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"¡Viva Clarín!", un grito contra el terrible olvido

Memoria de Leopoldo Alas en el 125º aniversario del fallecimiento del autor de "La Regenta"

Caricatura de Clarín  realizada por Francisco Sancha en 1899

Caricatura de Clarín realizada por Francisco Sancha en 1899 / LNE

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Manuel Luis F. Rodríguez García

En la presentación de "Lo que queda a la espalda", unas memorias dialogadas de Pedro de Silva con César Iglesias (TREA), "libro subversivo" sobre "lo que hemos sido y somos” (César Iglesias), el primer presidente del Gobierno del Principado elegido por sufragio universal, pero antes poeta, dramaturgo, ensayista, novelista, columnista y abogado, manifestó estar angustiado por la evaporación de la historia, sospecha que esa evaporación será la de la democracia misma, que habremos perdido todas las coordenadas. Para atajarlo, Pedro de Silva tomó la iniciativa. Abundando en su argumentación plantó en el consciente colectivo la obligación de que aportemos lo que esté a nuestro alcance contra la desmemoria, por mínimo que sea; queda atreverse.

Con "Crónica de la Transición en Asturias (1975-1983)" (RIDEA), José Manuel Vaquero, a través de una selección de noticias de su etapa como periodista de información política en LA NUEVA ESPAÑA, aporta una narración histórica relatada en el mismo momento en que se producía. Vaquero, en sus intervenciones, como en la última para La Balesquida, donde hizo la semblanza del matemático Juan Luis Vázquez, trasciende la necesidad de combatir la desmemoria y conocer la historia. "El periodista busca la verdad, pero encuentra la verdad posible, que no siempre es la verdadera, y que solo puede tratar de alcanzar honradamente mediante aproximaciones sucesivas, fruto a veces de arrojar con un riesgo prudente la primera piedra al estanque".

Cada cual tiene su versión de lo conocido o protagonizado en la parte que le atañe. Dándome por aludido como un ciudadano más, hasta donde modestamente llegue, procuraré asistir al palo.

El 13 de junio de 1901, hace ciento veinticinco años, un Oviedo conmocionado no durmió la siesta. En la madrugada había fallecido su ilustre vecino Leopoldo García-Alas y Ureña, Clarín, en su domicilio, minutos antes de las siete de la mañana. Tenía tan solo 49 años y estaba aquejado de una tuberculosis intestinal irrecuperable, en un estado físico muy deteriorado. Según distintos testimonios le acompañaban su hijo Leopoldo; su discípulo, el catedrático Melquiades Álvarez; y su sobrino médico Alfredo Martínez. Cuando pasada una hora, Onofre se levantó y se encontró en el pasillo con Alfredo, a la pregunta diaria de cómo estaba su esposo, no tuvo valor para decirle en ese momento la verdad y le contestó que bastante bien. A continuación, Alfredo se encaminó a realizar los trámites del velatorio y el entierro, e informar a la Corporación municipal y a la prensa.

Las campanas de la iglesia de San Isidoro, su parroquia, acompañaron el traslado del féretro desde su domicilio al claustro de la Universidad donde fue revestido de los atributos que le correspondían, y hasta allí se dirigieron los ovetenses a testimoniar su pesar ante la dolorosa pérdida de su ilustre vecino. Todo Oviedo, todas las instituciones asturianas, la Universidad, los periódicos, se unieron en sus condolencias y sentimiento por el fallecimiento del insigne pensador, escritor, articulista de prensa, crítico y catedrático.

Describe Juan Antonio Cabezas en "Clarín, el provinciano universal"(Espasa-Calpe): "Al atardecer, el féretro, “ligero como el de un niño”, apunta Posada, fue bajado al claustro universitario y velado en capilla ardiente por los amigos y profesores de aquel centro, al que había dado Clarín toda su alma".

Del multitudinario funeral nadie quiso estar ausente. Resulta significativo que los trabajadores de la Fábrica de Armas obtuvieran permiso para salir una hora antes a fin de poder asistir y acompañar a la comitiva hasta el cementerio nuevo de El Salvador, en un día infernal, llamativamente lluvioso y ventoso para esas fechas de junio, que no arredró a la muchedumbre que quiso darle el último adiós.

La Corporación municipal acordó dedicarle una calle, la Universidad la lección inaugural del siguiente curso, el claustro universitario una placa por suscripción en su cátedra, al igual que sus alumnos en el aula.

Ante tal unanimidad en el sentimiento por la irreparable pérdida, después de la animadversión de sectores poderosos de la sociedad ovetense a la que hubo de enfrentarse Leopoldo Alas Clarín, no puedo dejar de recordar la sentencia hecha popular por Alfredo Pérez Rubalcaba: "Los españoles somos gente que enterramos muy bien". Tanto elogio, observado con atención, tenía un pero: ponderaban sus muchas virtudes en el ejercicio de sus expresadas diversas actividades, pero soslayaban cualquier referencia a la obra que había merecido especial reconocimiento por las más prestigiosas universidades al tiempo que levantaba resquemores en quienes se veían reflejados o se daban por aludidos: "La Regenta".

Tal olvido nada involuntario apuntaba a la "damnatio memoriae" como bien describe Ricardo Labra en su imprescindible libro "El caso Alas Clarín. La memoria y el canon literario" (Luna de Abajo). La condena al ostracismo no tardó en prosperar. Relata Labra: "La larga noche que veló la obra de Leopoldo Alas Clarín, comenzó a desencadenarse en Oviedo a los pocos días de su entierro. Los fervores suscitados tras su muerte se fueron rápidamente apagando. Se había decretado su olvido en la ciudad; y aunque nadie sabía con certeza quién firmaba semejante edicto, todos podían aseverar que estaba dictado por la beligerante casta dominante de Vetusta, que al fin podía imponer a su albedrío, ya sin apenas oposición, sus criterios. La provinciana ciudad parecía satisfecha de volver a replegarse sobre sí misma, otra vez a sus anchas sobre las piedras ancestrales, sin nadie que perturbase sus sueños místicos y heroicos". Posteriormente a esas líneas, en un prólogo al que me referiré más adelante, detecta en el mitrado de la época al "solapado responsable del subrepticio edicto que decretó la damnatio memoriae sobre el legado intelectual de Leopoldo Alas Clarín".

Con motivo del III Centenario de la Universidad de Oviedo, apenas siete años después del fallecimiento del tan ponderado Leopoldo Alas Clarín en el duelo inmediato, siendo rector Fermín Canella, el 21 de septiembre de 1908 se celebró en el patio del edificio histórico el solemne acto central conmemorativo de su fundación por el inquisidor general Fernando de Valdés Salas, cuya escultura se inauguró en dicho acto. Gracias al prestigio bien ganado por la Universidad de Oviedo, la asistencia fue numerosa, con alta participación ciudadana e institucional, contando con las locales y asturianas y relevantes delegaciones de países europeos y americanos. Ninguno de los que tomaron la palabra, empezando por el rector y siguiendo por los demás intervinientes que no regatearon elogios y agradecimientos a cuantos consideraron conveniente, encontraron lugar ni merecimientos para reconocer a Leopoldo Alas, figura indiscutible del Grupo de Oviedo y entusiasta impulsor de la Extensión Universitaria junto con los demás destacados catedráticos a quien la Universidad debía el prestigio que la acreditaba.

Olvido intencionado y vergonzante de una inteligencia genuflexa ante los influyentes poderes locales. Pero no todos los presentes pudieron soportar tan indigno comportamiento. De entre los presentes surgió como grito de dignidad un "¡Viva Clarín!" iniciado por cuatro jóvenes y seguido con espontáneo entusiasmo rebelde por la nutrida participación ciudadana ante la enmudecida representación institucional.

Aún hubo de soportar la ejemplar familia de Leopoldo Alas Clarín y de su hijo, el rector Leopoldo García-Alas García-Argüelles, fusilado por los sublevados el 20 de febrero de 1937, hostilidad, rencor y vejaciones. El monumento a Clarín en el Campo San Francisco, que un grupo de ovetenses habían conseguido erigir en 1931, con un busto encargado al escultor Víctor Hevia y realizado por Manuel Álvarez Laviada, fue dinamitado, tras la ejecución del rector, por un grupo de fanáticos derechistas ultracatólicos de la rancia oligarquía ovetense, no sin antes haber destruido el busto que habían ultrajado colocándole unas orejas de burro. El nuevo busto, realizado por Víctor Hevia en 1955, no fue repuesto hasta 1968. En 2002, la sepultura de Leopoldo Alas en el cementerio de El Salvador fue objeto de destrozos y pintadas. Cristina Alas, nieta de Clarín e hija del rector Alas reveló en sus memorias a LA NUEVA ESPAÑA, en 2008, la siguiente advertencia paterna: "Hija, el apellido Alas cuesta llevarlo; estate preparada", me dijo mi padre en 1936". Quienes tuvimos el honor de ser alumnos de la extraordinaria catedrática y profesora Cristina Alas en el Instituto Alfonso II la recordamos con inmenso cariño; fue un aire fresco en la forma de impartir docencia.

No fue hasta los años ochenta del pasado siglo, a impulso de estudiosos de la obra de Clarín, desde su universidad y desde otras de fuera, y del compromiso de sus descendientes, que se marcara un inicio de la recuperación de su figura.

Para la Caja de Ahorros de Asturias 1984 fue "el año de La Regenta". Con las ideas y gestiones de Juan Cueto, director de Los Cuadernos del Norte y la colaboración eficaz y programación complementaria a propuesta de Evaristo Arce, la Caja tomó la iniciativa y desarrolló numerosos actos dedicados a la obra y a su autor, que merecen ser recordados en espacio propio. Singularmente y como anticipo, adelanto y recuerdo la edición en facsímil de los dos tomos de La Regenta en una tirada inicial de diez mil ejemplares distribuidos gratuitamente que se agotaron en escaso tiempo, por lo que fue necesario realizar una segunda tirada de otros cinco mil. El número 23 (enero-febrero de 1984) de Los Cuadernos del Norte está dedicado a La Regenta; con anterioridad, el número 7 (mayo-junio de 1981) es un monográfico titulado “Leopoldo Alas Clarin”.

Es amplia la bibliografía consultable sobre la vida y obra de Leopoldo Alas Clarín; cualificados estudiosos fueron ahondando en el conocimiento tras investigaciones recogidas por Juan Antonio Cabezas, José María Martínez Cachero, Jean-François Botrel, Yvan Lissorgues, Juan Cueto, Juan de Lillo, Leopoldo Tolivar, Ricardo Labra, … así como las necrológicas publicadas en la prensa.

En el prólogo de “Leopoldo Alas Clarin, La Regenta y el obispo”, de Yvan Lissorgues y Jean-François Botrel (Luna de Abajo, septiembre 2023) Ricardo Labra nos recuerda que la damnatio memoriae sigue todavía vigente.

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