, la educación a distancia y el comercio electrónico. Ese cambio estructural se ha asociado a más sedentarismo, aislamiento social, soledad no deseada, ansiedad, depresión y conductas adictivas.

Impacto

El impacto clínico es amplio. A corto plazo afecta al sueño, la atención y la concentración, con consecuencias en el rendimiento académico y laboral. También se vincula a fenómenos como el grooming, el sexting, la nomofobia, los retos virales de riesgo y el vamping, el uso nocturno de pantallas en la cama, especialmente extendido entre adolescentes. A medio y largo plazo pueden aparecer deterioro de las relaciones familiares, ciberacoso, baja autoestima, ansiedad, depresión e incluso intentos autolíticos.

Los expertos reclamaron más educación digital para evitar que haya “huérfanos digitales”, menores que usan dispositivos sin supervisión ni acompañamiento adulto. También recordaron que las plataformas y sus algoritmos están diseñados para retener al usuario y generar dependencia.

La doctora Cristina Gutiérrez Lora, médico de familia y miembro del Área de Conocimiento Clínico de la SEMG, reivindicó durante la ponencia la función de la Atención Primaria en la detección precoz: "Están en una posición privilegiada para identificar señales de alarma y actuar desde el ámbito individual, familiar y comunitario".

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