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Melisa Cichetti, doctora en Género y Diversidad: "La mujer gitana no tiene nada que ver con la imagen pasiva o victimizada que a menudo se le atribuye"

"El feminismo, al menos como yo lo entiendo, debería partir del respeto a la autonomía de las mujeres y de la escucha de sus recorridos vitales", sostiene la investigadora

"La situación de quienes comenzamos una carrera investigadora sigue siendo bastante precaria, existe una elevada incertidumbre asociada a la temporalidad de los contratos y a la escasez de plazas estables"

Melissa Cichetti

Melissa Cichetti / Lne

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C. Jiménez

Oviedo

Melissa Cichetti llegó a Asturias hace siete años con el ánimo de escuchar y acompañar a mujeres gitanas desde la investigación académica para reconstruir una memoria silenciada y reivindicar un feminismo que nace de la comunidad. Es doctora en Género y Diversidad y, tras defender su tesis, que preparó gracias a un contrato predoctoral Severo Ochoa, actualmente está desarrollando su año postdoctoral. Le gustaría seguir en Asturias para profundizar en ese trabajo. Por ello, reivindica el apoyo para los jóvenes investigadores no solo en lo económico sino también a modo de respaldo a las labores que realizar para abrir nuevos espacios de estudio y reflexión. "Yo soy medio gitana y, para mí, mi tesis doctoral no ha sido solamente un trabajo académico, sino también un proceso personal muy importante", defiende. 

-Su tesis, "Feminismo gitano: genealogías y alianzas. Un estudio situado con mujeres gitanas en Oviedo", ¿qué realidad le ha revelado sobre el colectivo gitano?

-Mi investigación doctoral me ha permitido enseñar, desde dentro, la realidad de las mujeres gitanas, ofreciendo una imagen mucho más compleja y diversa de la que la sociedad suele tener del pueblo gitano, en general, y de las mujeres gitanas, más especificadamente. Una de las principales conclusiones de mi estudio es justamente que las mujeres gitanas son agentes activas en la construcción de sus propias vidas y gracias al apoyo mutuo son capaces de generar estrategias de resistencia muy profunda.  Las mujeres gitanas de verdad, en definitiva, no tienen nada que ver con la imagen pasiva o victimizada que a menudo se les atribuye. El estudio surge de mi interés por visibilizar cómo las mujeres gitanas articulan sus reivindicaciones en un contexto atravesado simultáneamente por la pobreza, las desigualdades de clase y el antigitanismo. También me interesaba conocer qué formas de reivindicaciones feministas construyen desde sus propias experiencias y cómo establecen alianzas con otros movimientos sociales. 

-¿Es mayor la persecución hacia las mujeres en el colectivo gitano?

-Las mujeres gitanas experimentan una discriminación específica porque en muchas ocasiones confluyen distintas formas de desigualdad. Por un lado, sufren las desigualdades que afectan a todas las mujeres trabajadoras y precarias: dificultad de acceso al sistema laboral, falta de recursos económicos que les permitan desarrollar una vida digna y también problemas de conciliación. Por otro lado, se enfrentan a la forma específica de racismo que sufre el pueblo gitano en su conjunto: el antigitanismo. La discriminación racial es la responsable, por ejemplo, de la dificultad de acceso a una vivienda digna, a una representación mediática respetuosa y fiel a la realidad. Sin embargo, es importante no interpretar a las mujeres gitanas únicamente desde la vulnerabilidad. Mi investigación muestra también una enorme capacidad de agencia, organización y producción de conocimiento desde sus propias experiencias vitales.

-¿Es posible abandonar la estigmatización social hacia el colectivo gitano? 

-Yo creo que sí, que es posible; pero, requiere un compromiso social e institucional sostenido. Los estigmas no desaparecen por sí solos, porque forman parte de imaginarios sociales muy arraigados que se han ido construyendo y aposentando a lo largo de siglos. Nuestro imaginario colectivo nos lleva a distinguir, de forma inconsciente, entre buenos y malos, entre quien confiar y quien no, entre quien nos podría robar y quien no.  Deconstuir el imaginario colectivo implica revisar no solamente los discursos y prácticas dominantes,  sino también las representaciones identitarias que se reproducen en distintos ámbitos de la sociedad. La educación, los medios de comunicación, las políticas públicas y el contacto cotidiano en condiciones de igualdad son herramientas fundamentales para desmontar prejuicios y favorecer una convivencia basada en el reconocimiento y el respeto mutuo.

-¿Tiene matices distintos la lucha de las mujeres gitanas que la de otros colectivos?

- La lucha de las mujeres gitanas siempre ha tenido rasgos comunes en todos los contextos sociales, aunque con matices específicos. Lo mismo pasa con las mujeres gitanas. Uno de los elementos específicos del feminismo gitano es la unión de sus reivindicaciones con la lucha contra el antigitanismo y la reivindicación de una historia y una memoria propia. Todo esto hace que sus demandas incorporen cuestiones vinculadas al reconocimiento cultural, la memoria colectiva y también la defensa de su comunidad. Como decía, también existen numerosos puntos de encuentro con el resto de las reivindicaciones feministas y esto permite construir alianzas virtuosas desde el respeto y la comprensión mutua. 

-El antigitanismo o el problema del estigma hacia el pueblo gitano, ¿se ha eliminado o se han dado pasos para ello?

-Creo que se han producido avances importantes, especialmente en términos de reconocimiento institucional y visibilidad pública, lo que ha permitido que hoy en día haya una mayor conciencia sobre el antigitanismo. Sin embargo, sigue habiendo una escasa participación de personas gitanas en espacios académicos, políticos y sociales y, además, siguen persistiendo prejuicios y prácticas discriminatorias que tienen consecuencias reales en la vida de muchas personas gitanas, hombres y mujeres. Por eso, más que considerarlo de un problema resuelto, deberíamos hablar de un proceso en marcha que exige seguir trabajando simultáneamente desde distintos ámbitos.

Melissa Cichetti

Melissa Cichetti / Lne

-¿Tiene intención de quedarse en Asturias? ¿Cómo ve las oportunidades para tener un recorrido profesional en la Universidad de Oviedo? ¿Cree que se trata de forma adecuada a los jóvenes en investigación? 

-Llegué a Asturias hace ya casi siete años, para cursar el segundo año del Máster Erasmus Mundus en Estudios de Género y Diversidad (GEMMA). Luego hice la tesis gracias a la financiación del Principado de Asturias a través del contrato predoctoral Severo Ochoa y actualmente estoy desarrollando mi año postdoctoral. Para mí, Asturias es mi casa, aquí tengo fuertes vínculos personales y laborales y es mi intención quedarme. También me encantaría poder seguir desarrollando mi trayectoria académica y de investigación en la medida en que existan oportunidades para ello. Ahora bien, la situación de quienes comenzamos una carrera investigadora sigue siendo bastante precaria, no solo en Asturias, sino en buena parte del sistema universitario. Existe mucho talento y una gran capacidad de trabajo e innovación, pero también una elevada incertidumbre asociada a la temporalidad de los contratos y a la escasez de plazas estables. Aun así, considero fundamental seguir apostando por la investigación y por el apoyo, también económico, a las nuevas generaciones de investigadores e investigadoras.

-¿Cómo se vive desde la educación esa realidad?

-La educación es un espacio clave porque puede contribuir tanto a reproducir como a cuestionar los prejuicios sociales vinculados al pueblo gitano. Cuando los referentes y las referentes gitanas están ausentes de los currículos o cuando persisten expectativas más bajas hacia el alumnado gitano se generan dinámicas de exclusión y marginalización. Por el contrario, una educación inclusiva, que incorpore la diversidad cultural y valore las trayectorias de las personas gitanas, puede convertirse en una herramienta poderosa de transformación social. Muchas de las mujeres participantes en mi investigación identifican la educación como un ámbito fundamental para cuestionar estereotipos y ampliar oportunidades vitales.

-Algunas mujeres gitanas también defienden la opción de llegar virgen al matrimonio e incluso lo señalan, junto a la unidad familiar y el respeto a los mayores, como uno de los pilares de la cultura gitana y piden dicho respeto del llamado "feminismo blanco". ¿Defiende mantener esa concepción?

-Algunas tradiciones gitanas generan hoy en día una cierta curiosidad morbosa y estigmatizante. Por supuesto puede que haya mujeres gitanas que reivindiquen la virginidad como un pilar cultural, igual que lo hacen muchas jóvenes cristianas que, además, se oponen al aborto y la eutanasia.  Desde mi perspectiva como investigadora, como gitana y también como feminista, lo importante es reconocer la capacidad de las mujeres para decidir sobre sus propias vidas en iguales condiciones económicas y sociales. El feminismo, al menos como yo lo entiendo, debería partir del respeto a la autonomía de las mujeres y de la escucha de sus recorridos vitales; y debería luchar para que las mujeres tengan condiciones económicas que les permitan desarrollar una vida digna. Mi trabajo no pretende establecer cómo deben vivir las mujeres, sino comprender cómo negocian, interpretan y transforman esas normas en contextos concretos. Creo que el reto está en evitar tanto la imposición cultural como la idealización acrítica. El diálogo entre distintas posturas feministas pasa por reconocer la diversidad de experiencias vitales, por no perder la empatía y la capacidad de diálogo y, además, por defender que las decisiones que toman las mujeres sean libres e informadas. 

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