La Nueva España

Socorristas asturianos: así trabajan los profesionales del último dique ante el peligro

Componentes de los equipos de salvamento de playas del litoral asturiano relatan sus experiencias en la apertura de una nueva temporada veraniega y avisan: "Cuidado, esto no es el Mediterráneo"

 
Por T. Cascudo / D. Taneva / M. Terente / N. Menéndez / P. Méndez

Alejandro Negral, leonés con casa en Avilés, lleva tres veranos como socorrista en San Juan de Nieva, en Castrillón, un trabajo al que llegó casi de forma natural porque siempre nadó y que utiliza como una manera de ahorrar algo de dinero durante el verano. La experiencia, sin embargo, le puso delante situaciones que van mucho más allá de la vigilancia rutinaria. El año pasado, rescató a un grupo de jóvenes que practicaban paddle surf y participó en la recuperación del cuerpo de un pescador.

 

En estos años ha comprobado que el principal enemigo en la costa asturiana no siempre es el oleaje visible, sino la falta de conocimiento. "La gente piensa que el Mar Cantábrico es como el Mediterráneo y a veces entra sin saber", advierte. Para Negral, ese desconocimiento explica buena parte de los sustos que acaban movilizando a los equipos de salvamento. "Hay muchas veces que no saber actuar ante esas situaciones acaba en rescates. Si sabes cómo actuar en una corriente, no llegas a ese punto", señala. La diferencia, sostiene, puede estar en nociones tan básicas como no pelear contra una corriente de retorno, mantener la calma o pedir ayuda antes de que la situación se complique. Por eso defiende que la prevención también debería llegar a las aulas. "A los institutos van policías y bomberos; debería haber también socorristas a explicar nociones básicas para orientar a los más jóvenes", propone. El socorrista insiste en que su labor no pasa por incomodar a los bañistas, sino por anticiparse al peligro. "No estamos para molestar, la gente tiene que entender que estamos haciendo nuestro trabajo", resume.

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En la imagen, Alejandro González y Gabriel Kuntz, en la playa de  Santa Marina / Maria Terente

 

"Hace falta más educación. La gente no sabe cómo funcionan las corrientes ni las olas y no se da cuenta de que se pone en peligro a sí misma, a su familia y a los propios socorristas". Adrián Rodríguez, luanquín, afronta una nueva temporada de verano en las playas gozoniegas. Este año le ha tocado vigilar Verdicio, un arenal tranquilo pero que, como otras muchas zonas de Asturias, puede dar algún que otro susto. "Este verano, a nivel de plantilla, estamos bastante justos, hay muy poco personal. Tenemos que hacer horas extra para poder cubrir todo", asegura.

Rodríguez asegura que cada vez es más complicado encontrar nuevos socorristas. "Poco a poco la gente va perdiendo las ganas de trabajar en verano. El sueldo, obviamente, influye. Cuando buscas trabajar estos meses quieres que se te recompense justamente, lo que en muchas ocasiones no ocurre", sostiene Rodríguez, que explica que lo que más le tira a él es la vocación. "A mí siempre me gustó. Me sirve para ahorrar más dinero. Esto tiene que gustarte, si no, no compensa", destaca.

Él, por suerte, nunca ha tenido que vivir un episodio complicado en las playas asturianas. "En Verdicio tuvimos un rescate de una persona que se cayó por El Pedreo, pero poco más. Nunca tuve ningún ahogado ni que hacer una reanimación", señala Rodríguez, que, si tiene que hacer un perfil sobre los bañistas más imprudentes, lo tiene claro: "los de fuera". "Hay mucho desconocimiento sobre las olas y el mar. La gente piensa que, donde no hay olas es porque está tranquilo, y es donde están las corrientes", sostiene el gozoniego, que aboga por que "se tratasen estos temas en los colegios".

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En la imagen, Alejandro Negral otea  el horizonte con unos prismáticos / Mara Villamuza

 

La temporada de playas ya ha entrado en su fase más intensa y los socorristas de Gijón afrontan los próximos meses con una mezcla de optimismo y preocupación. Optimismo porque todo apunta a un verano de gran afluencia y porque el servicio sigue modernizándose año tras año. Preocupación porque, detrás de muchas de las intervenciones que realizan, detectan un problema creciente: cada vez más usuarios desconocen los riesgos del mar y hacen caso omiso de las indicaciones de seguridad.

La ciudad cuenta este verano con 52 efectivos repartidos por los distintos arenales del concejo. En la central de salvamento de San Lorenzo, la jefa del servicio, Flor Palacio, explica que el operativo cuenta con todos los medios necesarios para afrontar la campaña. "Estamos cambiando torretas y sustituyendo lo antiguo por lo nuevo y por materiales más modernos", resume.

Los socorristas Pablo Fuertes, Isaac Fiera y Sergio Arias coinciden en que la temporada se presenta con mucha actividad. "En principio va en aumento, como estos últimos años", señalan. Las previsiones de buen tiempo y la creciente llegada de visitantes hacen prever playas muy concurridas durante las próximas semanas. A esa afluencia se suma otro factor que ha condicionado el inicio de la campaña. Los temporales del invierno han modificado los fondos marinos y generado corrientes que, en algunos puntos, pueden resultar difíciles de detectar para quienes no conocen bien la playa. "Estamos teniendo bastantes avisos e incluso alguna intervención a pesar de toda la señalización y de los avisos que hacemos", cuenta Fuertes.

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En la imagen, Rodrigo Vijande, en la playa de Arnao / Tania Cascudo

 

Por un lado, la masificación hace que existan más situaciones de riesgo. Por otro, observan un cambio en el perfil de muchos usuarios. "Cada vez vemos más gente que no conoce el mar. Antes la mayoría éramos gente de Gijón o de Asturias y había un conocimiento que se transmitía casi de forma natural. Ahora llega mucha gente de fuera que desconoce estas playas y sus riesgos", explica Arias.

Si hay una cuestión que preocupa especialmente al equipo de salvamento es la vigilancia de los menores. Los socorristas aseguran que cada vez es más frecuente encontrarse con niños pequeños solos en el agua o en zonas conflictivas. "Muchas veces sacamos a un menor del agua y cuando preguntamos dónde están los padres resulta que están a cien, doscientos o incluso trescientos metros", explican.

Aunque la imagen más habitual del socorrista está asociada a rescates marítimos, la realidad diaria es mucho más amplia. En una jornada de máxima ocupación pueden concentrarse más de 20.000 personas en la playa y buena parte de las incidencias se producen fuera del agua. Golpes de calor, caídas, torceduras, personas indispuestas o niños perdidos forman parte del trabajo cotidiano de un servicio que actúa como primera respuesta ante cualquier emergencia que se produzca en el arenal.

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En la imagen, Carlos Gutiérrez, entrando en la central de salvamento de la playa de San Lorenzo / Marcos León

 

Rodrigo Vijande es posiblemente la persona que mejor conoce las playas de Castropol. Socorrista entre 2011 y 2019, la mayor parte del periodo como coordinador del servicio, y actualmente jefe de Protección Civil de la comarca del Eo. Bombero de profesión, muestra su preocupación ante una tendencia imparable: el Occidente recibe cada año a más turistas, pero los equipos de socorrismo no crecen ni se profesionalizan al mismo ritmo.

"En la zona occidental el turismo crece de manera exponencial, pero los concejos no están dotados de la infraestructura necesaria para dar servicio a toda esa gente que viene. Es más, cada vez somos menos. Cuando yo empecé a trabajar éramos doce y este verano en Castropol serán diez socorristas", advierte.

El aumento de bañistas no es el único reto. También cada año aumentan los conflictos protagonizados por personas que desafían al personal y no atienden las instrucciones de los socorristas. Vijande explica que actualmente los incidentes más comunes no son rescates, sino problemas de seguridad ciudadana. "Se dan unas indicaciones por criterios técnicos, ya sea porque es la zona más segura o porque no hay corrientes, y no se respetan. Cada vez es más común que la gente no quiera acatar las normas. Esto acaba en problemas que derivan en la intervención de la Policía Local o la Guardia Civil", señala el castropolense.

El sector del salvamento también registra un déficit de personal importante. Señala Vijande que hace una década había hasta sesenta candidatos para cubrir las plazas disponibles y hoy apenas alcanzan para cubrir las vacantes. Y no es por malas condiciones o salarios, simplemente no hay gente dispuesta a trabajar en la temporada estival, un problema que afecta a otros sectores, como el hostelero.

El castropolense también cuestiona los procesos de selección. En Castropol este año se ha optado por una bolsa de méritos que prescinde de los exámenes prácticos, cuestión que Vijande considera un error. "Es un trabajo en el que la parte física y de conocimientos debe ser muy alta, porque al final te vas a batir el cobre en el agua. Tienes que tener una condición física muy buena y una desenvoltura en el medio acuático excelente, y eso no se está exigiendo, ni valorando", lamenta. A esta situación se suma el hecho de que los candidatos acceden al trabajo con escasa experiencia práctica: "Algunos llegan con cursos hechos online", relata.

A lo largo de estos quince años de experiencia, Vijande ha vivido rescates de todo tipo, pero no se olvida del primero. Fue en la playa de Penarronda, en 2011, recién estrenado en el oficio. Tres niños se dirigieron a la zona de corriente del arenal y no escucharon sus advertencias. Entraron al agua y les arrastró la corriente. Acabaron agarrados a las rocas y Vijande y sus compañeros los llevaron a la orilla sanos y salvos. "No fue un rescate complicado, pero era el primero y eso no se olvida", relata.

"Es un trabajo en el que la parte física y de conocimientos debe ser muy alta, porque al final te vas a batir el cobre en el agua"

Las playas de Santa Marina y Vega, en Ribadesella, activaron el 15 de junio el servicio de socorrismo. Alejandro González Quirós afronta su primera temporada en el puesto, mientras que Gabriel Kuntz García suma ya cinco campañas y conoce bien ambos arenales, aunque este es su tercer verano en Santa Marina. Los dos coinciden en que uno de los perfiles que más vigilancia exige es el de "los grupos de chavales jóvenes", especialmente "los que van hasta la boya". También diferencian con claridad las condiciones de cada playa. "Vega es más conflictiva. Suele haber más rescates porque hay más corrientes", señala Gabriel, mientras Alejandro apunta que "Santa Marina es más tranquila, pero también hay mucha gente".

 

En el caso de Alejandro, su llegada al socorrismo está ligada a su experiencia deportiva. "Yo hice natación y triatlón, así que nado bastante bien. Es un trabajo que me gusta y me ayuda a sacar dinero en verano", explica. Gabriel, por su parte, subraya la importancia de la experiencia en los equipos: "Hay mucha gente nueva cada año. Antes en la coordinación había gente que llevaba muchos años y tenía mucha experiencia". Sobre la campaña ideal, resume que sería aquella en la que "no hubiera ningún rescate porque implicaría que nuestro trabajo está bien hecho" y en la que tampoco hubiera "ningún susto fuera del agua, ni lesiones importantes".

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