Los científicos alertan: "Solo en 2025 se perdieron 92.000 millones de euros en catástrofes naturales asociadas al cambio climático"
Conflictos geopolíticos y demanda energética frenan una transición que choca contra el crecimiento de las emisiones globales de CO2, que en 2025 alcanzaron máximos históricos

Una década perdida frente al cambio climático / LNE
Ricardo Anadón es catedrático jubilado de Ecología de la Universidad de Oviedo. Fernando González-Taboada es científico titular en el Centro Oceanográfico de Gijón
En 2021 comenzaba la serie de artículos sobre la década en que la humanidad afronta como resolver grandes retos identificados por Naciones Unidas: cambio climático, contaminación y pérdida de biodiversidad. Se parafraseaba la conocida frase de Blade Runner: "Veremos cosas que no podríamos imaginar"; en realidad, ya se contaba con los conocimientos y la decisión colectiva de actuar. En noviembre de 2016 entraba en vigor el Acuerdo de París y, a pesar de algunas discrepancias, prevalecía el consenso y la voluntad de reducir las emisiones de Gases de Efecto invernadero (GEI) para limitar el calentamiento global por debajo de un incremento de 1.5ºC en la temperatura media de la atmósfera en la superficie del planeta. A mitad de década, con medidas que sugieren que podríamos alcanzar ese valor antes de 2030, nos reunimos para hacer un nuevo balance anual.
En tan sólo cinco años, la situación internacional se ha complicado de tal manera que es difícil encontrar rastro de esas buenas intenciones en el panorama internacional. Las tensiones entre las grandes potencias han desatado varias guerras más o menos periféricas que involucran al resto de los países del mundo. Hay que añadir conflictos que, aun pareciendo locales, tienen evidentes componentes geopolíticos, como ejemplo la guerra civil en Sudán, país que tiene importantes reservas de petróleo en el sur. A este panorama desolador se añade la creciente oposición de países con un papel importante no sólo en términos de emisiones, sino también en la capacidad de generar nuevo conocimiento y mantener sistemas de control y evaluación global. Pese a que el caso más evidente sea Estados Unidos de América (EUA), otros países siguen un camino similar, debido a la presión de grupos y partidos políticos que predican y empujan hacia estrategias que, independientemente de la ideología, se oponen a recomendaciones que surgen de consensos alcanzados en las últimas décadas entre técnicos y científicos a nivel internacional.
La guerra de confrontación entre EUA e Israel con Irán pone cada día de manifiesto la íntima relación a nivel mundial entre el comercio de petróleo y gas con la economía de los países. Decisiones bélicas abren o cierran el paso a una buena parte de la producción mundial de hidrocarburos, y también a fertilizantes necesarios para mantener la producción agrícola mundial. Los efectos son prácticamente inmediatos y repercuten directamente en los bolsillos de los ciudadanos. La presión y ataque sobre Venezuela y Cuba proporcionan ejemplos en el mismo sentido. Todos estos aspectos reflejan la necesidad y dependencia del uso de recursos fósiles para la mayor parte de las actividades humanas: múltiples usos industriales (cemento, siderurgia, química, etc.), transporte, generación de electricidad, calefacción y mantenimiento de los hogares.
La descarbonización
Acabar con la dependencia de los recursos fósiles se está probando como un reto harto complicado pese al continuo avance de las tecnologías para la descarbonización. El uso de la energía para la industria (en sentido muy amplio), la habitabilidad y el transporte tiene en la actualidad un amplio abanico de opciones que podrían reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles. Desde la apuesta por fuentes de energía renovables hasta mejoras en las infraestructuras de transporte, incluyendo el transporte público, y la eficiencia energética de los hogares. Muchas de estas mejoras requieren una inversión inicial pero su rédito se hace evidente de manera rápida.
Reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles limitaría a su vez la producción de aerosoles. Como resultado inmediato mejoraría la salubridad del aire para humanos y el resto de especies. La descarbonización se basa en la generación de energía usable a partir de fuentes renovables: agua, viento y sol, a la que se debe añadir las mejoras en eficiencia y la electrificación o uso del hidrógeno como combustible en máquinas de todo tipo (industrial, vehículos, calefacción de edificios), el aislamiento térmico y, muy importante, la capacidad de almacenamiento de energía en muy diversos formatos: baterías, hidrógeno verde, insulación y/o presurización de fluidos, energía potencial y otras.
Aumenta el uso de energía
Este tipo de mejoras técnicas, sin embargo, no están siendo capaces de compensar el incremento global de la demanda y uso de energía. Tal como señala la Agencia Internacional de la Energía (AIE) (Global Energy Review 2026) el uso de todas las fuentes de energía se ha incrementado, incluyendo el petróleo y gas natural, e incluso el carbón, aunque a una tasa más baja. El consumo de energía total ha aumentado un 1,25%, con un incremento del 3% en el consumo de electricidad.
Es cierto que las fuentes renovables están asumiendo la mayor parte de este aumento, especialmente a través de la energía de origen fotovoltaico, pero lo hacen sustituyendo fuentes a la baja como la energía nuclear, más que desplazando a las fuentes de energía que emiten GEI (Ritchie y Rosado, 2020). Como consecuencia, la mayor parte de países o áreas geográficas han aumentado sus emisiones en 2025, con la notable excepción de la Unión Europea (-0,1%). Hay que tener presente que el mayor incremento se ha producido en África, continente en el que históricamente el consumo es muy reducido y es necesario que aumente para sostener el crecimiento económico y desarrollo de los países.
Emisiones de CO2
A pesar de los datos señalados, la AIE resalta que la tasa de incremento de emisiones de CO2 en 2025 es la menor comparada con las tasas medias de incremento en los tres últimos lustros, lo que señala una tendencia a amortiguar el aumento de emisiones. El Global Carbon Project (GCP) estima que la emisión anual derivada de combustibles fósiles alcanzó en 2025 su récord: 38,1 GtCO2 (Gigatoneladas). Las emisiones anuales derivadas de cambios de uso del suelo han caído ligeramente hasta 4.1 ± 2.6 GtCO2, todavía positiva. El sumatorio de las dos estimas nos sitúa en la Trayectoria Socioeconómica Compartida (SSP) denominada por el IPCC 2-4,5 o "mitad de camino", que no se desvía de los patrones históricos; si continúa, implicaría un incremento de 2,7ºC (rango 2,1-3,5ºC) a finales de siglo.
Las emisiones siguen provocando la acumulación y aumento de la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera. Durante el año 2025 el Global Monitoring Laboratory de la NOAA registró un aumento de 2,12 ppmv (partes por millón en volumen). Es un incremento inferior a las 3,75 ppmv del año 2024, pero ha elevado la concentración atmosférica de CO2 hasta 427,35 ppmv, probablemente la concentración más alta en la atmósfera en los últimos tres millones de años (Marks-Peterson y col 2026). La concentración de CO2 en la atmósfera continuará aumentando cada vez más rápido mientras las emisiones humanas de GEI lo sigan haciendo. Al igual que para el dióxido de carbono, las emisiones de metano (CH4) han disminuido ligeramente (5,58 ppb), pero han aumentado las emisiones de otros GEIs como el óxido nitroso (N2O: 1,24 ppb) y el hexafluoruro de azufre (SF6: 0,47 ppt).
El calentamiento de la Tierra
En paralelo, la Tierra ha registrado las temperaturas medias más elevadas de los últimos dos siglos durante los tres últimos años, primero bajo la influencia de El Niño en 2023 y 2024, antes de la transición al actual evento La Niña, de intensidad moderada. El año 2024 se sitúa primero en el ranking y se considera el más cálido en la historia mientras que 2023 y 2025 se disputan el segundo y tercer puesto. Las diferencias entre ambos años son pequeñas y podemos recurrir a la NASA (GISTEMP) para citar un incremento en 2025 de 1,19 °C respecto al periodo base de 1951-1980 (se acercaría más a la verdadera influencia humana considerando desde el período preindustrial -1880 - que consideran otros organismos). Los eventos La Niña se asocian con el enfriamiento de la temperatura media global. De nuevo, según la NASA, durante 2025 el 9.1% de la superficie terrestre registró una temperatura media anual récord en su zona (10,6% de las áreas terrestres y 8,3% de las oceánicas). Unos 770 millones de personas (8,5 % de la población mundial) experimentaron una temperatura media anual récord en su zona durante 2025, la mayor parte en Asia.
La tendencia de aumento de la temperatura se está prolongando a lo largo de este año 2026. Los datos diarios de Climate Reanalyzer muestran que a comienzos de 2026 la temperatura global era inferior a los tres años anteriores, pero dicha tendencia revirtió y en los primeros días de mayo la temperatura global igualó y superó el máximo histórico. La temperatura de las aguas superficiales del océano también se encuentra en sus máximos históricos, incluyendo el Pacífico ecuatorial.
En el horizonte asoma una posible transición hacia un nuevo evento El Niño, lo que hace sospechar que se producirá un aumento importante de las temperaturas durante la segunda mitad del año. Según la sección de cambio climático del programa Copernicus de la Agencia Espacial Europea (ESA), por tercer año consecutivo todos los días de 2025 han sido 1ºC más cálidos que durante el periodo preindustrial de referencia, con 151 días por encima de 1,5ºC, todavía lejos de los valores extremos de 2024, año en el que tres cuartas partes de los días superaron 1,5ºC.
Para completar la visión del incremento térmico en 2025 es interesante señalar que, según Berkley Earth, la temperatura sigue aumentando (referido al período preindustrial) más sobre la tierra, 2,03 ºC, que sobre el océano, 1,03ºC. La temperatura señala la tendencia general del clima de la Tierra, y nos avisa de los efectos del cambio sobre otras variables climáticas. La primera sería la pluviosidad. Como venimos repitiendo en esta serie de artículos las variaciones de pluviosidad no muestran una tendencia uniforme en toda la tierra y si mucha variabilidad. Durante 2025 hemos sido testigos de algunas de las peores catástrofes naturales de la historia reciente, ya sea por lluvias torrenciales o por sequías que, agravadas por el intenso calor, han conformado el escenario adecuado para la ignición y propagación de fuegos que arrasaron grandes extensiones del planeta (ESA 2025), incluyendo la Península Ibérica (MITECO 2026). Muchos de esos episodios se recogen en los informes de la Organización Meteorológica Mundial (OMM). El informe sobre el Estado del Clima en Europa de Copernicus (ESTOC 2025) indica que alrededor de 15000 personas se han visto afectadas (MUERTAS o DAMNIFICADAS) por inundaciones en el conjunto del continente europeo.
Hielo marino
El hielo marino en 2025 estuvo cerca de sus límites inferiores, de acuerdo a las estadísticas que mantiene el Centro Nacional de Datos sobre Nieve y Hielo de la NOAA y la Universidad de Colorado (https://nsidc.org), una de las instituciones más afectadas por los recortes a la ciencia en EUA. A lo largo de 2025, la extensión del hielo osciló entre 14.0 y 4.6 millones de kilómetros cuadrados en marzo y septiembre, respectivamente. Se trata de superficies enormes, aunque entre un 10 y un 25% muy por debajo de la mediana entre 1981 y 2010 (15.5 y 6.3 millones de kilómetros cuadrados). En la Antártida la superficie de hielo marino también se situó como la tercera menor en su máxima extensión (septiembre) y el cuarto en la mínima (febrero). La tendencia es a la reducción de la extensión y espesor de hielo, así como el porcentaje de hielo plurianual. La navegación estival por el océano ártico cada vez es más fácil, con evidente importancia económica al abaratar y facilitar el rápido transporte entre el Pacífico y el Atlántico. También abre otras oportunidades económicas, como evidencia el creciente interés en regiones hasta ahora olvidadas como Groenlandia.
El nivel del mar continúa aumentando a un ritmo de 3.3 mm por decenio a nivel global, según los datos de altimetría de la agencia francesa AVISO. Pese a parecer una tasa modesta, el aumento acumulado superaría 25 cm desde 1880 de acuerdo a la NOAA. Esta elevación aumenta el riesgo de inundación durante los temporales. El nivel del mar es un indicador que refleja el aumento del volumen que ocupa el océano a consecuencia de la dilatación térmica del agua y al aumento de los aportes desde los continentes, principalmente por la pérdida de volumen glaciar (Groenlandia, Antártida y áreas montañosas). Las tasas de calentamiento son cada vez más rápidas, lo que acelera ambos procesos y hace que el nivel del mar también aumente a un ritmo cada vez mayor. Las estimas más recientes indican que la tasa de aumento del nivel del mar prácticamente se duplica desde 2 mm por año en promedio durante el período 1960–2023, hasta 4 mm por año durante el período 2005–2023 (Zheng y col 2026).
Un breve repaso a la atribución de pérdidas a lo largo de 2025 asociadas a catástrofes naturales como huracanes, tormentas, grandes incendios e inundaciones (Instituto Swiss Re) da una cifra considerable, 92.000 millones de euros. Aún por debajo de 2024, se trata del sexto año en el que se registran pérdidas por encima de 85.000 millones de euros. Curiosamente, las pérdidas más importantes se produjeron a causa de los incendios en California y al impacto del huracán Melissa en las Antillas. Resumiendo, las proyecciones sobre el futuro del clima que el IPCC publicó en 1990 y sus actualizaciones se están cumpliendo con mucha precisión en el caso de la temperatura atmosférica, y con precisión que disminuye cuando se trata de variables menos predecibles: pluviosidad regional, cambios en especies, localización de eventos catastróficos. Pero se puede presumir de un ajuste entre proyecciones realizadas y realidades varias décadas después muy notables. La capacidad predictiva es el estándar por el que se miden y aceptan los conocimientos y teorías científicas, brindando confianza en predicciones a medio y largo plazo que señalan la descarbonización y la reducción de las emisiones como única vía para frenar el calentamiento y evitar una alteración peligrosa del sistema climático. Prestemos atención y respondamos con voluntad y esfuerzo.
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