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Tres centenarias cuentan la fórmula asturiana de la longevidad: "una sopina y un yogur para cenar" y "trabajar mucho y ser buena gente"

La comunidad se integra en el corredor de la longevidad de España, con una de las esperanzas de vida más largas, lo que obliga a cambios sociales y sanitarios para atender a toda esa población en el futuro

Tres centenarias asturianas.

Tres centenarias asturianas. / LNE

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María Terente Nicieza

Oviedo/ Luarca (Valdés)/ Grado/ Lué (Colunga)

Es Asturias una tierra longeva. Así queda constatado en los estudios y lo ponen de manifiesto los muchos asturianos que alcanzan edad avanzada. Según los últimos datos publicados recientemente por el INE, este año se prevé cerrar con 666 personas con cien o más años. Pero las proyecciones avanzan que en 2041 serán más del doble: un total de 1.417, en los que las mujeres serán mayoritarias, 1.177.

El Principado está incluido, además, en el denominado corredor de longevidad de España, presentado recientemente en Oviedo, donde se destaca todo el Norte como un territorio mucho más longevo que la mitad sur del país. No está Asturias al frente del ranking realizado por los expertos Michel Poulain y Ana Canelada, pero la comunidad se dibuja como un lugar donde la longevidad tiene un peso social, sanitario y territorial cada vez mayor. Según los últimos datos, actualmente son 556 asturianos los que han cumplido ya los cien años. La cifra resume una realidad en la que Asturias no solo envejece –está al frente de las más envejecidas de España–, sino que lo hace de forma longeva.

La esperanza de vida al nacimiento en el Principado se sitúa en 83,32 años, según los indicadores incluidos en la Estadística del Mapa Sanitario de Asturias 2025. La diferencia por sexos sigue siendo muy amplia: los hombres alcanzan de media los 80,35 años y las mujeres los 86,14. La brecha femenina se aprecia todavía con más claridad en la cúspide de la pirámide. De los 556 centenarios registrados, 467 son mujeres y 89 hombres. Es decir, más de ocho de cada diez asturianos que han superado el siglo de vida son mujeres.

En números absolutos, la mayor concentración de centenarios se sitúa en el área II (Centro-suroccidente), que agrupa Oviedo, buena parte del Suroccidente y de las Cuencas. Allí viven 251 personas de cien o más años. Le sigue el Área III, que incluye Oriente, Gijón, y parte de las cuencas del Nalón, con 198 centenarios. El Área I, el Noroccidente, suma 107.

Por eso la longevidad asturiana tiene una doble cara: es una señal de supervivencia y calidad de vida, pero también un desafío para los servicios sanitarios, sociales y de cuidados, avisan los especialistas. Y es que hablar de centenarios es hablar de generaciones que han vivido mucho, de mujeres que sostienen la cúspide de la pirámide y de territorios donde alcanzar edades avanzadas forma parte de la normalidad social. Pero también obliga a planificar otra Asturias: más atención primaria, más cuidados domiciliarios, más transporte adaptado, más plazas sociosanitarias y más políticas para que vivir muchos años no signifique vivir lejos de los servicios o en soledad.

El reto, a partir de ahora, no es solo sumar años a la vida, sino garantizar que esos años puedan vivirse con autonomía, cuidados y arraigo en el territorio.

Amparo Rodríguez.

Amparo Rodríguez. / A. M. S.

Amparo Pérez, de Boal, resume su siglo de vida en una idea sencilla: «Trabajar mucho y ser buena gente»

La boalesa Amparo Pérez García no presume de haber cumplido cien años. Lo cuenta con naturalidad, casi con sorpresa, como quien ha llegado sin detenerse demasiado a mirar el calendario. Cuando se le pregunta cuál cree que es el secreto para alcanzar el siglo de vida, no recurre a grandes fórmulas ni a recetas imposibles. "Yo no sé si es trabajar mucho. Yo trabajé desde pequeña y trabajé mucho en la vida. Si es eso… Y ser buena gente, intentar ser buena. Eso ya desde que era muy pequeña", responde.

Su historia es también la de una generación marcada por la escasez, la posguerra y una infancia sin apenas margen para ser niña. Nació en una familia enorme, de 18 hermanos, y creció en años difíciles, cuando salir adelante exigía esfuerzo y resignación. "De joven, nada casi. Éramos mucha familia y no había nada. Cuando yo era joven salimos de la guerra y no había qué comer", recuerda. Hoy, sin embargo, habla desde una etapa de mayor tranquilidad. "Ahora bien. Aquí muy bien. Como de todo".

La vida laboral le llegó pronto. Con solo nueve años empezó a cuidar al primer niño. Era el hijo de su maestra, que la llevó de la escuela a su casa para que se hiciera cargo de él. Aquel encargo acabó marcando toda una vida. "Ahí empecé a cuidar niños y cuidé 22", cuenta. Habla de paciencia, de aguantar, de atravesar las dificultades sin dejar que la dureza de la vida lo invada todo. "Con el carácter llevas todo con más paciencia. Las cosas que pasan, o que pasan fatal cuando eres pequeña, como en aquella época tan mala de la guerra. Se pasó muy mal, mucha hambre. Yo pienso que ayuda tener un trabajo que te guste y te tenga relajada. A mí cuidar niños me gustaba".

Ese vínculo con la infancia se mantiene vivo. Desde su residencia de Luarca se muestra inquieta: "Me preocupa el bullying. Es muy triste que un niño tenga miedo de ir al colegio". Tiene 13 nietos y 12 bisnietos, y cuando mira al futuro piensa en ellos: "Está muy complicada la vida para los jóvenes. Lo primero deben ser los estudios. Que estudien para después ir adelante".

Amelia Suardíaz, en Lué.

Amelia Suardíaz, en Lué. / M. T. N.

Amelia Suardíaz, a por los 101 en Lué (Colunga): «No sé cómo llegué a los 100».

Amelia Suardíaz, vecina de Lué, en Colunga, cumplió 100 años el 31 de octubre de 2025 y el pueblo lo celebró con un homenaje por sorpresa. Cuando se le pregunta por la clave de una vida tan larga, responde sorprendida: "No sé cómo llegué a los 100". Sin embargo, en su conversación van apareciendo algunas pistas.

La primera está en la familia. "Mi padre vivió 100 años", recuerda Amelia, de modo que la genética parece haber puesto una parte del camino. Pero no toda la explicación cabe ahí. La centenaria lleva a la memoria una vida de trabajo y de costumbres sencillas, pegadas a la tierra.

Entre sus secretos, si es que existen, aparece su huerto. "Comer las verduras fresquinas", dice con una sonrisa. Ella misma las plantaba en su huerto y las vendía los jueves en el mercado, en una rutina que hoy suena a receta antigua para envejecer despacio: producto de casa, actividad constante y poco artificio.

También cuenta la actitud. Amelia es de las que miran la vida con buen ánimo, de las que ven "el vaso medio lleno" incluso cuando llegan las limitaciones. Lo que peor lleva ahora es no poder moverse con libertad por culpa de los huesos, aunque ni siquiera eso le ha quitado las ganas de hacer cosas. "Saldría todos los días", asegura. Su padre, recuerda, ya se lo decía hace muchos años: "no paras en casa".

A sus 100 años mantiene la cabeza en marcha. "La tele no la veo mucho" y "me gusta mucho leer y hacer labores", explica. Sigue tejiendo sin necesidad de gafas y no se separa de su libro de autodefinidos, gimnasia para la memoria y la atención.

Pero si hay un rasgo que define su día a día es la necesidad de seguir en contacto con los demás. "Vienen mucho las amigas a merendar a casa", cuenta. Y además no renuncia a su ronda por el bar de Lué: "Voy los fines de semana, y lo que no son fines. Yo no pierdo nada". Entre la herencia, la huerta, el optimismo y la conversación, Amelia compone, sin proponérselo, un retrato bastante claro de la longevidad.

Isabel Rodríguez Noval, en la residencia de Grado, donde vive.

Isabel Rodríguez Noval, en la residencia de Grado, donde vive. / SARA ARIAS

Isabel Rodríguez Noval, natural de La Ferrería (Soto del Barco): «Para cenar poco, me gusta una sopina y yogur porque me da miedo ir llena para la cama»

Isabel Rodríguez Noval cumplió los 100 años el pasado 15 de abril con una salud de hierro y la mente en plenas facultades tras una vida dedicada a las labores del campo y la crianza de tres hijos. "Pienso que llegué hasta aquí de todo lo que trabajé, eso me dio fortaleza física y mental", dice esta mujer, natural de La Ferrería, en Soto del Barco, que lleva un año viviendo en la residencia de Grado.

La alimentación, cree, es otra de las claves de su longevidad, "comidina cuidada y excesos ninguno", afirma. Una rigurosa dieta basada sobre todo en verduras, fruta y pescado que sigue manteniendo en la residencia: "Para cenar poco, me gusta una sopina y yogur porque me da miedo ir llena para la cama".

En su caso, se levanta cada mañana muy pronto porque, indica, es muy madrugadora. Y cree que su longevidad está muy vinculada a sus buenos hábitos, pero también a su carácter cariñoso y alegre, pero con mando: "Hay que saber llevar la vida, hay que estar tranquilos".

A Rodríguez le pesa cómo cambia el mundo "porque ahora va todo muy rápido" y tiene un consejo muy claro para los jóvenes, para que lleven una vida plena. "Yo les diría que sean buenos con sus padres, también con la mujer o el esposo y los hijos, la familia es lo más importante", concluye.

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