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Alerta veterinaria en Asturias por la oruga que puede ser mortal para los perros: "Los síntomas son salivación abundante, inflamación de labios, lengua y hocico y rascado de la cara"

"La rapidez de actuación es muy importante", coinciden los expertos de la región

Un perro de paseo

Un perro de paseo

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Pablo Inés Soto

La procesionaria del pino, más conocida como la oruga de la procesionaria, es una de las principales causas de reacciones alérgicas y necrosis, con una mayor incidencia durante los meses de primavera, cuando las larvas descienden de los árboles para enterrarse en el suelo. Es una polilla muy extendida en los pinares de toda Europa y en concreto de la península. Con los efectos del cambio climático, han adelantado su aparición a los meses de enero y febrero, protegidas por los pelos urticantes que suponen una intensa molestia para cualquiera que entre en contacto con ellas, provocando lesiones cutáneas, oculares o shocks anafilácticos, así como un alto riesgo de gravedad para la vida de los animales que puedan tratar de comérselas. Por ello, es una de las principales causas de reacciones alérgicas y necrosis en perros. "Su comportamiento exploratorio los convierte en víctimas especiamente vulnerables", transmite a LA NUEVA ESPAÑA Victoria Maújo de Luis Conti, responsable del servicio de Urgencias y Cuidados Intensivos del Hospital Veterinario Menes, en Gijón.

Estas orugas, pese a su aparente aspecto inofensivo, son potencialmente tóxicas para las mascotas, pues sus larvas tienen miles de pelos urticantes que contienen la taumatopoína, toxina con efecto necrosante y alérgico. Al establecerse el contacto con el animal, los pelos de la Thaumetopoea pytocampa, según su nombre científico, liberan la irritante toxina, generando la inflamación. Esta reacción tóxica puede llegar a ser mortal en aquellos perros que introducen la procesionaria en la boca tras olfatearla o directamente la ingieren.

Oruga de la procesionaria

Oruga de la procesionaria / Agencias

Cuáles son los síntomas de intoxicación y cómo actuar

En estos casos, la sintomatología puede aparecer tan solo en cuestión de minutos. Ana Isabel Fernández Avello, responsable del Servicio de Cardiología y Diagnóstico por Imagen en el Centro Veterinario La Arena, ubicado en Gijón, afirma: "Los síntomas más frecuentes aparecen de forma muy rápida tras el contacto e incluyen la salivación abundante, inflamación de labios, lengua y hocico, dolor intenso, inquietud, rascado de la cara y dificultad para comer o tragar. En los casos más graves puede producirse complicación respiratoria, necrosis de parte de la lengua o incluso reacciones alérgicas severas que requieren atención veterinaria urgente".

A la misma velocidad en que se dan los síntomas, los expertos recomiendan recurrir a sus servicios de manera urgente, extremando de esta manera las precauciones. "La rapidez de actuación es muy importante. Si el contacto ha sido oral, es fundamental comenzar a lavar la boca con abundante agua templada dejando que esta fluya sobre la lengua y las mucosas afectadas durante varios minutos para intentar arrastrar parte de los pelos urticantes. Es muy importante, durante el contacto, protegerse con guantes y no frotar la zona afectada ya que podemos favorecer que los pelos se claven más profundamente y liberen mayor cantidad de toxinas", recomienda Victoria Maújo, quien remarca que "aunque tras el lavado el animal se encuentre mejor, la revisión veterinaria sigue siendo necesaria ya que muchas de las lesiones provocadas por la procesionaria pueden evolucionar durante las horas siguientes".

La concienciación es clave

"Observamos que la población está bastante concienciada del peligro. Los dueños han de permanecer atentos tanto si el perro ha estado solo, revisándole patas y hocico, como en los paseos. Afortunadamente la procesionaria del pino puede distinguirse fácilmente", valora, desde Lugones, Laura Beatriz Fontana Arroyo, directora médica en la Clínica Veterinaria VeteriAstur. La atención del amo es, en este sentido, necesaria más que nunca en bien de la salud de su mascota. "La principal medida de prevención es evitar pasear a los perros por zonas con presencia de pinos o cedros donde se hayan detectado bolsones o procesiones de orugas, especialmente en los días soleados de fines de invierno y primavera. También es importante impedir que los animales las huelan, laman o manipulen", añade.

Gracias a la toma de estas precauciones se reduce, en gran parte, el número de caninos afectados que revistan especial gravedad: "En nuestra clínica atendemos casos todos los años durante la temporada de procesionaria. La gravedad es muy variable, pero la rapidez con la que se actúe y se instaure el tratamiento veterinario reuslta fundamental para minimizar las lesiones y mejorar el pronóstico del animal", subrayan desde el centro La Arena.

Medidas de control en zonas endémicas

La prevención también es esencial en los principales focos de contacto, a través de la eliminación de nidos, podas y tratamientos preventivos antes de que las orugas creen los bolsones, uso de insecticidas convencionales, instalación de trampas con feromonas sexuales de la hembra de la procesionaria para impedir la fecundación de las hembras o fomentar las aves insectívoras , como el Carbonero y el Herrerillo, especialmente voraces. Y es que el riesgo para las mascotas persiste aunque las orugas estén muertas, ya que los pelillos conservan su capacidad irritante durante meses. Hace un par de años, en el Parque de La Fresneda (Siero), técnicos del Ayuntamiento llevaron a cabo tareas de erradicación tras la locaización de varios bolsones en algunos de los pinos que rodean la zona infantil, afectando tanto a niños como a animales.

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