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El hijo pequeño de Emilio Aragón es churrero: de estudiar ADE en Estados Unidos a montar una cadena de chocolaterías en Madrid

El empresario e influencers, con cinco locales ya en la capital, aspira recuperar el sitio que se merece este dulce tan español en las mesas de desayuno de todo el país

Churros de Manosanta y en el círculo, el empresario Nacho Aragón

Churros de Manosanta y en el círculo, el empresario Nacho Aragón / @churreriamanosanta

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El hijo pequeño de Emilio Aragón es churrero. Pero no cualquier churrero, uno gourmet. Tras estudiar Administración de Empresas en Estados Unidos y montar una empresa de restauración, Nacho Aragón triunfa con una cadena de churrerías y chocolaterías en Madrid. Se llama Manosanta y ya dispone de cinco locales en la capital. Y su expansión continuará.

Manosanta es una especie de Manolo Bakes, pero especializada en churros y porras, en vez de en cruasanes. Nacho Aragón no tenía ni idea de churros. Se metió de lleno en este mundo porque, dice, otras modas le estaban quitando su sitio en las mesas de desayuno de toda España. Buscó un churrero profesional y encontró a Edgar Pereira, el maestro que ahora es socio de Manosanta. El tecer socio es su cuñado, Javier Gimeno. El primer local abrió sus puertas en 2021 en el barrio de Salamanca.

Además de empresario, Nacho Aragón es influencer, al igual que su mujer, Bega Gimeno. El matrimonio fue padre recientemente de un niño con nombre muy asturiano: Pelayo. Y es que Nacho Aragón es nieto del reconocido otorrino ovetense Manuel Fernández-Vega, que falleció en 2023 a los 90 años de edad. Manuel era el hermano menor de Luis y Álvaro Fernández-Vega, fundadores del famoso instituto oftalmológico ovetense.

El discurso que pronunció el padrino del niño, Hugo Rodríguez de Prada, ya fue el pasado mes de marzo en clave asturiana. "Querido Pelayo, hoy has recibido un nombre que pesa como la piedra de los Picos de Europa y brilla como el mar de nuestro querido Cantábrico. Te llamas Pelayo como el primer rey asturiano que en un rincón de Covadonga decidió que ninguna derrota era definitiva mientras siguiera viva la esperanza...". Sus palabras emocionaron entonces a mucha gente.

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