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¿Hay profesiones con mayor riesgo de suicidio? Un fenómeno recurrente entre los sanitarios (médicos y enfermeros), veterinarios, fuerzas de seguridad (policías y guardias civiles)...

Los psicólogos estiman que la inversión en protocolos de prevención en las empresas arroja un retorno hasta 5 veces el coste de implantación

Los mandos intermedios pueden considerarse "agentes de detección temprana" y, a la vez, convertirse "involuntariamente" en "agentes de riesgo", advierten

Jesús Rivero, en un momento de la sesión celebrada en el Instituto de Prevención de Riesgos Laborales.

Jesús Rivero, en un momento de la sesión celebrada en el Instituto de Prevención de Riesgos Laborales. / Mario Canteli

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C. Jiménez

Oviedo

"Humanizar el lugar de trabajo puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte", sostiene Jesús Rivero, responsable del grupo de trabajo en conducta suicida del Colegio de Psicólogos del Principado. El representante del órgano colegial participó este martes en una jornada sobre prevención de la conducta suicida en el ámbito laboral organizada por el Instituto Asturiano de Prevención de Riesgos Laborales. Sobre esta problemática, los expertos coincidieron en que presenta un origen complejo y multicausal, lo que obliga a definir estrategias preventivas desde las organizaciones empresariales. El aumento de fallecimientos con origen autolítico responde a cuestiones estructurales, como las condiciones laborales que tienen esas personas, los altos niveles de estrés, o el propio contexto laboral. "Afortunadamente", sostiene Rivero, "cada vez hay mayor conciencia de esos peligros en el entorno laboral y la salud mental está incorporada ya en la legislación vigente". De hecho, agregó, "ya hay sentencias de tribunales que entienden el contexto laboral como causa de una muerte por suicidio y las empresas están entendiendo que son un agente de prevención importante".

Rivero se refirió igualmente a algunas de las profesiones con mayores tasas de muerte por suicidio: "el sector sanitario, incluidos los veterinarios, que están prácticamente arriba del todo, y también fuerzas de seguridad, el sector agrario, la construcción también... son sectores que se puede relacionar muchas veces con el acceso a ciertos materiales, pero no es la única razón", detalló.

Ideas recurrentes en la conducta suicida

Manuel Moreno, también psicólogo y miembro de la red Afforhealth, aboga por la normalidad: "El suicido acompaña a la humanidad desde sus orígenes", pero también "pone a prueba nuestras inteligencias" lo que obliga a identificar una serie de elementos "arquetípicos" que son recurrentes en la conducta suicida. "La persona que contempla acabar con su vida no piensa en la muerte en sí misma, sino que desea un final al sufrimiento que vive", explicó. Y, por tanto, "su horizonte anímico no es la voluntad de morir, sino la necesidad desesperada de abandonar el sufrimiento". Por ello, abundó Moreno, en algún momento esa persona realizó una asociación interior "perturbadora" entre vida y sufrimiento. "Para el suicida, seguir viviendo significa seguir sufriendo", agregó el experto, y la única salida que ve la persona a esa situación es "gravitar sobre la muerte". "Quien transita una crisis suicida siente que su vida ha perdido sentido", concluyó Moreno.

Los expertos reunidos en la jornada sobre prevención del suicidio en el ámbito laboral coincidieron en señalar la importancia de no relativizar el "dolor mental insoportable" del suicida que arroja a la persona a un terreno anímico entre la desesperanza y el atrapamiento.

Clima laboral adecuado y programas de sensibilización

"Pasamos un tercio del día, o más, trabajando y las condiciones nos van a influir directamente en nuestro estilo de vida, en la forma en la que afrontamos las situaciones diarias y, por lo tanto, estamos viendo cada vez más en esos entornos que se ponen en marcha programas de sensibilización sobre el suicidio, formación, e intervención directa; esa mayor conciencia genera una mayor prevención", abundó el responsable del grupo de trabajo en conducta suicida del Colegio de Psicólogos del Principado. Sobre la repercusión de la cultura de la prevención, explicó que hay estudios que hablan de un retorno de la inversión en ese tipo de programas cinco veces el coste, "porque se crea un clima laboral adecuado, con recursos de ayuda", concluyó Moreno. Pero, esa cultura de la prevención, especificó por su lado Jesús Rivero, debe ser permeable a toda la organización: "Debemos partir de un nivel de prevención global para tener un bienestar en el puesto de trabajo, que es el factor más importante".

Las bajas laborales, coincidieron los expertos, "se han multiplicado exponencialmente" y una de las razones es la salud mental. "Hay que facilitar el acceso a los profesionales de salud mental, promover programas de apoyo al empleado, ayudar a identificar lo que les vincula a la vida y cuando la idea suicida ya excede el límite de la escucha porque el riesgo es alto hay que evitar el acceso a elementos de riesgo potencial", exponen. "La prioridad es preservar la vida de la persona, no hay margen de demora y tampoco hay que dejarles solos", añaden los profesionales.

El manager, de agente de prevención a agente de riesgo

Manuel Moreno también da pautas para el momento posterior, cuando se han consumado las ideas autlíticas. "Es una acción que genera un impacto emocional que trasciende del fallecido, conviene un acompañamiento emocional al equipo", especifica Manuel Moreno, A su juicio, managers, responsables de equipo y mandos intermedios pueden considerarse "agentes de detección temprana" y, a la vez, convertirse "involuntariamente" en "agentes de riesgo". Se refiere Moreno a las bajas por "quiebre emocional" o los "quemados" laborales por la interacción con compañeros o jefes.

Por eso, explica, "un buen manager no es el que posee mayores conocimientos técnicos, sino el que permite que las personas trabajen con dignidad". Y una prevención eficaz del suicidio en el entorno laboral requiere de una "inteligencia relacional" dotando de cierta calidad y calidez a conversaciones cotidianas, reconociendo el esfuerzo y la capacidad para resolver problemas, o apostando por generar un sentimiento de pertenencia, entre otras acciones.

El decálogo de "qué no hacer"

A posteriori, cuando ha sucedido el suicidio, "el peor error de una organización es concluir que se trataba de un problema personal" de quien tomó esa determinación. Por eso, Jesús Rivero establece un decálogo de "qué no hacer" ante personas que presentan el riesgo de conducta suicida. "No debemos minimizar su dolor", expone, "ni responderle con frases vacías que a la persona no le sirven, porque tampoco podemos asumir el rol de terapeutas ni dar consejos si no nos lo piden". El responsable del grupo de trabajo en conducta suicida del Colegio de Psicólogos del Principado añade más: "Jamás debemos retar a la persona. Sus problemas pueden ser profundos, nunca hay que darle una solución simplista". Igualmente, Rivero invita a "no juzgar", tampoco a "prometer lo que no se puede cumplir" y cuando ya hay una crisis "nunca dejar sola a la persona, ni para ir al baño, y retirar todo tipo de riesgos cercanos".

Como recomendaciones para la empresa, cuando la persona ya ha consumado la amenaza del intento autolítico "hay que acogerla, planificar su reincorporación y realizar una acogida libre de estigmas; es importante no exigirle justificaciones personales".

En el proceso de duelo, cuando ya hay muerte por suicidio, conviene realizar un trabajo grupal y ofrecer atención psicológica temprana, "sin alimentar rumores y evitando la búsqueda de culpables, brindando siempre respeto a la familia del fallecido", apunta Rivero."Es un esfuerzo de equipo y de sociedad", concluyó el experto.

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