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El único aparejador asturiano que se colegió en 2026 (y es símbolo de la falta de relevo): "Es una titulación desconocida, pero con mucho trabajo"

"Hay mayor demanda de técnicos que los que hay en el mercado", advierte el ovetense Víctor Vázquez, el único nuevo miembro del Colegio de Aparejadores de Asturias,

Víctor Vázquez, único aparejador que se colegió este año en Asturias.

Víctor Vázquez, único aparejador que se colegió este año en Asturias. / Fernando Rodríguez

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Sara Bernardo

Sara Bernardo

La falta de relevo generacional se ha convertido en uno de los grandes problemas estructurales de muchas profesiones en Asturias, pero pocas imágenes resultan tan gráficas como la que ofreció el Colegio Oficial de Aparejadores de Asturias, que en 2026 solo tuvo un nuevo miembro. Ni una promoción, ni una hornada de jóvenes técnicos dispuestos a incorporarse al sector. Solo una persona. Y, además, lejos de representar a una nueva generación, pertenece a la misma que comenzó hace dos décadas.

Ese profesional es Víctor Vázquez (Oviedo, 1981), quien a sus 45 años se ha convertido, casi por accidente, en el símbolo de una profesión que busca relevo sin encontrarlo. "Eres el único de nuevo ingreso", le advirtieron en el colegio cuando inició los trámites. "Y me sorprendió muchísimo la verdad", recuerda Vázquez.

El problema comienza por la base: el desconocimiento. "Es una titulación un poco desconocida. Arquitectura o las ingenierías suenan más entre los chavales", explica Vázquez. El aparejador, hoy denominado arquitecto técnico, es, en sus palabras, "una titulación técnica principalmente destinada a edificación", aunque su campo va mucho más allá de la obra tradicional.

"El aparejador está muy asignado a obra, pero hay muchos otros ámbitos donde se puede ejercer, como consultoría, eficiencia energética o gestión", añade Vázquez. Sin embargo, esa falta de visibilidad ha pesado durante años, especialmente tras la crisis del ladrillo en 2008.

Cuando Vázquez terminó sus estudios en el año 2005, el contexto era muy distinto. "Estábamos en pleno boom de la construcción. Era una salida profesional muy válida, con alta empleabilidad y salarios competitivos". Pero la posterior crisis cambió el panorama. "El sector empezó a estar muy deteriorado y dejó de ser tan atractivo", relata.

Ese golpe tuvo consecuencias duraderas. Las matriculaciones cayeron, las vocaciones se desviaron y, dos décadas después, el vacío empieza a ser evidente. Paradójicamente, la situación laboral actual ha dado un giro. "A día de hoy vuelve a tener esa alta empleabilidad y los salarios siguen siendo competitivos", subraya. Pero el mensaje no está llegando a los jóvenes.

La ausencia de estudios en Asturias agrava el problema. "No es lo mismo poder acceder a unos estudios en tu casa que tener que desplazarte fuera", explica. Vázquez estudió en Segovia, como muchos asturianos obligados a irse para formarse. Ese desplazamiento tiene efectos: "Un tanto por ciento ya se queda en la zona donde ha estudiado". El resultado es una pérdida constante de potenciales profesionales.

El caso de Vázquez es aún más revelador porque ni siquiera encaja en la idea de relevo. Lleva veinte años en el sector. "No soy un relevo generacional porque formo parte de la generación de hace ya 20 años", lamenta. Su colegiación tardía responde a un cambio profesional. Durante años trabajó como jefe de obra (un puesto que no exige colegiación), pero su nuevo rol como director de ejecución sí lo requiere. "Es un error que cometí porque pertenecer al colegio te da formación, información y oportunidades", reconoce.

Mientras el número de nuevos colegiados cae, la demanda no deja de crecer. "Hay mayor demanda de técnicos que los que hay en el mercado. Hay mucho trabajo", afirma. La escasez no se limita a perfiles cualificados. "Es generalizado desde peones de construcción hasta jefe de obra", observa Vázquez. Una situación que las empresas viven con dificultad, obligadas a competir por profesionales ya ocupados.

A diferencia de otros sectores con problemas de relevo, como la hostelería, la construcción ha mejorado sus condiciones. "Es una vida estable… ahora lo ejerzo con mi contrato de 40 horas semanales", explica Vázquez, alejando la imagen de jornadas interminables que históricamente acompañaba al sector.

Para el único nuevo colegiado del año, la clave está en la comunicación. "Es importante informar de que arquitectura técnica es una salida profesional muy atractiva", insiste. También reclama poner en valor la diversidad del oficio: "Los encasillamos en obra, pero hay muchas otras salidas".

El caso de los aparejadores no es aislado, como reconoce el propio Vázquez. Sin embargo, en su profesión el contraste entre oferta y demanda lo convierte en un problema especialmente urgente. La imagen de una ceremonia anual con decenas de profesionales celebrando 25 o 50 años de colegiación… y un solo nuevo ingreso, resume la situación con crudeza. Una profesión con futuro, pero sin mucha gente que quiera ocuparlo.

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