Sobrevivir a la "sartén" de Asturias, que superó los 40 grados: baños en el Narcea, piscinas de plástico en la escuelina, peregrinos que se retiran antes...
"Hemos librado bien", celebran en la escuela infantil, a la que el Ayuntamiento de Salas dotó de aire acondicionado ante el aviso de altas temperaturas
Ana Menéndez, de Casino, apaga la freidora y reduce el horario de horno en Cornellana: "Se lleva mal, muy mal, pero hay que tirar"

Mariola Riera

Piscinas de plástico que se sacan habitualmente del armario en julio instaladas ya en la recta final de junio en el patio de la escuelina infantil. Las orillas del Narcea salpicadas, además de pescadores al salmón, de bañistas. Obradores a medio gas y ventiladores a todo trapo. Y peregrinos que madrugan más de lo habitual y se retiran antes del camino por eso de que el sol aprieta bastante después del mediodía.
Es la estampa de Salas, donde estos días todo ha sido poco para prevenir las altas temperaturas que azotan el concejo y, en general, toda Asturias. Sin ir más lejos el martes fue algo así como la "sartén" de Asturias, es decir, el territorio donde el mercurio se disparó a lo más alto en la región, 40,2 grados. Este miércoles los rozó. Pero los salenses y los que por allí se dejan caer ya saben bien qué hacer para sortear la ola de calor que parece ya empieza a remitir en el Principado.
El refrán de más vale prevenir que lamentar lo aplicaron al dedillo en la escuelina infantil de Salas. El centro municipal no cerró, pese a que otros muchos por toda región, los dependientes del Principado, sí pudieron hacerlo amparados por la orden que les instaba a reducir horario o suspender actividad. La directora en Salas, Lucía Suárez, optó por llamar al alcalde, Sergio Hidalgo, para informarle del aviso de altas temperaturas y ver qué hacer. Estudiada la situación, optaron por seguir abiertos –para alegría de todas las familias, con necesidades de conciliar trabajo e hijos– con unos cuantos ventiladores y un aparato de aire acondicionado que les envió el ayuntamiento.

Los niños, en las pisicinas de la escuelina de Salas, con su educadora Maribel Díaz. / Mariola Riera
Chapoteo en las piscinas
«No queríamos cerrar sin más y creemos que hemos librado bien», explicó la directora a LA NUEVA ESPAÑA este miércoles poco antes del mediodía, mientras los niños de 3 años disfrutaban chapoteando en las piscinas. «Ya las teníamos de otros años, pero las solemos sacar en julio, aunque ahora nos hemos adelantado. A las 9 de la mañana ya estaban puestas». Los más pequeños de la escuelina también tuvieron dónde chapotear, todos ellos bien vigilados por sus cuidadoras y con la directora sin quitar el ojo al termómetro. «A 36 grados subió ayer. Las cortinas oscuras, corridas, también ayudan mucho a contener el calor», explica.
Así las cosas, cuando el Alcalde giró una visita a la escuelina para pasar revista a eso del mediodía, a la pregunta de si tenían calor los pequeños le dijeron convencidos que no ante las risas de Sergio Hidalgo y de sus cuidadoras. Mucha agua para hidratar y poca ropa –los pañales inevitables y, como mucho, una ligera camiseta de algodón– es lo básico para afrontar las jornadas calurosas en la escuelina, que abre de ocho menos cuarto de la mañana a cuatro de la tarde y tiene más de 40 niños matriculados de hasta 3 años repartidos en tres unidades.

Sergio Hidalgo, en la escuelina. / Mariola Riera
Menos entusiasmo que los pequeños con el calor muestra Ana Menéndez, la dueña de Confitería Casino, cuyo obrador en Cornellana ha bajado el ritmo. «No queda otra, es imposible. Aquí el calor se lleva mal, muy mal», explica. En la confitería tienen aire acondicionado, pero han reforzado con dos ventiladores la zona de atención al público. «Pero en el obrador es otra cosa. Se lleva como se puede... Ahí lo ideal son 22 o 23 grados, pero estos días se disparan mucho. Lo que procuramos es reducir el horario de funcionamiento del horno, suele estar de 4 de la mañana a 6 de la tarde y ahora apagamos antes. Y la freidora pues no la encendemos», describe la empresaria.
Golpe de calor
Ana Menéndez lleva desde los años 70 amasando casadiellas y otras delicias en Cornellana. «No recuerdo tanto calor como ahora, y además ya en junio. A la encargada le dio un golpe de calor el otro día», apunta la empresaria. «La cuestión es llevarlo, qué se va a hacer... Tomar mucha agua y seguir. Poco más».

Ana Menéndez, con los ventiladores instalados en su confitería Casino, en Cornellana. / Mariola Riera
También hay alternativas y para evitar esos temidos golpes de calor lo mejor es estar entrenado. Lo dice el peregrino gerundés Josep Sola, quien estos días hace el Camino Primitivo con su compañero Jordi Masats. Éste lo lleva algo peor, confiesa, pero a Sola el sol que aprieta estos días en Asturias no le afecta para nada. «Yo hago montaña y suelo entrenar con temperaturas extremas por la costa de Blanes; una vez que el cuerpo se adapta es bueno», aseguró el gerundés.
La ola de calor del martes les pilló en el tramo Oviedo-Grado y este miércoles recalaron en el monasterio de Cornellana para dormir. «Madrugamos bastante para evitar las horas de más sol y retiramos antes. Mi compañero lo lleva mal», describió mientras esperaba a éste a la puerta de un comercio, dispuestos a tomarse tranquilamente el aperitivo antes de almorzar.

Josep Sola y Jordi Masats, en su alto en el Camino, en Cornellana. / Mariola Riera
El montañero catalán aconseja hacer el camino con lo justo, poco equipaje: «Y comer ligero. Yo como lo que me encuentro, manzanas, ciruelas... Poco, pero durante todo el día». Y también es importante la paciencia, más en días con los termómetros disparados: «Vamos sin fecha fija para llegar a Santiago, parando donde toque. Sería mejor el fresco para caminar, va uno más relajado, pero así no nos mojamos».
A unos cuantos metros del monasterio de San Salvador, en la orilla del Narcea junto al área de La Rodriga, recalaron Cristian Cepas y Diana Orozco, matrimonio colombiano afincado en Avilés, con sus tres niños: Jacobo, Ania y Lucas. «Estamos muy a gusto y tranquilos aquí. Es que en la playa de Salinas, la que tenemos cerca, hay mucha gente, es un poco agobio», explicó el progenitor a LA NUEVA ESPAÑA mientras estaba a remojo con su mujer y sus hijos. «El agua está fresca, sí, pero menos de lo que parece».

Cristian Cepas, con su hijo Lucas; al fondo, Diana Orozco y sus hijos Jacobo y Ania, bañándose en el Narcea. / Mariola Riera
Sin barbarcoa
La familia llegó a La Rodriga dispuesta a hacer una barbacoa, idea que abandonaron tras informarse de que la situación, con un índice de incendios elevado y en plena alerta por ola de calor, lo prohíbe. «Es normal que no se pueda hacer. Nos conformamos con el agua del Narcea y la sombra», señalaron. El matrimonio lleva siete años en Asturias y perciben que cada año hace algo más de calor. «Estos días los niños se desesperan en casa. Tenemos ventiladores, pero llega un momento en que no sirven. En Avilés es todo el día de casa al parque, así que sitios como éste están muy bien para nosotros».
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